La batalla de Corregidor

        Después de la Guerra de 1898 y la ocupación norteamericana del archipiélago de las islas Filipinas, los diferentes mandos estadounidenses procedieron a realizar una campaña de construcción de fortificaciones y cuarteles, en especial en la isla de Luzón y en la entrada a la Bahía de Manila. De ellas, una pequeña isla que se encontraba cercana a dicha posición se convertiría en el principal bastión americano en Filipinas, hasta considerarlo inexpugnable. En 1941, los japoneses desafiarían esa afirmación y someterían al cuartel general de Mac Arthur a un largo asedio y su posterior asalto.

            NOTA: Queda prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos incluidos en el siguiente artículo, tanto en su aspecto escrito como de las imágenes contenidas en él, sin el consentimiento expreso de la administración del presente espacio web. Algunas de las fotografías incluidas han sido realizadas por Lucía Wagner Fotografía, y se exponen con el permiso de su autora.

        LAS ISLAS FILIPINAS Y LA FORTALEZA DE CORREGIDOR

        Ya desde principios de siglo XX se había comenzado la fortificación de la isla de Corregidor como punto fundamental de defensa y mando en las islas Filipinas, terminándose las construcciones exteriores en 1914. Aprovechando la parte montañosa de la pequeña isla, en especial la montaña de Malinta, posteriormente se comenzó a construir un enorme túnel subterráneo donde podrían establecerse cuarteles, almacenes y todo lo necesario para sostener un largo asedio. Ramificándose de un túnel principal que medía 8 metros de ancho y 280 de profundidad, hasta 25 galerías de 30 metros completaban el enorme complejo subterráneo, pudiendo refugiar a la guarnición de la isla.

        Por su parte, las defensas de Corregidor incluían 56 cañones, distribuidos en 23 baterías, con calibres oscilantes de pequeñas piezas a los enormes tubos de 12 pulgadas, distribuidos por toda la extensión de la isla, que abarca 5 kilómetros de largo y 2 de ancho. Se incluían campos de minas, trincheras surtidas de "cocktails molotov", nidos de ametralladoras y posiciones antiaéreas contando con una guarnición que llegó a varios miles de hombres conforme se evacuaban el resto de las Filipinas, bajo el mando del General Wainwright. La confianza norteamericana en las impresionantes defensas de Corregidor era tal, que era conocida popularmente como el "Gibraltar del Este".

        Todo el complejo de defensas lo completaban algunas de las pequeñas islas de alrededor, como eran el islote del Fraile, que contaba con dos piezas de 14 pulgadas, así como Caballo y Carabao, cerrando así el conjunto la entrada a la Bahía de Manila.

        LA INVASIÓN JAPONESA DE LAS FILIPINAS

        El 7 de diciembre de 1941 pasó a la historia como el "Día de la Infamia" por parte norteamericana, refiriéndose así al ataque por sorpresa efectuado por los japoneses sobre la base naval americana de Pearl Harbour, en las islas Hawai. Dado que desde los planes norteamericanos sobre un hipotético ataque nipón estaban enfocados a un asalto a Filipinas, y no a Hawai, las tropas estadounidenses de Mac Arthur estaban ya en estado de alerta, y tan pronto como se recibieron las noticias de Pearl, los aviones de la Marina y del Cuerpo Aéreo del Ejército comenzaron a realizar CAP (Combat Air Patrol, patrullas aéreas de defensa) sobre las islas, a fin de interceptar posibles ataques enemigos. Mientras los cazas patrullaban, los bombarderos de largo alcance B-17 también despegaban de las bases para no ser cogidos en tierra, a la espera de localizar objetivos. Sin embargo, al no haber localizado enemigos el reconocimiento aéreo de las islas, los grandes y pesados bombarderos norteamericanos quedaron dando vuelt

        En ese sentido, el 19º Grupo de Bombardeo había recibido la orden de desplazarse a Mindanao, pero para el 8 de diciembre sólo 16 de los 35 B-17 habían cumplido esa orden, los de los escuadrones 14º y 93º. El resto de bombarderos, todavía en Clark Field, despegó de los aeródromos para evitar ser cogidos en tierra, evolucionando en círculos sobre el monte Arayat, hasta que los mandos de las Filipinas decidieron utilizar los enormes bombarderos para realizar operaciones ofensivas sobre Formosa. Así, uno tras otro los aviones aterrizaron para repostar y para cargar bombas. Eran las 10:30.

     

        Dos horas después, los pilotos estaban recibiendo sus instrucciones en la sala de reuniones, con los aviones ya repostados y listos sobre las pistas, cuando hicieron su aparición las aeronaves enemigas. Al igual que los B-17, los cazas P-40 del 20º Escuadrón habían aterrizado para repostar, por lo que los japoneses pillaron a todo el grupo aéreo de las islas en tierra, picando sobre ellos a placer, mientras sonaban las sirenas de ataque aéreo y el personal de tierra trataba de correr a los refugios.

        Solamente cuatro cazas P-40 lograron despegar a tiempo de enfrentarse al enemigo, pero eran pocos para rechazar el ataque de más de 50 aviones, agrupados en dos formaciones en "V", que pronto desencadenaron un infierno sobre las pistas. Más aún, al no tener prácticamente adversarios en el aire, los cazas Zero japoneses ametrallaron a los aviones sobre el asfalto, destruyendo otros 10 cazas P-40 y la totalidad de los B-17. Clark Field había dejado de ser válido como punto operativo para la estrategia norteamericana, y las fuerzas aéreas allí desplegadas ya no existían.

        El 10 de diciembre se localizaba el convoy de invasión japonés, y un grupo de bombarderos lanzaba bombas de 45 kilos contra los transportes nipones, pero sin apenas resultados. La falta de experiencia en combate de los pilotos americanos quedaba patente, y tras una serie de misiones infructuosas, a excepción de la del Teniente Kelly (que dio luz a uno de los primeros héroes de guerra del conflicto), el 17 de diciembre los aviones norteamericanos ponían rumbo a Australia, al haber perdido todas las pistas de aterrizaje en las Filipinas. Corregidor era abandonado a su suerte sin apoyo aéreo.

        Esta circunstancia favoreció rápidamente las actuaciones japonesas, ya que, al gozar de la superioridad aérea, ahora absoluta sobre los norteamericanos, podían bombardear impunemente toda la isla a placer, tanto mediante ataques aéreos propiamente dichos, como con la artillería pesada, que ahora no tenía amenaza alguna.

        CORREGIDOR: SE ORGANIZA LA DEFENSA

        A medida que las tropas norteamericanas se iban replegando por la isla de Luzón, Mac Arthur tomó la determinación de trasladarse a la fortaleza de Corregidor, y desde allí resistir el tiempo que fuera necesario, hasta que desde los Estados Unidos se organizara un contraataque. El 29 de diciembre, sin oposición en el aire, los japoneses iniciaban ataques con bombarderos Val y Kate, mientras que los cazas Zero, al no tener adversarios, redirigían sus cañones y ametralladoras contra objetivos en tierra. Poco después, una vez tomada la costa de Luzón, los japoneses emplazarían sus baterías para bombardear las posiciones norteamericanas.

        El 6 de febrero, los japoneses abrían fuego con sus enormes piezas de artillería pesada "Kondo", sometiendo desde entonces a un bombardeo progresivo a los defensores de Mac Arthur. No obstante, esa circunstancia no quebrantó la moral del general norteamericano, que continuaba teniendo fe en una reacción por parte de la US Navy para apoyar al archipiélago. Era, sin embargo, una falsa esperanza basada en el desconocimiento de cuestiones navales, ya que la Flota del Pacífico había perdido la mayor parte de su capacidad ofensiva en el ataque a Pearl Habour, al ser hundidos los acorazados, y el almirante Nimitz tuvo que cambiar la doctrina y las tácticas para convertir al portaaviones en el elemento principal. Peor aún, en enero el USS "Saratoga" fue torpedeado frente a la costa, debiendo retirarse a San Diego, mermando aún más la capacidad de reacción de la flota norteamericana.

        Tras un primer bombardeo del islote del Fraile, el general Toshinori derivó sus cañones de 105 y 150 milímetros contra el resto de defensas norteamericanas, con un ataque masivo de artillería el 20 de febrero. Pronto a la rutina de las explosiones se unió la llegada de las malas noticias, al recibir Mac Arthur la orden de escapar de Corregidor, puesto que no habría operación de rescate para la guarnición. El propio Presidente Roosevelt tuvo que dar la orden para que el temperamental general americano la acatara, cosa que hizo el 11 de marzo, escapando en una lancha torpedera para demostrar así que la navegación a las Filipinas aún era posible para una flota de rescate. Al dejar al general Wainwright al mando de las defensas, le ordenó resistir hasta que regresara con refuerzos, y pronunció su más famosa palabra, y una de las más famosas de la Segunda Guerra Mundial: "Volveré."

  

        El 9 de abril, el General Homma concluyó la planificación para el asalto definitivo. La idea era la de cruzar la bahía para asaltar en pequeñas embarcaciones las defensas norteamericanas, siendo asignada la cabeza de la ofensiva al 61º Regimiento de Infantería Imperial. Sin embargo, antes de lanzar a los hombres a la carga, se realizó un ensayo el 14 de abril, cuyo resultado fue un éxito, y se decidió que el ataque se realizaría el 5 de mayo, cuando se juntaran suficientes botes.

        EL ATAQUE DEFINITIVO

        Durante el tiempo que se reunían los botes necesarios para el asalto, la artillería japonesa realizó bombardeos masivos contra la isla, destruyendo la mayor parte de edificios y causando gran cantidad de bajas, que se fueron amontonando en las saturadas instalaciones médicas de Malinta, que pronto cubrieron la mayoría de los túneles, desbordando al personal, que tuvo que tratarles en las totalmente inadecuadas condiciones higiénicas y sanitarias.

        Tras un último y masivo bombardeo japonés el 4 de mayo, en el que se lanzaron hasta 16.000 proyectiles sólo en ese día, los soldados nipones se aprestaron a subir a los botes y pusieron rumbo a la orilla Norte de Corregidor, donde iniciaron el desembarco a las 21 horas del día 5. Sólo tres cañones de 155 milímetros estaban en condiciones de responder al ataque.

        Eran las 23:10 cuando el primer batallón del 61º regimiento de infantería japonés tomaba tierra en la isla, avanzando hacia el interior desde la costa Norte. Cuatro horas después, tras haber embarcado en los botes que transportaron a sus hermanos regimentales, el segundo batallón tomaba posiciones y seguía el avance de sus camaradas. Los norteamericanos, por su parte, trataban de aprovechar el terreno para detener la acometida nipona, pero sin éxito, y Wainwright podía ver cómo sus exiguas y agotadas tropas no eran capaces de ralentizar el ataque. Su único consuelo era la cantidad de bajas que sus hombres habían inflingido al enemigo en el desembarco, y que rondaron unas 1200.

        El amanecer del día 6 trajo un nuevo drama para los defensores norteamericanos, ya que los japoneses lograron desembarcar tres tanques, que se unieron a una ofensiva que ya dominaba la mitad de la isla. Un contraataque limitado planeado por Wainwright logró estabilizar el frente, pudiendo observarse desde la propia montaña de Malinta, pero la llegada de los medios acorazados japoneses, aunque escasos, resultaron decisivos para romper la moral norteanericana, a la que se sumaban las enormes bajas sufridas, que incluían 800 muertos y 1000 heridos.

        Contemplando la destrucción a su alrededor, y horrorizado por las inhumnas condiciones en que se mantenían sus hombres y en especial sus heridos en el túnel del complejo de Malinta, el General Wainwright ordenó a las 10:30 del 6 de mayo emitir un comunicado a Mac Arthur, al Presidente Roosevelt y a los mandos japoneses, comunicando su decisión de rendir la fortaleza de Corregidor, lo que despertó las iras del primero de ellos, quien no perdonó a Wainwright la pérdida de Corregidor hasta el fin de la guerra, en la que firmó la rendición japonesa en el USS Missouri con la misma pluma con la que el general norteamericano rubricó la pérdida de la última fortaleza norteamericana en el archipiélago filipino.

        Antes de finalizar el artículo se quiere aprovechar para agradecer a Lucía Wagner Fotografía la realización de varias de las imágenes usadas para ilustrar el presente trabajo, recomendando encarecidamente visitar su perfil de Facebook para comprobar su impresionante trabajo.