Las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos de América

        Con la llegada de la Guerra Fría y el período de amenaza de guerra nuclear, las Fuerzas Aéreas Norteamericanas adquirieron una importancia capital en el panorama de la defensa del territorio de la OTAN, colocándolas en una posición de privilegio y de poder dentro del organigrama militar.

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        UN POCO DE HISTORIA: LOS ORÍGENES DE LA USAF

        Cuando originalmente se planteó en los Estados Unidos de América la idea de emplear aeronaves para el uso militar, sólo existían en la nación (como en el resto del mundo, por otra parte) el ejército de tierra (US Army) y la Marina (US Navy), por lo que cada una de estas entidades desarrollaron su propio programa aéreo. En el aspecto naval, ya desde que los hermanos Wright volaran se soñó con la posibilidad de utilizar aeronaves embarcadas, experimentándose con hidroaviones, globos aerostáticos y hasta con dirigibles, hasta que finalmente la aviación embarcada se convirtió en una realidad, desarrollándose con especial intensidad en el período de entreguerras y logrando su plenitud durante la Segunda Guerra Mundial.

        Sin embargo, el verdadero embrión del poderío aéreo norteamericano vendría del US Army. Ya desde la Guerra de Secesión y durante la Guerra de Cuba se usaron globos aerostáticos para corregir el tiro de la artillería, creándose un Cuerpo de Observación (en la Batalla de las Colinas de San Juan, en Cuba, el globo de observación resultó decisivo, aunque también fue derribado por la artillería española) dentro del ejército.

        Durante la Primera Guerra Mundial, cuando los Estados Unidos enviaron a Europa su Cuerpo Expedicionario, entre las unidades desplegadas se encontraban diversos biplanos, que serían utilizados en labores de reconocimiento y observación, así como de caza y realizando sus primeras labores de apoyo a tierra, mediante el arrojo de los tripulantes de granadas de mano y bombas diversas, hasta que fueron diseñados los primeros elementos de lanzamiento de ingenios explosivos más sofisticados, las primeras bombas aéreas.

        Sería durante ese período cuando se establecería el primer nombre en la nomenclatura de las aeronaves militares norteamericanas, el llamado Cuerpo Aéreo del Ejército de los Estados Unidos (US Army Air Corps), dependiente del ejército de tierra, y estando encuadrado en el mismo. Dicha nomenclatura se mantuvo hasta la primera mitad de la Segunda Guerra Mundial, en la que pasó a denominarse Fuerza Aérea del Ejército de los Estados Unidos (USAAF o United States Army Air Force) en el año 1941, siendo desplegada al estallar el conflicto en los distintos teatros de operaciones según su nueva estructura.

        La USAAF se mantendría con su nueva denominación a lo largo de toda la II Guerra Mundial, hasta que dos años después de la finalización de la misma, en 1947, pasaba a ser la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF), nombre que conserva en la actualidad. Sería en esos años cuando comenzaría a utilizarse el tradicional uniforme de color azul oscuro que todavía visten en nuestros días, primero en las guerreras y posteriormente en el resto de prendas de uniformidad.

        La supuesta paz que debería haber inundado el mundo tras vencer a las fuerzas del III Reich no duró más que un breve período de tiempo, e inmediatamente el desarrollo armamentístico y las ideologías políticas encontradas entre las potencias Occidentales y el bloque Soviético tuvieron como consecuencia un período de tensión que pasó a denominarse la Guerra Fría, en el cuál el desarrollo del armamento nuclear fue un factor determinante.

        Sería durante este período de tiempo cuando las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos adquirirían una enorme importancia, debido a que el control de los enormes misiles estratégicos intercontinentales (ICBM) pasaron a depender del Comando Aéreo Estratégico. Organismos como el NORAD (North American Aerospace Defense Command), fundado en 1958, o el SAC (Strategic Air Command) fueron desarrollados para controlar las operaciones relativas al uso del armamento nuclear en el supuesto de una Tercera Guerra Mundial. Se establecieron además los conocidos niveles de alerta, los DEFCON, cuyo nivel de emergencia llevaba del 5 (situación normal) al 1 (guerra nuclear).

     

        En lo que a estos nuevos organismos de Defensa Estratégica se refiere, el Norad fue emplazado en el Complejo Montaña Cheyenne (Cheyenne Mountain Complex), una instalación situada en Colorado, dentro de una montaña, a la que se accede por un túnel que sólo tiene dos accesos (entrada y salida, aunque ambos realizan ambas funciones), que permiten llegar a la puerta acorazada que da acceso al complejos subterráneo como tal, y que automáticamente se convirtió en objetivo nuclear soviético en caso de guerra, que designaron varias cabezas nucleares específicamente para destruir el Norad en caso de guerra, volando la propia montaña. Todo el complejo estaba preparado para sobrevivir en caso de guerra, salvo en el caso de un impacto directo, contando con sistemas de abastecimiento de agua, sistemas de filtrado de aire, protecciones de hormigón contra la radiación, suministros, etc.

        En el caso del Strategic Air Command (SAC), se trataba de una serie de aviones que se turnaban en el servicio, de tal modo que siempre hubiera uno en el aire sobre el territorio nacional de los Estados Unidos, con un oficial del rango de General de las Fuerzas Aéreas a bordo, a fin de que el mando y control de los misiles nucleares de la USAF y sus bombarderos estratégicos no pudiera ser fijado como objetivo en caso de ataque soviético, y de ese modo se pudiera coordinar la contraofensiva. Este sistema, en concreto, sigue vigente hoy en día, mientras que el Norad ha sido relegado a otras funciones, cerrándose parte del Complejo Montaña Cheyenne. Además, otro elemento clave de la planificación nuclear norteamericana es la Base Aérea de Andrews, donde existe un refugio nuclear para el Presidente, uno de los muchos existentes, incluyendo el Air Force One.

        Antes de abandonar el campo de las Fuerzas Estratégicas de la USAF, conviene destacar la importancia de estas armas. Con los experimentos del "Proyecto Manhattan", es decir, el desarrollo de la primera bomba atómica, y su posterior detonación sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, quedó demostrada la enorme importancia de estas armas. Tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, los nuevos bloques, tanto el Occidental como el Soviético, desarrollaron rápidamente sus propios programas nucleares, destacando en el norteamericano las pruebas que inició el gobierno estadounidense en 1946 en el Atolón de Bikini, lanzándose varias bombas atómicas (Able, Baker y Bravo) sobre una flota concentrada en el mismo, a fin de comprobar los resultados de estas armas sobre buques en una zona de conflicto. El resultado fue el esperado, aunque los buques mayores, como el portaaviones USS "Saratoga" sobrevivieron a varios impactos nucleares.

        A raíz del desarrollo de estos programas nucleares, surgieron nombres como los ABM (misiles antibalísticos, diseñados para intentar interceptar el ataque nuclear destruyendo el misil en vuelo), los ICBM (misiles intercontinentales, que con el paso del tiempo variarían sus rutas, entre las cuáles incluso se plantearía la posibilidad de que parte de su recorrido hasta el objetivo pasara por la órbita terrestre) y otros de diversa denominación, como los usados por la US Navy, pero que no son objeto del presente estudio.

        De entre los misiles más conocidos del programa nuclear norteamericano, quizás el más famoso y el mejor icono de sus misiles intercontinentales sea el programa "Titan". Estos misiles, de varias decenas de metros de altura, se encuentran protegidos en silos, con compuertas y revestimientos de hormigón, y una cabina de lanzamiento, subterránea, y colocada a unos 10 ó 15 metros bajo tierra, también con revestimiento de hormigón y puerta acorazada, desde la que el personal de la USAF efectúa el lanzamiento en caso de recibir las órdenes y confirmar los códigos. Cada uno de estos misiles tiene capacidad para transportar varias cabezas nucleares, que se separarán del cuerpo principal cuando se acerque el momento, de tal modo que con un mismo misil, se pueden destruir múltiples objetivos.

        Finalmente, y para concluir, es necesario destacar que la potencia de las armas nucleares ha aumentado mucho desde los tiempos de Hiroshima y Nagasaki, si bien las historias y rumores sobre la posibilidad de destruir varias veces el planeta Tierra son absurdamente exagerados. En tiempos de la Guerra Fría, antes de la distensión, la planificación estratégica norteamericana preveía alrededor de 600 millones de muertos en caso de guerra nuclear. El mayor problema en la planificación no era la guerra en sí, sino el llamado "Día Después", ya que, al desaparecer completamente las infraestructuras de las principales naciones, serían mucho mayores las bajas posteriores que las del conflicto en si...