La Batalla de Alam Halfa

        A finales del verano de 1942 los espectaculares avances de Rommel y del Afrika Korps se habían visto por fin detenidos por las tropas británicas a las puertas mismas del Canal de Suez, en Egipto. La campaña de El Alamein supondría el cambio de iniciativa en el teatro de operaciones del Norte de África, y el cambio del mando del General Auchinleck por Bernard Montgomery sería el inicio de la fama de este oficial británico, que alcanzaría el grado de Mariscal de Campo y que se convertiría en el General más famoso al servicio de Su Majestad durante la II Guerra Mundial.

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        LA SITUACIÓN ESTRATÉGICA

        El conjunto de acciones y batallas del teatro de operaciones en el Norte de África constituye uno de los elementos más épicos de la Segunda Guerra Mundial. Un territorio infinito, culturas misteriosas, temperaturas extremas y, sobre todo, el desierto. Siempre el desierto. Aquí, en medio de esta vasta e inhóspita región, se decidió una parte crucial de la guerra, no siempre valorada adecuadamente, pues de haber logrado Rommel conseguir sus objetivos, las vías de comunicaciones entre Inglaterra y los territorios que la abastecían de materias primas y tropas, en especial la India, se habría visto interrumpido, con catastróficas consecuencias para los aliados.

         Más aún, si la cantidad de fuerzas desplegadas por el Eje en el Norte de África hubiera podido ser empleado en otros teatros de operaciones, sobre todo en el Frente Oriental, es probable que alguna de las más decisivas acciones, como Stalingrado, hubieran acabado de forma diferente.

         Baste decir para hacerse una idea de la magnitud de fuerzas que desplegaron italianos y alemanes que, al finalizar la Campaña de Túnez y capturar los últimos enclaves del Eje en África, fue tal la cantidad de hombres y material capturados (más de 250.000) que los propios aliados lo llamaron "Túnezgrado".

        Pero volvamos un poco hacia atrás. Desde el inicio de las hostilidades, los italianos, al mando de Graziani y con una superioridad aplastante en hombres, habían planteado una expansión colonial a base de ocupar los territorios aliados en el Norte de África, pero pronto se vieron sobrepasados por la agresiva actitud del General Wavell, que logró con pocos medios una serie de aplastantes victorias, haciendo prisioneros a más de 100.000 soldados enemigos. Los éxitos de Wavell fueron de tal calibre que Hitler decidió preparar una fuerza, el Afrika Korps, con el fin de auxiliar a Mussolini, siendo el factor principal de dicha unidad el uso de unidades blindadas.

        La llegada del Afrika Korps coincidió con la retirada de varios contingentes de Wavell a otros teatros de operaciones por orden del gobierno de Londres. Ello, unido a la tensión de la cada vez más extensa línea de suministros, ayudaron a Rommel en su nueva actitud ofensiva, que pronto se encontró en su elemento en una guerra de rápidos movimientos y flanqueos hasta que pronto sólo la guarnición aliada en Tobruk pudo quedar en manos británicas. Esta posición se convertiría en un símbolo para los ingleses, y habría diversos intentos de rescatarla, con varias campañas y grandes enfrentamientos blindados.

        Wavell, por su parte, fue sustituido por Auchinleck, ya que criticó en varias ocasiones a sus superiores, al culparles de haberle sustraído recursos en el momento clave de la campaña, y por interferir continuamente en sus decisiones de mando. Por su parte, Rommel demostró que, si bien era un genio táctico en la guerra de movimientos, era una completa nulidad en operaciones de asedio, lanzando un ataque fallido tras otro contra Tobruk.

        Al final, diversos convoyes lograron cruzar el bloqueo británico a lo largo del Mediterráneo, que desde su base en Malta trataba de cortar el flujo de suministros que marchaban al Norte de África, y que desató grandes batallas navales entre ingleses e italianos, y Rommel recibió nuevas fuerzas que le permitieron recomponer su Afrika Korps, al tiempo que asumía cada vez más el control de las unidades italianas. Así, en un nuevo avance se ocupó Tobruk, se continuó por la carretera hasta más allá de la línea defensiva de Marsa Maruth y se amenazó a Egipto y al Canal de Suez, tornando en alarmante la situación británica.

        Auchinleck planeó una serie de puestos defensivos, denominados "boxes" (el más septentrional de los cuáles se encontraba en la estación ferroviaria de El Alamein), a fin de establecer una especie de línea que tendría como extremos el mar por el Norte y la depresión de Qattara por el Sur, confiando principalmente en el uso de su artillería para frenar el avance de Rommel, que por su parte comenzaba a acusar la falta de suministros y combustible, y que finalmente fue detenido en la primera batalla de El Alamein, a finales de agosto.

        MONTGOMERY TOMA EL CONTROL

        Sin embargo, la actitud defensiva de Auchinleck terminó por exasperar a Churchill, que siguiendo su costumbre, se empeñaba en interferir e influir en los mandos militares de los diferentes teatros de operaciones. Así, tras insistir en que las tropas británicas debían iniciar una ofensiva contra Rommel, decidió finalmente retirar a Auchinleck del mando y sustituirlo por elementos más afines a su política. La redistribución implicaba que Alexander se haría cargo de todo el teatro de operaciones, mientras que el mando de las operaciones locales en Egipto lo realizaría el General Gott, hasta ahora comandante en jefe del XXX Cuerpo de Ejército.

        Sin embargo, el destino quiso que Gott sufriera un accidente aéreo y muriera en el mismo, y el mando del VIII Ejército finalmente recayó en un hasta entonces medio desconocido General Montgomery, quien pronto sería conocido como "Monty" tanto por amigos como por enemigos. Para exasperación de Churchill, sin embargo, el nuevo Comandante en Jefe continuó en la línea defensiva de Auchinleck, y respondió a las exigencias de ofensivas de Londres que sólo cuando considerara que se podían dar las condiciones de victoria iniciaría dicha ofensiva, no antes.

        Montgomery comenzó por adiestrar a sus tropas y cambiar algunos de los puntos de la doctrina del anterior mando, aprendidas en parte del enemigo. Así, ordenó la concentración de armas, en especial la de artillería y la blindada, para que respondieran a una coordinación del cuartel general, y no sólo de los mandos divisionales.

        En ese sentido, también se esforzó porque las acciones aéreas de la Desert Air Force estuvieran perfectamente sincronizadas con las operaciones terrestres, y trajo diversos mandos más acordes a su estilo para dirigir a las unidades, como fue el caso del General Brian Horrocks. También ordenó que varias de sus unidades blindadas y motorizadas no se implicaran a fondo en la batalla, a fin de que pudieran actuar como reserva y desbordar los flancos del enemigo cuando se supiera el punto exacto por el que Rommel lanzaba su principal ofensiva, ya que el "Zorro del Desierto" era famoso por sus movimientos de flanqueo y sus operaciones de distracción.

        EL INICIO DE LAS OPERACIONES

        Tal y como Montgomery había supuesto, el plan de Rommel incluiría un movimiento profundo de flanqueo por el Sur de las cordilleras de Ruweisat y de Alam Halfa, con las principales fuerzas blindadas como punta de lanza. El ataque incluiría al Afrika Korps, con las Divisiones Panzer 15º y 21º el Grupo de Reconocimiento y las Divisiones italianas Brescia y Littorio, mientras que la 90º División de Montaña alemana apoyaría la ofensiva (más de 400 tanques en total, entre alemanes e italianos). La idea era que esta potente fuerza rompiera las defensas británicas, cruzara el valle hasta más allá de las dos cordilleras y girara hacia el Norte hasta llegar al mar, cortando la retirada y cercando a la mayor parte de las tropas enemigas. Mientras tanto, en la zona del Alamein, se lanzarían ataques de distracción para mantener entretenidos a los británicos.

        Todos estos planes habían sido interceptados y descifrados a través del Código "Ultra", por lo que Montgomery sabía perfectamente las intenciones y fuerzas de Rommel. Así, se preparó para desbaratar su plan, y continuó sembrando campos de minas de forma masiva como primeras defensas, tal y como Auchinleck ya había hecho, pero concentrándolas esta vez en la zona en la que debía pasar el enemigo, en lugar de a lo largo de todo el frente. Además, estableció posiciones artilleras, concentrando sus baterías, para provocar una demoledora barrera de fuego.

        La 7º División Blindada, al Sur de la Cordillera Ruweisat, recibió órdenes de no entablar combate y retirarse cuando los alemanes iniciaran la ofensiva, a fin de atraer al Afrika Korps a una trampa donde la 7º pudiera ser respaldada por la 10º Blindada, que aguardaba en los bajos de Alam Halfa. Las tropas neozelandesas actuarían de primera línea de frente, para apantallar esta concentración de tanques, mientras que la 5º División India debía conservar las alturas de la Cordillera de Ruweisat. El Norte, hasta el Alamein y la costa, quedaría a cargo de la 1º División Sudafricana y la 9º Australiana.

        La noche del 30 de agosto, las fuerzas del Eje iniciaron su ofensiva. El plan de Rommel era que, al despuntar el día, los carros ya estuvieran en la zona abierta del desierto, para poder avanzar a toda velocidad y aprovechar la sorpresa. Así, las unidades de zapadores alemanes comenzaron a limpiar caminos entre los apretados campos de minas (se calcula que se habían sembrado unas 150.000 minas), cuando se vieron sorprendidos por una fuerte concentración de fuego de artillería, al tiempo que las unidades de carros, más a retaguardia, eran bombardeadas desde el aire, mientras aguardaban para poder avanzar.

        El amanecer trajo como consecuencia malas noticias para Rommel, que fue informado de que sus fuerzas apenas habían conseguido avanzar, por lo que su plan se había visto desbaratado, y ahora debía enfrentarse a suspender el ataque o continuar.

        La noticia de la resistencia británica cayó como un jarro de agua fría para el "Zorro del Desierto", que pronto se dió cuenta de que el mando en Egipto había cambiado y que la actitud de sus enemigos también. Sin embargo, Rommel sabía que un inmenso convoy de 100.000 toneladas de suministros, con nuevos modelos de carros de combate y multitud de recursos que cambiarían el equilibrio en el Norte de África, estaba a punto de llegar, y que esta era su última oportunidad de ocupar Egipto. Más aún, sus escasas reservas de combustible estaban casi agotadas, y de hecho se había tenido que usar hasta preciado líquido cedido por la Luftwaffe, tal era la situación de desesperación y tensión por la extensión de sus líneas de suministros. Por todo ello, decidió continuar el ataque.

        NUEVO PLAN

        Dado el nuevo cariz que tomaban los acontecimientos, Rommel decidió girar hacia el Norte mucho antes, pasada la Cordillera Ruweisat, pero antes de alcanzar la de Alam Halfa, manteniendo el plan de envolver al Ejército aliado en la zona de El Alamein, pero las dificultades se acumulaban unas sobre otras, y la siguiente fue la muerte del General Von Bismarck, al mando de la 21º Panzer. Por suerte, el Estado Mayor de la División respondió con celeridad, y la unidad se reincorporó pronto a la lucha, pero la oscuridad del crepúsculo se aproximaba invadiendo el campo de batalla, y los carros alemanes pararon para repostar y reorganizarse durante la noche.

        "Monty", por su parte, no pensaba dar descanso al enemigo, y ordenó a sus aviones que continuaran durante toda la noche con los ataques aéreos. Volando en vuelo rasante, los cazabombarderos batían a los carros germanos e italianos, cuyas siluetas se recortaban en el horizonte con las luces de las bengalas que lanzaba la artillería británica para permitir los ataques de los aviones de la Desert Air Force, por lo que a la lucha del día anterior, se unió el agotamiento y el estrés de los bombardeos y de no poder descansar en los soldados del Eje.

        El amanecer trajo el nuevo intento de ofensiva de Rommel, pero Montgomery tampoco había estado ocioso durante la noche. Así, el ataque de la 15º División Panzer fue desbaratado por la 8º y la 22º Brigadas Acorazadas Británicas, mientras que la 21º División Panzer también fue detenida, pero esta vez por la escasez de combustible, demostrando que eran los últimos estertores de las ofensivas de Rommel en el Norte de África. Al terminar el día, el mando alemán ordenó cavar trincheras y pasar a la defensiva...

        EL CONTRAATAQUE

        El avance del Afrika Korps había sido por fin detenido, el nuevo Comandante en Jefe Británico había demostrado su valía, y la moral entre los soldados aliados era alta. Ahora era el momento de contraatacar, y Montgomery hizo los preparativos para ello.

        Cauto como de costumbre, "Monty" prefirió juntar una masa de tropas muy superior a la del enemigo antes de iniciar cualquier maniobra ofensiva. Así, se ordenó que varias de las unidades que custodiaban la zona del Delta del Nilo se acercaran al frente, y fuerzas de la 50º División abandonaron sus tareas de guarnición para apoyar el ataque. Mientras tanto, la 7º División Acorazada era ahora la encargada de avanzar contra los tanques alemanes, e iniciaba algunas tentativas para comprobar la resistencia enemiga.

        Al contrario que Rommel, Montgomery planeó una ofensiva general en el frente, aunque es cierto que el ataque principal sería por el Sur. Así, el 1 de septiembre, la 9º División Australiana atacaba más allá del Box de El Alamein, enfrentándose a la 164º División Alemana, mientras que al bombardeo aéreo se unieron por primera vez aparatos norteamericanos, bombarderos B-25 Mitchel que realizaron 111 salidas, y que demostraron que la entrada de América en la guerra se notaría pronto en los campos de batalla...

        Finalmente, "Monty" ordenó al General Neozelandés Freyberg que lanzara una serie de ataques para desalojar a Rommel, pero lo cierto es que, como haría en muchas ocasiones en el futuro, la excesiva cautela de Montgomery permitiría a los alemanes fortalecer sus defensas y retirarse con tranquilidad, ocasionando muchas bajas a sus propios soldados que, de haber atacado antes, seguramente habrían obligado a huir al enemigo sin darle tiempo a cavar trincheras, tal y como su adversario Rommel acostumbraba a hacer. Así, la batalla terminó sin que Freyberg lograra flanquear y rodear al enemigo, ya que Rommel se había ido retirando antes.

        Como colofón final, en el balance de bajas, los aliados sufrieron 1750, frente a las 1051 italianas y 1859 germanas. Fueron destruidos 38 tanques alemanes y 11 italianos, por 67 carros británicos, pero los aliados recibieron el prometido convoy de suministros que tanto temía Rommel, con nuevos carros Sherman, y la iniciativa cambió de manos, iniciándose poco después la famosa Batalla de El Alamein, donde Montgomery adquiriría toda su fama al vencer a su eterno rival, Rommel, aunque esa ya es otra historia...