La Batalla Naval de La Habana

        La batalla naval de La Habana fue la última acción de importancia de las ocurridas durante el conflicto conocido como la Guerra de Asiento o de La Oreja de Jenkins, que enfrentó principalmente a las tropas españolas contra las británicas en los territorios de ultramar, y de la que destaca especialmente la tremenda derrota que sufrió el almirante inglés Vernon ante Cartagena de Indias, siendo aplastado por el español Blas de Lezo. Sin embargo, la guerra fue mucho más que esa simple batalla, y el combate final del conflicto tuvo lugar en La Habana en 1748, siete años después...

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            NOTA (II): Algunas de las imágenes del presente artículo corresponden a la participación en el Mercado Barroco de La Granja 2018, en la que participó la Asociación Imperial Service, aunque fueron tomadas desde la UEO. Se aprovecha para agradecerles su colaboración.

        LA GUERRA DE ASIENTO

        La conquista y colonización de América es larga y es fuente de muchos conflictos a lo largo de los siglos. Baste decir que en el siglo XVIII, la hegemonía en América del Sur era española, realizándose la administración de los territorios a través de los Virreinatos, manteniendo como vecinos a los portugueses en Brasil y pequeños puntos en la zona del Caribe controlados por holandeses, franceses y británicos, principalmente islas.

        Sin embargo, los ingleses habían logrado el llamado "Derecho de Asiento", que les permitía traficar con esclavos y algunas mercancías, con unas cantidades tasadas de las mismas, en puertos españoles.

        Era de lo más habitual, por supuesto, que a través del contrabando, y cada vez más impunemente, este tráfico sobrepasara lo estipulado en los tratados, por lo que tampoco era extraño que las unidades de la Armada Española (también llamada Real Armada, nombre que también usarían los británicos) y los guardacostas apresaran naves contrabandistas, aplicándoseles las penas correspondientes. Estas penas podían incluir la incautación de las mercancías y los barcos, así como la aplicación de castigos físicos de forma ejemplarizante, con el fin de disuadir estas conductas.

        Así, el casus belli empleado por los británicos tuvo lugar en una de esas capturas, en las cuáles un guardacostas español capturó al marino inglés Jenkins, arrancándole la oreja como castigo. Ante las protestas inglesas, el oficial español respondió "y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve", para dejar sentado que no permitiría en contrabando en sus aguas. Aunque esta fue la excusa para el conflicto, lo cierto es que los motivos reales fueron bastante más prácticos y de la época, ya que lo que se buscaba era arrebatar colonias y aumentar el propio Imperio Británico, y ampliar con creces en el futuro las condiciones comerciales y el propio Derecho de Asiento.

        La principal zona de operaciones del conflicto, sería, por tanto, las costas del continente americano, y en especial los principales puertos que servían de "llave" del control español, entre los que se incluían La Habana y Cartagena de Indias. Estos puertos eran la esencia de la estrategia defensiva, diplomática y de simple administración para la Corona española, y de ellos dependía mantener el control del Imperio.

        Se produjeron diversos combates en La Guaira y en Portobelo, tomando los ingleses este último, así como ante la propia Habana, todos ellos al mando del almirante Vernon, mientras que el Comodoro Anson mandaba otra escuadra británica por el Océano Pacífico, pero la acción principal sería la resistencia española al mando de Blas de Lezo en Cartagena de Indias.

        En efecto, la ciudad y su fortaleza, claves para el dominio español, fueron atacadas hasta en tres ocasiones, siendo la tercera de ellas la ofensiva principal, que se saldó con una humillante derrota en tierra de los birtánicos. Y decimos humillante porque estos, ante una serie de afortunadas y exitosas acciones al comienzo de la guerra, como la toma de Portobelo, ya habían acuñado una serie de medallas y monedas conmemorativas en las que el mando español aparecía arrodillado ante Vernon, debiendo retirarlas de la circulación cuando la noticia de la derrota inglesa llegó a Londres.

     

        Recompuesta la flota británica, continuó sus ataques por la región, lanzando incursiones sobre La Guaira, Santiago de Cuba, Portobelo y otros puertos, entre los que se encontraba La Habana. El último combate que se produjo ante esta fortaleza fue una batalla naval, al salir la escuadra española a combatir a la inglesa, el 12 de octubre de 1748, tras 5 años de inactividad en la zona. El resultado fue la Batalla Naval de La Habana.

        LAS FUERZAS OPUESTAS

        Los largos años de guerra y las derrotas sufridas habían mermado la capacidad combativa de ambas naciones, lo cuál se había visto reflejado en el período de tranquilidad que había existido entre 1743 y 1748, cuando una nueva escuadra inglesa, al mando del contraalmirante Charles Knowles (que ya había participado en muchas batallas durante la guerra) salió desde el puerto de Jamaica con dirección a la isla de Cuba, con el objetivo de asaltar y capturar la llamada Flota de Indias, que realizaba el trayecto desde Veracruz hasta La Habana, para recalar allí y volver a España cargada de riquezas, para alimentar la economía de la Corona.

        La flota británica estaba formada por el navío de 80 cañones HMS Cornwall, de dos puentes y que hacía las veces de buque insignia, y por el HMS Lenox, otro navío de dos puentes pero menos artillado (70 cañones), siendo ambos los principales actores de la flota. Les acompañaban otros tres navíos de línea de dos puentes y de 60 cañones, los HMS Tilbury, HMS Strafford y HMS Canterbury, así como el buque de 50 cañones HMS Oxford. En aquella época, los navíos de dos puentes eran la espina dorsal de las flotas de todos los países, rondando con entre 60 y 80 cañones, siendo superados sólo por los inmensos navíos de tres puentes, que superaban las 100 piezas de artillería. Esta clasificación se mantuvo durante todo el siglo XVIII y durante las Guerras Napoleónicas, hasta que el desarrollo de la máquina de vapor fue sustituyendo los buques a vela por otros más modernos, a los que además se les podía añadir blindaje, pero esto ya es otra historia.

        Alineados para enfrentarse a los invasores ingleses, y bajo el mando de don Andrés Reggio y don Benito Spinola, la flota española disponía también de diversas unidades de dos puentes, las mayores de las cuáles eran el navío África (que hacía las veces de buque insignia) y el Invencible, ambos de 70 cañones. A ellos se sumaban otros navíos de menor artillado pero también de dos puentes, el Conquistador, el Dragón y el Real Familia, todos ellos de 60 cañones. Finalmente, se encontraba también en la zona la fragata Galga, de 30 cañones, y que actuaba con Patente de Corso (buques autorizados por la Corona a atacar navíos mercantes enemigos y a capturar sus cargamentos), aunque esta última no participó en la acción.

        SE INICIA LA ACCIÓN

        Ambas flotas iniciaron maniobras de aproximación para formar sendas líneas de batalla, según la táctica de la época, destacando la lentitud de los buques ingleses, que observaban cómo la flota española realizaba extraños movimientos.

        En efecto, los defensores tuvieron que adaptar su formación a una circunstancia imprevista, y es que el Dragón hacía aguas, lo que le obligó a perder velocidad, ralentizando toda la línea de batalla, al tiempo que la fragata Galga, consciente de su escaso poder militar ante el combate que se avecinaba, fue retirada antes de iniciar el fuego de artillería, ya que su contribución sería más bien escasa ante el poder de navíos de línea.

        Comprobados los problemas del enemigo, Knowles trató de ganar ventaja, pero dos de sus propios navíos eran, a su vez, excesivamente lentos, al tiempo que estaban mal comandados, por lo que no pudo aprovechar esa ventaja concedida por los españoles. Finalmente, las dos flotas consiguieron alinearse frente a frente y comenzaron a abrir fuego, según las tácticas de la época (se disparaba o bien contra el velámen, a fin de inmovilizar al enemigo, o bien contra el casco, con la intención de barrer la cubierta y destruir las baterías de artillería enemigas)

     

        Tal y como cabía esperar por los antecedentes presentados, el Dragón aguantó poco en la línea de combate, siendo obligado a retirarse, con lo que los españoles quedaron en manifiesta inferioridad. Creyendo así tener cercana la victoria, con la Galga y el Dragón sin participar en la acción, Knowles ordenó concentrarse a sus buques en el Conquistador, mientras que él mismo se enfrentaba con el Cornwall a la nave insignia española, el África, desarrollándose así un combate aparte entre ambos almirantes.

        Superado por el ataque de varios adversarios, el Conquistador pronto acusó los daños y las fuertes bajas, que incluyeron a su Comandante, don Tomás de San Justo, que falleció durante el combate, siendo capturado el navío por el enemigo, que pronto abordó y dominó la situación y al resto de los tripulantes españoles, dando así una nueva situación dramática a la batalla.

        LÍDER CONTRA LÍDER

        Por su parte, las dos naves capitanas (o insignias) se enzarzaron en un duelo una contra otra, de resultas de la cuál el almirante Knowles ordenó la retirada, al haber sufrido alrededor de 400 bajas, frente a las 300 de su adversario. Sin embargo, los daños en el África obligaron a sus tripulantes a evacuarlo e incendiarlo, retirándose la escuadra española al amparo de la protección que le daban las baterías de La Habana.

        Satisfecho con el resultado, Knowles decidió informar a Londres a fin de continuar con la caza de la Flota de Indias, pensando que la flota española permanecería dentro de la seguridad del puerto para reparar sus daños sufridos en el combate, pero las noticias que recibió como respuesta fueron una profunda sorpresa.

        Sin que se hubiera recibido antes ningún tipo de información, debido a la distancia y a la lentitud de las comunicaciones, ambos contendientes se enteraron de que la Batalla de La Habana se había producido entre dos flotas de países que ya habían firmado la paz, ya que el Tratado de Aquisgrán había terminado con la guerra (con unas cláusulas que básicamente devolvían el status quo a la situación de antes del conflicto)

        Así, ambos mandos fueron amonestados, siendo finalmente absuelto del Consejo de Guerra por el lado español Reggio, mientras que Knowles descargó gran parte del fracaso en sus subalternos, en especial en los oficiales Holmes, Innes y Clarke, a los que hizo volver a Inglaterra bajo arresto.

        Este fracaso debe considerarse en el sentido de que, aunque en efecto la flota española sufrió mayores daños que la inglesa, Knowles no consiguió los objetivos que se le habían ordenado, por lo que la campaña fue un nuevo fracaso, además del agravante de que se produjo cuando las dos naciones habían dejado de ser beligerantes, lo que añade un nuevo punto de curiosidad a la batalla...