La Batalla de las Árdenas

También conocida como "Batalla del Bulge", la ofensiva de las Árdenas fue el último intento de las fuerzas de Adolf Hitler de romper las defensas occidentales, con el fin de obligar a las democracias a firmar la paz, como en la Primera Guerra Mundial, y poder enfrentarse así al Ejército Rojo.

 

 

NOTA: El presente artículo fue publicado en la Revista Wargames: Soldados y Estrategia, y se expone aquí con el permiso expreso de su autor, Raúl Matarranz del Amo. Queda prohibida la difusión de su contenido y de las imágenes publicadas salvo permiso expreso de la administración de la presente página.

CARRERA EN LA OSCURIDAD

"Muchos kilómetros y poco tiempo para liberar Bastogne"

El 16 de diciembre de 1944, Hitler ordenaba lanzar una ofensiva sobre las posiciones aliadas en la zona de Bélgica, y daba comienzo la Batalla de las Árdenas. Tras romper las defensas americanas, las tropas blindadas alemanas rodearon y asediaron la ciudad de Bastogne, donde las tropas aerotransportadas aliadas se encontraban descansando. Una carrera contrarreloj en la oscuridad de los cortos días y las largas noches del frío invierno para romper el cerco...

    FUERZAS Y PLANES ENFRENTADOS

    El ataque germano en las Árdenas cogió totalmente desprevenidos a los mandos del Cuartel General de Eisenhower. Antes de que pudieran darse cuenta los generales aliados, las divisiones blindadas del III Reich habían roto sus defensas, y habían abierto una profunda brecha en el frente, entrando en Bélgica y amenazando con colapsar las frágiles defensas anglonorteamericanas.

    En total, Hitler lanzó a la "Operación Wacht am Rhein", que es como llamó a la ofensiva de las Árdenas, hasta cuatro ejércitos completos: El V Ejército Acorazado, bajo el mando del General Von Menteuffel, el VI Ejército Acorazado SS, del General Sepp Dietrich, el XV Ejército del General Von Zangen y, finalmente, el VII Ejército del General Brandenberger.

    Frente a ellos, las fuerzas aliadas incluían tropas del I Ejército del General Hodges, y cuatro divisiones del VIII Cuerpo norteamericano, bajo las órdenes del General Middleton. Más allá, esparcidos a lo largo de la línea de frente, se encontraban desplegados en una larga fila el XXI Británico del General Bertrand Montgomery, héroe de África, el XII americano del General Bradley (que incluía a las fuerzas del General George S. Patton, que serían decisivas en la operación) y, finalmente, el VI americano del General Devers.

    Los planes alemanes incluían un ataque cuya cabeza serían los dos Ejércitos Acorazados, que romperían el frente, mientras que el XV Ejército de Von Zangen protegería el flanco Norte y el VII se ocuparía del flanco Sur. Por desgracia, las carencias alemanas de finales de guerra y las fantasías de sus mandos serían decisivas para la catástrofe que tendría lugar. Los prometidos aviones de Goering destacaron por su ausencia, y los carros alemanes empezaron con menos combustible en sus tanques y en las columnas de abastecimiento que les seguían de lo que hubiera sido deseable. La suerte estaba echada.

    LA ACOMETIDA GERMANA

    La ofensiva alemana se inició en medio de un fuerte frío y una intensa niebla, lo que aumentó la confusión. Los mandos germanos así lo habían previsto, para evitar la intervención de los aviones aliados.

    Sorprendidos por el ataque del VI Ejército alemán, las tropas americanas de la 2ª y de la 99ª Divisiones apenas si pudieron encajar el golpe, debiendo retirarse desorganizadamente. La sorpresa se había logrado, y el General Gerow, del V Cuerpo de Ejército Norteamericano apenas si podía asimilar lo que estaba ocurriendo. Más al Sur, el V Ejército Acorazado se enfrentaba a las tropas de Middleton, avanzando rápidamente hacia Bastogne, donde la 101º División Aerotransportada se encontraba desplegándose ante las noticias del avance enemigo.

    Los mandos aliados veían con preocupación los acontecimientos, puesto que el frente se había roto por varios puntos, y los informes eran confusos y contradictorios. Las columnas infiltradas y ataviadas con uniformes americanos del Oberstrmbanführer Otto Skorzeny se encargaron de aumentar la confusión, logrando la total descoordinación de las tropas norteamericanas.

    LA RESPUESTA ALIADA

    Desde su Cuartel General, los mandos de Eisenhower se reunieron para analizar la gravedad de la situación y las medidas a tomar para resolverla. El avance enemigo había penetrado profundamente en Bélgica, y el frente había sido desmantelado en diversos puntos. Las unidades acorazadas alemanas habían llegado hasta Bastogne, y la 101º Aerotransportada se encontraba cercada, pendiente de un hilo, rodeada de fuerzas enemigas muy superiores en número, medios y calidad. Sólo la testarudez de estos hombres y la de su general había permitido resistir  a los aislados paracaidistas.

    Entretanto, en el Cuartel General de Eisenhower, se miraban los mapas con preocupación. El ataque alemán había sido un avance totalmente escalofriante, que había cogido por sorpresa a las defensas aliadas. Aunque se movilizaran refuerzos, estos tardarían en llegar para estabilizar de nuevo la línea de frente. El ataque germano había cogido desprevenidas a las tropas anglonorteamericanas, y lo había hecho en el mismo punto en el que burlaron años antes las defensas francesas de la Línea Maginot. Parecía que los aliados no habían aprendido de los errores del pasado.

     Por suerte, por un lado las tropas norteamericanas resistieron mejor de lo que cabía esperar, y por otro, entre los mandos americanos, se encontraba el General Patton. En cuanto a lo primero, tras reagruparse después de la primera acometida alemana, las tropas del General Gerow, del V Cuerpo, pudieron apoyarse al fin en el VIII, también americano, y detuvieron el avance de las tropas acorazadas SS de Dietrich, mientras que las heróicas resistencias en St. Vith y en la propia Bastogne daban a los aliados el tiempo justo para reorganizarse.

    NUTS!

    El 19 de diciembre las tropas acorazadas alemanas del General Von Luttwitz se desplegaban para cercar las posiciones americanas en la zona de Bastogne. Contaba el general alemán con tres divisiones, contra los 18.000 hombres de la 101º Aerotransportada del General Mac Auliffe. Una serie de ataques inciales fueron rápidamente rechazados en feroces combates cerrados a corta distancia, logrando imponerse las tropas aliadas gracias a la ventaja de la posición.

    Para el 22 de diciembre la situación se había tornado crítica, al desplegar los alemanes sus carros de combate y bombardear continuamente las defensas americanas. A las 11 de la mañana, Von Luttwitz, seguro de haber quebrantado la moral de los defensores, envió a cuatro oficiales con una bandera blanca para "acordar una honorable capitulación", de modo que "se ahorre de ese modo la inevitable pérdida de vidas humanas que seguiría al ataque". Von Luttwitz esperaba una inmediata rendición americana, o de lo contrario atacaría.

    Sin embargo, el testarudo y tenaz Mac Auliffe no estaba dispuesto a pasar a la historia de los paracaidistas como el primer general americano al mando de ellos en rendirse. Indignado por la propuesta alemana, tomó una cuartilla y escribió en ella la palabra "Nuts!" (textualmente, "nueces", pero con un significado similar a nuestra expresión popular "¡Narices!"). La respuesta dejó perplejos a los cuatro oficiales alemanes, y como quiera que uno de ellos solicitara cortésmente una aclaración, el ayudante de Mac Auliffe le contestó "Diga a sus superiores que Nuts! significa algo como Go to Hell! (¡Váyase al infierno!)".

    La respuesta alemana no se hizo esperar, y los ataques se recrudecieron, enviando Von Luttwitz a sus divisiones panzer a aplastar la resistencia de los paracaidistas. Faltos de suministros y municiones, calentados alrededor de hogueras, los paracaidistas aguardaron la llegada de ayuda, con la esperanza de que esta se diera a tiempo.

    LA CABALLERÍA AL RESCATE

    Ante la dificultad de los acontecimientos, se ordenó al más agresivo de los comandantes aliados, el General George S. Patton, avanzar hacia Bastogne y romper el cerco, enlazando con los paracaidistas. El general norteamericano no se hizo esperar, y sus tropas iniciaron un avance a marchas forzadas a toda velocidad que le permitían sus vehículos (una frase famosa que refleja el carácter del general fue "mis hombres pueden comerse sus cinturones, pero mis tanques necesitan gasolina").

    La 4ª División Blindada, perteneciente al III Ejército, recibió la orden de encabezar el avance y romper el cerco. Los combates a que se vio sometida fueron durísimos. En total, se perdieron 150 tanques y gran cantidad de vehículos de transporte como semiorugas y camiones de suministros.

     La necesidad de las circunstancias obligó a realizar avances nocturnos, en enfrentamientos acorazados cerrados a cortas distancias, dándose varios de los combates más encarnizados de la campaña.

    Tres columnas blindadas encabezaron el avance, atacando respectivamente desde tres puntos diferentes, en ángulo de convergencia a las defensas alemanas, compuestos por elemenos de la 5ª División Paracaidista germana (paracaidista más de nombre que de otra cosa, pues la Luftwaffe había dejado de poder mantener la superioridad aérea desde hacía tiempo), que defendía el cerco en la zona Sur de la ciudad.

    Sería el Grupo R, auxiliado por el 94º Regimiento de Artillería, con el apoyo de sus baterías y por el 37º Batallón de Carros, quien entraría rompiendo el frente desde el pueblo de Assenols, a unos cinco kilómetros del propio Bastogne. Ya estaban cerca.

  

        LA AYUDA LLEGÓ DEL CIELO

    La agresiva respuesta del General norteamericano Mac Auliffe, unida a la llegada de refuerzos alemanes a las posiciones alrededor del cerco, hizo redoblar los esfuerzos por romper las defensas aliadas, pero una vez más los paracaidistas americanos se aferraron al terreno y lograron mantener sus posiciones, aunque a un alto precio. La noche del 22 al 23 de diciembre fue una de las más frías, sino la que más, de las que ambos bandos tuvieron que soportar, si bien los sitiadores pudieron calentarse y descansar con la calma del que sabe que no será atacado.

    La situación de Bastogne, mientras tanto, se tornaba peor de hora en hora. Aunque los comandantes americanos esperaban que la ayuda estuviera en camino, de lo que no estaban seguros es de si serían capaces de resistir hasta la llegada de refuerzos. Una vez más fue el propio carácter del General Mac Auliffe y el valor que extendió a sus hombres lo que dio la determinación para seguir resistiendo.

    La gélida mañana del 23 de diciembre dejó entrever tímidamente los rayos del sol, pero ello bastó para que la Fuerza Aérea Norteamericana (USAF) hiciera despegar sus C-47 Dakota de transporte para poder lanzar suministros sobre los sitiados. Como un regalo celestial, los paracaidistas lograron conseguir municiones y suministros, dándoles una renovada esperanza en la victoria final. En total, 241 aviones de transporte C-47 del Comando de Transporte de Tropas lanzaron 544 kilogramos de suministros cada uno sobre las sitiadas fuerzas aliadas, lanzándolos en un intervalo de cuatro horas, lo que supuso un respiro para las acosadas tropas de Mac Auliffe.

    El cambio de tiempo permitió también que despergara de sus aeródromos otro tipo de aviones bastante mas letales. En efecto, según despegaban los C-47 Dakotas de transporte, los cazabombarderos P-51 Mustang y los aviones de apoyo a tierra Typhoon calentaban motores, partiendo hacia las líneas de suministros alemanas poco después. El papel que jugarían aplastando las columnas germanas, ya fuera en la retaguardia o en el propio frente, sería totalmente decisivo en la campaña, triturando sin piedad tanques y camiones según estos marchaban camino del frente.

     SANGRE Y AGALLAS

     El primer día del año 1945 comenzó de forma sangrienta para los hombres del III Cuerpo de Ejército Norteamericano. Bajo las órdenes del General George S. Patton, las unidades aliadas se interpusieron en la mitad del camnio del avance alemán, frenándoles tras una serie de enfrentamientos en el saliente que los Panzer habían abierto en el frente, en la zona Suroeste de Bastogne. La acometida continuó durante todo el día siguiente, llegando a pedir el General Von Maunteuffel al Mariscal Model la autorización para retirar sus unidades blindadas con el fin de salvar los escasos recursos de este tipo que le quedaban al Reich, pero la propuesta fue denegada por el propio Führer, quien se dejaba de día en día llevar por la locura.

    El día 3, espoleados por la ofensiva de Patton, elementos del II Cuerpo norteamericano se unían a la ofensiva, mientras que el propio Patton, con su III, abría brecha en la dirección de las posiciones de la 101º, con el fin de romper el cerco, mientras que en la sitiada población se lograba resistir el ataque de hasta ocho divisiones SS.

        Las cosas comenzaron a torcerse para el Reich, máxime cuando llegaron noticias de que las fuerzas de la Unión Soviética en el frente Oriental estaban maniobrando para preparar una ofensiva. Ante esta nueva noticia, varias unidades blindadas del VI Ejército SS Panzer del General Dietrich fueron retiradas de la zona para ser redesplegadas en el frente Oriental. Un flaco consuelo a los soldados germanos que se retiraban de un infierno para caer en otro peor.

    Las tropas de Patton entraron definitivamente en la ciudad cercada el día 5 de enero, tras una infernal carrera contrarreloj en la oscuridad de las largas noches de invierno del Norte de Bélgica. Habían llegado a tiempo y la 101º se había salvado. Lo más importante es que con ella se había salvado el frente.

    Los contraataques aliados tardaron poco en aplicarse. Mientras que el 16 de enero las fuerzas británicas del General Ritchie se unían a la ofensiva, comprendiendo el XII Cuerpo de Ejército Británico, el 23 de enero las tropas del I Ejército norteamericano liberaban de nuevo la población de St. Vith, punto clave durante la ofensiva enemiga. La reagrupación de fuerzas y la llegada del apoyo aéreo, y la mejoría del tiempo, permitieron que el golpe encabezado por el III Ejército de Patton fuera especialmente contundente, quedando reducido el saliente de las Árdenas a la mínima expresión de forma definitiva el día 27 de enero, cuando los Sherman cruzaron el río Our, tomando Oberhausen y dando los últimos coletazos de la que se llamó la Batalla de las Árdenas. El día siguiente, el 28 de enero, las unidades de avanzada del I Ejército Norteamericano comenzaba las operaciones finales contra la denominada "Línea Sigfrido", última gran fuerza de resistencia alemana.

    PÉRDIDAS IRREPARABLES

    En total, en la Batalla de las Árdenas, las pérdidas alemanas alcanzaron cifras astronómicas. Si bien los aliados también sufrieron cuantiosas bajas, lo cierto es que el Cuartel General de Eisenhower podía asumir tal volumen de pérdidas, porque eran sustituibles por otras.

    Por el contrario, el mando de la Wehrmacht jamás podría suplir las bajas irremplazables que sus fuerzas sufrieron en la batalla. Las reservas alemanas se habían implicado en una agresiva y arriesgada operación, Hitler había jugado su última carta, y había perdido. Peor aún, las escasas unidades supervivientes serían incapaces de resistir la nueva ofensiva soviética que se iniciaba al término de la campaña.

    Desde el Cuartel General del Mariscal de Campo Von Rundstedt se estableció el cálculo aproximado de las bajas germanas durante la acción. En total, alrededor de 120.000 hombres habían causado baja, así como 600 carros de combate que habían sido destruidos o seriamente averiados, siendo irrecuperables al no quedar los alemanes en la posesión del terreno. Para colmo de males, unos 6.000 camiones se habían perdido durante las operaciones, presa de la aviación aliada, que también era responsable de la destrucción de las últimas unidades aéreas alemanas, unos 1.600 aparatos derribados durante todo el período. Ahora, tras el último esfuerzo de las tropas de Hitler y el fracaso de la ofensiva, la carrera hacia Berlín por los mandos aliados quedaba abierta definitivamente.