La Batalla de Ntombe

        Tras la derrota británica de Isandlwana, el panorama en la Colonia de Natal fue el pánico generalizado, lo que obligó al redespliegue de unidades hasta que llegaran nuevos refuerzos desde la Metrópoli. Ese redespliegue supuso la creación de nuevos puestos fronterizos, la creación de nuevas guarniciones y nuevos campamentos en las principales ciudades, a las que la población civil acudía en busca de seguridad y protección y, por supuesto, al elaboramiento de nuevas rutas de abastecimiento y convoyes que proporcionaran recursos a esas guarniciones, que no siempre eran seguras.

            NOTA: Queda prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos incluidos en el siguiente artículo, tanto en su aspecto escrito como de las imágenes contenidas en él, sin el consentimiento expreso de la administración del presente espacio web.

        EL PANORAMA TRAS EL DESASTRE DE ISANDLWANA

        La derrota de Isandlwana en enero de 1879 trajo una oleada de pánico por toda la población blanca de Sudáfrica, que acudió en tropel a las ciudades y a las guarniciones militares en busca de seguridad y protección.

        Desconcertado por la derrota, el resto de la Columna Central, bajo el mando del propio Lord Chelmsford, general en jefe de las fuerzas británicas en Natal, se replegó sobre sus pasos, contemplando la devastación de sus compañeros de armas al pie del monte de Isandlwana y durmiendo entre los restos del campamento. El General británico ordenó levantar el campo antes del amanecer, a fin de evitar los horrores de los rituales que los zulúes habían hecho a los cadáveres, y que incluían abrirles las tripas, para cruzarse con un enorme impi zulú, que venía de la guarnición de Rorke´s Drift.

        Temiendo lo peor, se envió una patrulla de caballería a comprobar los riesgos, pero por fortuna, los tenientes Chard y Bromhead, con la escasa fuerza de 139 hombres, habían logrado rechazar los ataques de 4.500 zulúes, impidiendo así que los guerreros cruzaran a Natal y devastaran a la población civil.

        Lord Chelmsford telegrafió a Londres, informando de lo sucedido, y su mensaje creó un tremendo malestar, que sería uno de los motivos de la caída del Primer Ministro Benjamín Disraeli, aunque el gobierno metropolitano envió nuevos refuerzos a Sudáfrica, que incluyeron 6 Batallones de Infantería, 2 Regimientos de Caballería y varias Baterías de Artillería, así como refuerzos de Ingenieros y Brigadas Navales de buques que estaban en ruta. Entre ellos acudiría la primera Batería con ametralladoras Gatling del Ejército Británico.

        LA AMENAZA DE LOS BÓERS

        Sin embargo, todos esos refuerzos tardarían en llegar, y mientras tanto, era necesario pasar a la defensiva hasta poder reorganizar las fuerzas. La amenaza, además, provenía de dos elementos diferentes, los zulúes por un lado y los bóers por otro.

        Originalmente, la Colonia del Cabo fue fundada por colonos holandeses, hasta que durante las Guerras Napoleónicas el gobierno británico se apoderó de ella. Los descendientes de los primeros colonos iniciaron entonces, en la década de 1830, la Larga Marcha hacia el interior, y fundaron la República del Transvaal y el Estado Libre de Orange, entrando en combate con los zulúes por la posesión del territorio, hasta que el Transvaal entró en bancarrota y fue anexionada, quedando bajo control de nuevo de los odiados británicos.

        Como quiera que el dominio británico sobre el Transvaal era impuesto, los elementos rebeldes planeaban de continuo sobre el gobierno de Su Majestad, y tan pronto como se supo de la derrota de Isandlwana, las primeras noticias de que los defensores de la república se estaban armando hicieron que la Columna nº 5, al mando del Coronel Rowlands, fuera desplegada en la zona, quedando parte de ella apartada de la Guerra Zulú. Se trasladó una parte importante de la Caballería Irregular para que se uniese a la Columna del Coronel Wood, mientras que el resto (los Rifles Montados de Kaffraria) se unieron a las 5 Compañías del 80º Regimiento que, bajo el mando del Mayor Tucker, quedaron acampadas en Luneburg.

     

        Para abastecer los nuevos puestos y la guarnición, se organizaron sistemas de convoyes que recorrían rutas peligrosamente cercanas a la frontera zulú, por lo cuál solían ser escoltadas con Compañías sueltas de infantería, principalmente del 80º Regimiento. Uno de esos convoyes, con 7 carromatos, partió de Derby por el camino que lleva a Luneburg, acampando para pasar la noche junto al Río Ntombe el 7 de marzo de 1879, donde enlazó con una Compañía del 80º Regimiento, bajo el mando del Capitán Moriarty. Se montó un campamento a fin de esperar la llegada de otro grupo de carromatos, hasta sumar un total de 20, conducidos por personal civil, que finalmente se unieron a los 106 soldados el 9 de marzo.

        LA BATALLA DE NTOMBE

        El Capitán Moriarty  desplegó el campamento a ambos lados del río Ntombe, de 40 yardas de ancho, que se encontraba junto a un vado crecido y a un pequeño ferry. La parte de la margen derecha del río incluía algunas tiendas, montadas junto a una vieja misión y con tres carromatos, donde acampaban 35 soldados, bajo el mando del Teniente Harward, contando sólo con la munición que portaban los propios hombres, esto es, 70 cartuchos distribuidos por el equipo Valise.

        En el otro margen del río, aprovechando un afluente llamado "Little Ntombe" y las marismas que creaban ambas corrientes de agua, el propio Capitán Moriarty acampaba junto a 71 hombres, con los carromatos formando un triángulo y las tiendas desplegadas en los vértices, durmiendo las tropas entre las propias tiendas o bajo los carromatos, y con un cargamento de munición en el centro.

        Eran las 4:30 de la madrugada del 12 de marzo cuando uno de los centinelas del lado del Capitán Moriarty dio la alarma, pero curiosamente, mientras que el propio oficial lo consideró como una falsa alarma, los hombres al mando de Harward sí que tomaron sus armas y adoptaron posiciones defensivas. La prudencia del oficial se demostró justificada cuando varios cientos de zulúes, casi un millar, aparecieron a las 5:15 de la mañana fueron detectados a 70 yardas de los carromatos.

        Se desarrolló un confuso combate mientras los infantes salían de sus tiendas e intentaban formar una defensa, siendo herido el propio Capitán Moriarty, mientras que en el otro lado del río, los hombres de Harward lograban mantener la distancia. Sin embargo, el oficial, con la excusa de ir a buscar refuerzos, montó a caballo y salió al galope en dirección a Luneburg, quedando el Sargento Booth al cargo del pequeño destacamento del margen derecho del Ntombe, mientras un grupo de 200 guerreros cruzaba el río y trataba de envolver la posición.

        El grupo del Sargento Booth, compuesto por 8 hombres más, se replegó hasta llegar a una granja en ruinas, a tres millas de la batalla, donde se prepararon para vender caras sus vidas, pero poco después una columna montada, compuesta por 150 hombres, llegaba procedente de Luneburg, al mando del propio Major Tucker, quien en cuanto llegó el Teniente Harward montó una fuerza de rescate.

        Sin embargo, para cuando llegaron al campamento, la visión era dantesca. De 106 hombres del 80º Regimiento, 62 habían muerto, además de 17 conductores civiles. Sus cuerpos habían sido destripados y saqueados, al igual que los carromatos y las tiendas, algunos de los cuáles ardían, mientras que los zulúes habían tenido unas 30 bajas de algo más de 800 atacantes, logrando así una nueva victoria sobre los casacas rojas, que hubieron de aguardar a la llegada de refuerzos y a sucesivas batallas posteriores para lograr devolver la seguridad a la región, con el enfrentamiento de Khambula, pero esa es otra historia...