La Campaña de Stalingrado

        En el verano de 1942 las fuerzas de la Wehrmacht iniciaban la que debía ser, nuevamente, la ofensiva definitiva para la destrucción del Ejército Rojo y la decisiva victoria que obligara a la Unión Soviética a pedir la paz. El plan era lograr esa victoria en la zona del Cáucaso, invadiendo y ocupando además la región que contenía los vitales pozos petrolíferos que abastecerían a las fuerzas germanas el resto de la guerra, en especial ahora que los Estados Unidos, con sus astronómicos recursos económicos, se había incorporado al conflicto.

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            NOTA (II): Las fotografías incluidas en el presente artículo fueron tomadas durante la Recreación Histórica de la Batalla de Stalingrado que tuvo lugar en Zamora en 2018, en el evento organizado por la Asociación Imperial Service. Aprovechamos desde aquí para agradecerles su labor y su ofrecimiento al invitarnos a colaborar con ellos.

        LA SITUACIÓN ESTRATÉGICA EN 1942

        El año 1942 se preveía como un año definitivo para el desarrollo de la II Guerra Mundial. En efecto, tras haber sido detenidos por el cruento invierno ruso, los soldados alemanes esperaban la llegada del buen tiempo para realizar una nueva ofensiva, que se esperaba que terminara con la Unión Soviética y la apartara del conflicto, puesto que nuevos y peligrosos enemigos se habían unido a la lucha.

        La entrada de los Estados Unidos de América, tras el ataque japonés a Pearl Harbour el 7 de diciembre de 1941, y la posterior declaración de guerra de Berlín a Washington implicaba que el tremendo poder industrial estadounidense abastecería en adelante a los enemigos del Reich.

        Así, comenzó un generoso programa de abastecimiento a los países que aún resistían al poder de la Alemania de Hitler, en especial el Reino Unido en el Frente Occidental y a la Unión Soviética en el Frente Oriental, en el llamado Programa de Préstamo y Arriendo (Lend Lease, como se llamó en Norteamérica), y que supusieron un respiro y una inyección de recursos a los exhaustos gobiernos. En el caso concreto de la Unión Soviética, ello implicaría en envío de carros de combate M3 (llamados "tumba para 5 camaradas" por los soviéticos, que ya habían desarrollado tanques mucho mejores), pero la verdadera clave fueron los vehículos auxiliares, como camiones GMC y Jeeps, que permitieron abastecer al Ejército Rojo en campaña.

        A medida que se acercaba la primavera de 1942, Adolf Hitler preparaba la Directiva 41, con el fin de retomar la filosofía del "Lebensraum" o "espacio vital", la excusa que había iniciado la guerra con la Unión Soviética, y que se basaba en la necesidad de ocupar territorio y recursos para la Alemania Nazi. Esta Directiva establecía las líneas generales de las operaciones para ese año, ordenando a Kucher, en el Norte, mantener posiciones defensivas, mientras que Kluge, en el centro, devía desviar recursos al Sur para apoyar a Bock, que sería el que realizara la ofensiva principal. Los objetivos eran ocupar el petróleo del Caúcaso, alcanzar la frontera con Turquía y tal vez arrastrarla al conflicto, y ocupar el nudo de comunicaciones de Stalingrado, una ciudad que se convertiría en el símbolo de un pueblo.

        LA OFENSIVA DE JARKOV

        El 12 de mayo de 1942, los soviéticos, al mando de Timoshenko, iniciaban una ofensiva en la zona de Jarkov, cuyo objetivo era la ocupación de la ciudad. Curiosamente, dicha operación coincidió con el inicio de un ataque alemán en la misma zona, al tiempo que, más al Sur, Manstein atacaba por Crimea. Los panzer alemanes iniciaron su ataque en la zona de Jarkov el 17 de mayo, seguidos por el resto del Grupo de Ejércitos Sur, y Timoshenko se dio cuenta de la gravedad de la situación, pidiendo permiso rápidamente para suspender la ofensiva y tratar de detener el avance enemigo retirándose y fortificando sus posiciones.

        Sin embargo, por desgracia para los soviéticos, los alemanes no eran los únicos que sufrían las injerencias en las operaciones militares de sus dirigentes y, al igual que Adolf Hitler, Joseph Stalin también pensaba que su genialidad estaba por encima de sus generales, por lo que ordenó continuar la ofensiva y tomar Jarkov a toda costa. El carácter de Stalin era tan temido o más que el de Hitler, en especial por las purgas que había realizado en su momento en el Ejército Rojo, y Timoshenko, al igual que el resto de mandos soviéticos, no se atrevió a contradecir a su superior.

     

        Y así sucedió que Von Bock, al que sí se le había permitido modificar los planes iniciales de la "Operación Fridericus", pudo adaptarse a las circunstancias, de tal modo que pronto la 14º División Panzer alcanzó el río Donets en Bayrak, cercando así a las fuerzas soviéticas. Las bajas para el Ejército Rojo fueron terribles: 280.000 hombres, con 650 carros de combate y 5000 piezas de artillería, con un total de 29 Divisiones y tres Ejércitos (6º, 9, y 57º) desaparecieron del mapa. Además, 4 de sus generales más experimentados, habían muerto (Kostenko, Bobkin, Podlas y Gorodnyanskov)

        EL ATAQUE EN CRIMEA

        Al mismo tiempo que esos acontecimientos se producían, en la Península de Crimea, Manstein iniciaba su ofensiva el 8 de mayo, con el objeto de ocupar la fortaleza de Sebastopol. El peso del ataque a Sebastopol lo llevaba el 11º Ejército germano, apoyado por diversas fuerzas rumanas, que daban apoyo a la Wehrmacht. Una de las curiosidades del Frente Oriental fue la gran cantidad de nacionalidades implicadas, ya que para suplir las bajas de 1941, Hitler instó a sus aliados a que le ayudaran en Rusia.       

        Sea como fuere, en una nueva y espectacular ofensiva, la Península de Crimea y la fortaleza de Sebastopol, base de la Flota del Mar Negro, se daban por conquistadas el 4 de julio de 1942. La base naval de Sebastopol era un punto especialmente importante, tanto estratégicamente como de prestigio para los soviéticos, ya que había una larga tradición de acciones militares en su defensa, y era un símbolo del poder ruso.

        El intento de evacuación de parte de las fuerzas soviéticas fracasó, y 21 Divisiones, con 176.000 hombres, 350 tanques y 3.500 cañones, habían dejado de existir sobre el mapa. Además, había que sumar decenas de miles de muertos y 95.000 prisioneros hechos en la propia Sebastopol, así como la destrucción de la base naval soviética.

        Sin embargo, el combate por Sebastopol había sido una cruenta lucha cuerpo a cuerpo, un preludio de lo que supondría la batalla de Stalingrado, y había costado a Manstein un alto precio en sangre: 75.000 bajas sólo en los combates urbanos, lo que demostraba que la moral de los soviéticos estaba lejos de haber decaído, a pesar de las derrotas sufridas. Ahora tocaba dar el siguiente salto hacia Stalingrado.

        OPERACIÓN "BLAU"

        La nueva Directiva 45º del Führer establecía las bases de la Operación "Blau" (los alemanes daban nombre a sus planes con colores, mientras que los soviéticos les daban nombres de planetas), la decisiva ofensiva que ocuparía la zona del Cáucaso y de la ciudad de Stalingrado, emblemática no sólo por su significación política, sino por ser un importante cruce de rutas de abastecimiento.

        Según el plan, las fuerzas del Manstein y el 1º Ejército Panzer de Kleist avanzarían desde Crimea hasta el Cáucaso, mientras que el italiano Garibaldi, con el 8º Ejército Italiano, avanzaría hacía el río Don. El honor principal era para el 6º Ejército de Paulus, que sería apoyado por el 4º Ejército Panzer de Hoth, y que sería la ciudad de Stalingrado. Los rumanos, con el 3º de Dumitrescu al Norte y el 4º de Constantinescu al Sur, guardarían sus flancos.

        Frente al despliegue germano, en la propia Stalingrado, y al mando del 62º Ejército Soviético, el General Chuikov buscaba una nueva forma de combatir que le permitiese lograr ventajas frente a la superioridad en medios acorazados y artilleros de los alemanes. El efectivo general ruso, que respondía ante el Mariscal Zhukov, decidió que la única forma de impedir a los alemanes usar su artillería y su aviación sería hacer combates cerrados, a corta distancia, a fin de que el miedo a las bajas por fuego amigo obligaran a luchas de infantería. Por fortuna, el entorno urbano favorecía ese tipo de estrategia.

     

        La ciudad de Stalingrado se encuentra dividida en dos por el río Volga, acudiendo la ofensiva alemana desde el Oeste. Así, los hombres de Chuikov dividieron en zonas la urbe, dando una amplia autonomía a los jefes de zona, algo que hasta la fecha no había hecho el Ejército Rojo. Chuikov sabía que debía actuar así, ya que, una vez la ciudad fuera invadida, las comunicaciones con el Cuartel General serían poco más que un venturoso deseo. Este pequeño detalle también supuso una sorpresa para los alemanes, ya que era un ruptura del método tradicional de funcionar de los soviéticos.

        La primera ofensiva tuvo lugar entre el 14 y el 26 de septiembre de 1942, y tenía dos ejes de ataque, según los dos objetivos: el Sur y el centro de la ciudad. Al principio, los avances fueron importantes, destacando la lucha en un silo que se haría famoso, al tiempo que algunas unidades lograron llegar al Volga, pero Chuikov ordenó un contraataque que estabilizó la situación, cuando parecía que las defensas soviéticas podrían desmoronarse. Sin embargo, al acabar las operaciones, los hombres de Paulus controlaban una de las estaciones ferroviarias, puntos clave para la el abastecimiento. Además, se habían apropiado anteriormente del Aeródromo Gumrak, que también resultaría importante más adelante.

        Con la zona Sur de la ciudad bajo control, Paulus preparó el asalto a la zona Norte, que se componía de grandes complejos industriales, como la Fábrica Octubre Rojo, la fábrica de Tractores Dzerzhinsky o la de municiones Barrikady, todas ellas iconos emblemáticos de la batalla y de la resistencia soviética. Al contrario que el caso de la primera ofensiva, que los avances alemanes fueron más contundentes, en el caso de las operaciones entre el 27 de septiembre y el 7 de octubre, la resistencia soviética fue especialmente enconada, y cada palmo de terreno fue ganado con sangre. La táctica de Chuikov de los combates cerrados y cuerpo a cuerpo daba sus frutos, y su idea de que "cada soldado alemán se sintiera permanentemente amenazado" minaba la moral de los hombres de Paulus, que veían que su imbatible táctica "Blitzkrieg" se había visto superada.

        Los acontecimientos que se producían en Stalingrado hicieron que Hitler se obsesionara con la ciudad, y los alemanes olvidaron los objetivos de la Operación "Blau", todo se centró en tomar el núcleo urbano. Así se determinó el 14 de octubre en la Orden de Operaciones nº 1. Sin embargo, Chuikov había decidido volverse más agresivo, y aprovechando la llegada del cambio de tiempo, al que los soviéticos estaban más acostumbrados, lanzó un ataque en la zona de la Fábrica de Tractores. Mediante un sangriento y masivo contraataque, los hombres de Paulus volvieron a recuperarla, pero los combates en Barrikady y en Octubre Rojo no eran el principal problema germano, sino lo que ocurría fuera de la ciudad.

        El 19 de octubre de 1942 la Unión Soviética daba comienzo a la Operación "Urano", cuyo objetivo era romper el frente por las débiles líneas que conformaban los ejércitos rumanos, y embolsar al 6º Ejército de Paulus al completo. A las órdenes de Yeremenko, los tanques y la infantería soviética desencadenaban un asalto masivo que aplastó a las fuerzas rumanas, penetrando profundamente hacia el crucial puente de Kalach, situado en la retaguardia alemana.

        La conquista del Puente de Kalach fue encomendada al 26º Cuerpo de Carros, con el General Vasilevsky a la cabeza, que avanzó rápidamente hasta enlazar con el 4º Ejército Mecanizado. El ataque sobre el puente en sí fue encabezado por varios tanques alemanes capturados, a fin de lograr el factor sorpresa, y su conquista se produjo el 22 de noviembre. La pinza se había cerrado, y los 250.000 soldados de Paulus estaban ahora atrapados en Stalingrado.

        Las tornas se habían cambiado completamente, y ahora eran las tropas alemanas las que se enfrentaban a haber sido embolsadas. Göering, más optimista que otra cosa, prometió al Führer que la Luftwaffe sería capaz de abastecer por aire a la ciudad, y Hitler ordenó a Paulus convertir su posición en una fortaleza, denegando la solicitud de intentar romper el cerco y replegarse sobre el resto del Frente Oriental. Mientras tanto, los soviéticos seguían estrechando el cerco.

     

        Se planeó una operación, la "Tormenta de Nieve", en la que Manstein intentaría contraatacar con las 6º, 17º y 23º Panzer como puntas de lanza, respaldadas por el 4º Ejército Rumano, pero el clima y las defensas soviéticas hacían que el plan estuviera condenado al fracaso de antemano, y fueron detenidos a 50 kilómetros de Stalingrado por el 2º de la Guardia al mando de Malinovsky. La caída del Aeródromo Gumrak terminó de aislar totalmente a Paulus, a quien Hitler nombró Mariscal de Campo con la esperanza de que no se rindiera (nunca antes se había rendido un Mariscal de Campo), pero fue un gesto inútil, y las diezmadas unidades del 6º Ejército, tras haber sido partidas en dos por una nueva ofensiva, se rindieron el 2 de febrero de 1943.

        La lucha había costado 300.000 bajas sólo alemanas, a las que se sumaban 110.000 italianos, 160.000 rumanos y 140.000 húngaros, con consecuencias catastróficas para los aliados de Hitler. Además, sólo en Stalingrado se hicieron otros 100.000 prisioneros (hasta 40.000 heridos habían podido ser evacuados a través del Aeródromo Gumrak antes de que lo conquistaran los soviéticos), de los que apenas 5.000 volverían a ver sus hogares al acabar la guerra.

        Por su parte, el resultado de la batalla de Stalingrado supuso un nuevo giro en la Gran Guerra Patriótica para los soviéticos, que vieron cómo por fin las tácticas alemanas habían sido superadas con creces y que el valor y la resistencia del pueblo ruso, junto con la voluntad de sus líderes, se había impuesto a sus enemigos. A partir de entonces, la iniciativa en el Frente del Este sería soviética, y ello, unido al desembarco de tropas norteamericanas en el Norte de África, supuso el inicio de un movimiento en pinza en dos ejes distintos que a la postre acabaría con la voluntad de lucha del III Reich... y con III Reich mismo, aunque para eso harían falta aún años de lucha y eso es ya otra historia...