Los campamentos romanos

    Al igual que famosas son las legiones romanas, famosos fueron también sus campamentos, no sólo por la laboriosidad e importancia de los mismos, que incluso llegaron a convertirse en ciudades, sino por la organización de toda la infraestructura que creaba incluso calles y una plaza central. Hechos en ocasiones diariamente, se convirtieron en un icono del poderío de las legiones.

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        INTRODUCCIÓN

        Pocos ejércitos han alcanzado la fama y han servido de inspiración a sus homólogos posteriores como la legión romana. Constituida originalmente por una ciudadanía armada, que realizaba un servicio militar para la República, desarrolló unas tácticas y un nivel de coordinación en el campo de batalla en cuanto a formaciones en orden cerrado se refiere que pocos ejércitos profesionales han logrado a lo largo de la historia.

        El elemento fundamental en las legiones era el soldado de infantería, que normalmente combatía en orden cerrado y estaba fuertemente acorazado, ya fuera con una cota de mallas o con la conocida lóriga segmentata, una armadura hecha a base de láminas unidas entre sí. En tiempos de la República, en cambio, se utilizaban diversos tipos de tropas, algunas de las cuáles incluían el orden abierto, los llamados Velites. Normalmente, los romanos utilizaban ejércitos mixtos de cuatro legiones, dos de ellas romanas propiamente dichas y las otras dos de aliados, que no obstante iban equipados y combatían al modo romano. Aunque por supuesto hubo excepciones como en el Lago Trasimeno, Cannas y tantas otras, el despliegue habitual era de esas cuatro legiones, intercaladas, y con la escasa caballería colocada en los flancos de la formación.

        El despliegue en campaña de los ejércitos de Roma determinaba, como es natural, la organización de sus campamentos, tanto en tamaño como en distribución, y aunque el tipo de terreno obligaba en ocasiones a adaptarse al terreno, lo cierto es que todos los campamentos compartían elementos comunes.

        CONSTRUYENDO LAS DEFENSAS

        Cada legionario romano portaba en orden de marcha, además de sus armas, pertrechos y armadura, el equipo necesario de zapa, así como la parte proporcional de su alojamiento y las herramientas para levantarlo. Eso significa que las tiendas, normalmente hechas de piel, eran transportadas por los propios hombres que se hospedarían en ellas, distribuyéndose el cargamento entre todos ellos. Normalmente, cuando se encontraban en territorio enemigo, las legiones romanas invertían la mañana en marchar y la tarde en construir el campamento fortificado en el que pasarían la noche, para al día siguiente repetir la operación y así sucesivamente. Por supuesto, cuando se alcanzaba la zona de operaciones, ese campamento se convertía en una base permanente hasta que terminaba la campaña, o hasta que el enemigo era vencido y la legión se retiraba de nuevo a su guarnición.

        El primer elemento defensivo lo constituía un foso, una trinchera, que excavaban los propios soldados con sus herramientas, y que se solía colocar con estacas afiladas apuntando hacia el exterior, de modo que los asaltantes que se arrojaran para saltar el foso terminaran empalados ellos mismos con ellas. La tierra extraída del foso se amontonaba a continuación, formando un parapeto, sobre el que se colocaba una empalizada con troncos, de tal modo que todo el campamento quedara rodeado por esa doble protección, añadiéndose si el asentamiento iba a ser más permanente torres de vigilancia, pasillos de ronda y posiciones de tiro.

        Las puertas, normalmente cuatro, una en cada uno de los laterales, podían ser abiertas (es decir, sin portón), o con una tradicional puerta de madera de doble hoja. A veces se añadían torres junto a las puertas, y cuando el acceso era abierto, se levantaba un nuevo parapeto a varios metros por delante, de tal modo que cualquier formación enemiga quedara desorganizada en caso de ataque, y formase un cuello de botella que favoreciera la labor de los defensores. Se procuraba que al menos uno de los accesos diera a algún río cercano o a cualquier otra fuente que abasteciera de agua al ejército, debiendo destacar el enorme tamaño de los campamentos, que abrigaban a más de 12.000 hombres, lo que da una idea de la cantidad que recursos que eran necesarios.

        UNA CIUDAD EN EL INTERIOR

        Como si de cualquier ciudad romana se tratase, los campamentos contaban con calles y avenidas propias. Dos eran las principales, llamadas Cardo y Decumano, y que convergían en un Foro, que era el corazón del complejo. El Cardo atravesaba el campamento de Norte a Sur, cubriendo dos puertas, mientras que el Decumano hacía lo propio de Este a Oeste, cubriendo los otros dos accesos. Por su parte, en el punto donde ambos se cruzaban, el Foro, constituía una verdadera plaza romana, ya que en un extremo del mismo se colocaba la colorida tienda del general, de color rojo, así como los estandartes de las legiones. Además, la explanada que quedaba delante servía como zona de entrenamiento y desfile, de modo que realizara las funciones que más tarde realizarían los patios de armas de los castillos.

        Como ya se ha descrito, la tienda del general era de color rojo, destacando tanto en color, tamaño y calidad con respecto al del resto de los soldados, que se alojaban por grupos en tiendas de pieles y más adelante y en algunos casos, de tela. Sin embargo, aun con el paso del tiempo, las pieles siguieron utilizándose por encima de la tela, debido a la robustez y protección que proporcionaban, en especial en zonas frías o en campañas invernales. Cuando el campamento se convertía en un asentamiento permanente, y no sólo en un lugar seguro en el que pasar la noche, se terminaban por edificar construcciones, y si se convertía en el asentamiento definitivo, podía llegar a convertirse en la base de una futura ciudad, como ocurrió con el caso de León, que inicialmente fue el campamento temporal de la VI Legión, hasta que fue sustituida de forma permanente por la VII, unidad sobre cuyo acuartelamiento se edificaría definitivamente la ciudad, conservando el trazado del campamento en su desarrollo.

        Dentro del campamento, y separado en cuadrantes por las dos vías principales que lo recorrían de Norte a Sur y de Este a Oeste, las cuatro legiones se dividían para ocupar cada una uno de los mencionados cuadrantes, de tal modo que formaran algo parecido a barrios, en los que se alojaban los componentes de una misma unidad dentro de su legión. Dado que las tropas aliadas, como se ha descrito anteriormente, solían ser pueblos romanizados y equipados como sus homólogos venidos de Italia, la división entre legiones romanas y aliadas era prácticamente administrativa, siendo complicado distinguir unos de otros. En ese sentido también, los estudios sobre el tema demuestran que los soldados romanos se debían proveer de su equipo y armas, por lo que la imagen totalmente uniformada con los mismos colores en cada una de las unidades es probable que no se diera en la realidad, coincidiendo más por las necesidades y por la disponibilidad de equipo que por una cuestión estética de uniformidad.

        Finalmente, como aclaración necesaria cuando se trata de temas de la época romana, es preciso destacar que es posible que otros estudiosos muestren desacuerdos con parte de lo aquí expuesto. Ello se debe a que cuando se estudia este período, las fuentes son diversas y en algunas ocasiones contradictorias, según la interpretación que los autores hagan de ellas. En general, nuestros estudios se basan en las Columnas (monumentos conmemorativos en los que figuras en relieve reflejaban períodos de un emperador u otro, como Trajano o Adriano, por ejemplo) y en los análisis arqueológicos de las Guerras Cántabras, así como en textos de diversos autores de la época.