Evento Codex Belix Murcia 2017

        El pasado fin de semana del 20, 21 y 22 de octubre de 2017 tuvo lugar la séptima edición del evento de la Asociación de Recreación Histórica Codex Belix "Revive la Historia... de cine", en el que las decenas de miles de visitantes pudieron, durante todo el fin de semana, disfrutar de recreaciones de batallas de la Guerra de Secesión y de la II Guerra Mundial, y en el que colaboró de forma significativa  en la organización del mismo la Unidad de Estrategia y Operaciones.

            NOTA: Queda prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos expuestos en el siguiente artículo, tanto en su aspecto escrito como de las imágenes contenidas en él, sin el consentimiento expreso de la administración del presente espacio web.

        NOTA II: Algunas de las fotografías contenidas en el artículo son propiedad intelectual de sus autores, Lucía Wagner Fotografía y Vicente Cervera Santos, y han sido colgadas con la expresa autorización de los mismos. Se aprovecha desde aquí a agradecer su amable disponibilidad y colaboración a lo largo del evento y su cooperación con la UEO.

        EL EVENTO "REVIVE LA HISTORIA... DE CINE"

        Desde hace años, la Asociación de Reconstrucción Histórica Codex Bélix viene realizando en la ciudad de Murcia un evento multiépoca que ya está consolidado como uno de los más importantes que se realizan en toda España, y que atraen a cientos de recreadores de diversos períodos históricos.

        A la muestra acuden decenas de miles de visitantes, tanto de la propia Región de Murcia como de todo el territorio nacional, y cuenta con la colaboración de diversas instituciones, como el propio Excmo. Ayuntamiento de Murcia, las Fuerzas Armadas o las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, además de diversas asociaciones y grupos de recreación histórica y, por supuesto, la Unidad de Estrategia y Operaciones.

        Junto con el despliegue militar y de recreadores de múltiples épocas, se exponen también vehículos de los diferentes períodos abarcados en el evento, con especial importancia de la presencia de la II Guerra Mundial, permitiendo de ese modo al visitante adentrarse en un verdadero parque temático que le adentra en un viaje por la historia, independientemente de su edad.

        El evento en sí se compone de dos bloques principales, que son por un lado las batallas representadas, y por el otro los campamentos que se montan en los murcianos "Jardines del Malecón", también conocidos como "los huertos", ofreciendo un marco perfecto para la realización de exposiciones y demostraciones para los más pequeños.

        En referencia a las batallas, se realizaron cuatro recreaciones a lo largo del fin de semana, dos de la Guerra Civil Americana, que era la primera vez que se llevaban a cabo, y otras dos de la II Guerra Mundial, ambas del Frente Occidental, además de los correspondientes desfiles a pie y con vehículos que se llevaron a cabo por toda la ciudad, a fin de atraer al público a su participación y disfrute del evento.

        LA ORGANIZACIÓN

        Todo evento de las dimensiones de los organizados por la Asociación Codex Belix requieren una considerable planificación para el buen desarrollo de los mismos. Así, por un lado, es necesaria la coordinación con los servicios públicos y de emergencia, tales como Protección Civil y Cruz Roja para la asistencia sanitaria, Policía Local y Cuerpo Nacional de Policía para la seguridad y la coordinación de los desfiles, o Intervención de Armas de la Guardia Civil para la supervisión del armamento y las reproducciones del mismo.

        Por otro lado, la tramitación de permisos y burocracia diversa requiere la no siempre colaborativa participación de las diferentes administraciones públicas, a nivel local, autonómico y nacional, que muchas veces se solapan e incluso interfieren entre sí, todo ello sin contar con la dificultad de conseguir patrocinios que permitan que el evento se realice de forma gratuita para participantes y asistentes, así como para financiar el transporte de vehículos y otros pormenores, por lo que es un elemento de justicia en este punto ensalzar la labor del presidente de Codex Bélix, don Antonio Lalaguna, por sus esfuerzos y sacrificios que permiten llegar a buen puerto todo el proyecto.

     

        Una vez superadas las cuestiones logísticas, que incluyen además detalles como la pirotecnia, el sonido y demás, lo siguiente que se debe realizar es una planificación de las actividades. Tradicionalmente, en los eventos de Codex Belix, la batalla principal, que suele ser de la II Guerra Mundial, se lleva a cabo el sábado, de modo que sea el punto de inflexión del mismo, justo a la mitad de la jornada. En este caso en concreto, se eligió la acción de Arnhem, el famoso "Un puente lejano", en el que las tropas aerotransportadas aliadas fueron derrotadas por las unidades alemanas.

        Junto a ella, la segunda acción de la Segunda Guerra Mundial que se realizó, el domingo por la mañana, y aprovechando que se encontraba la asociación de reconstrucción "La Nueve", fue la liberación de Paris, por parte de las tropas aliadas, y cuya primera unidad en entrar en la ciudad francesa fueron exiliados españoles de la República.

        Sin embargo, dentro de la planificación, y al objeto de realizar actividades que nunca se hubieran hecho antes, otra de las estrellas fue la Guerra de Secesión Americana, con las reconstrucciones, en ambos días por la mañana, de las batallas de Vicksburg y de Five Forks, que fueron largamente aplaudidas por el público, atraído por esa nueva temática del siglo XIX que, sin duda, se convertirán en un icono tanto del evento de Murcia como posteriores ediciones de Codex Belix.

        EL MONTAJE

        Para la preparación y los últimos retoques del evento se inició el montaje de determinadas estructuras, tales como la carpa de organización, los andamios con los carteles de la entrada al parque temático o la exposición de miniaturas. Además, como quiera que los grupos y vehículos acuden desde todo el territorio nacional, el propio jueves se descargaron las primeras unidades, concretamente las de la Policía Nacional, que quedaron ya custodiados en los Jardines del Malecón.

        Con respecto a la Unidad de Estrategia y Operaciones, aunque más adelante se tratará específicamente todo el material desplegado, baste un breve adelanto como referencia. Se utilizaron dos parcelas, una de ellas para la propia UEO, que incluía una exposición de miniaturas y diversas tiendas para almacenar material y como vestuario, junto a los vehículos de la organización, y la segunda de ellas para el campamento de la Guerra de Secesión Americana, en concreto el de las tropas de la Unión.

        El resto de grupos de reconstrucción histórica montaron sus campamentos a lo largo del viernes, a medida que llegaban el resto de vehículos, cada uno de ellos en su parcela asignada, al igual que los "stands" y puntos de venta que colaboraron con la realización en el evento, de los que además de los tradicionales puestos de militaria destacó la presencia de Ford, que expuso varios de sus modelos a la entrada de los Jardines del Malecón.

        LA COLABORACIÓN DE LA UEO (I): LA EXPOSICIÓN DE MINIATURAS

        Como en la edición anterior, la Unidad de Estrategia y Operaciones proporcionó el aspecto cultural del evento con la realización de una exposición de grandes batallas de la historia de la humanidad, con diversos dioramas, miniaturas, banderas y documentación, que ofrecían al visitante otro modo de viajar por la historia, y que fue visitada por varios miles de personas.

        Para que este aporte cultural pudiera ser parte directa del evento, se montó una carpa al objeto por parte de la Asociación Codex Belix, que proporcionó el lugar ideal para documentar con rigor y seriedad las diferentes épocas que cubrían los campamentos y las batallas objeto de reconstrucción y estudio, y que llamó especialmente la atención de los más pequeños, deleitándose con el detalle de algunas de las miniaturas y uniformes expuestos, complementado por las explicaciones que el personal de la UEO asignado a la muestra dio a cuantos visitantes quisieron.

     

        Hasta un total de 8 batallas (con alrededor de un millar de miniaturas) y más de 10 estandartes, junto con dos uniformes, y sus correspondientes paneles explicativos, compusieron la exposición, que incluía un viaje histórico desde la antigua Roma (Guerras de las Galias, con el ataque a un campamento romano) hasta la II Guerra Mundial (Batalla de las Árdenas y Guerra del Pacífico), pasando por las Guerras Napoleónicas (batallas de Trafalgar y la Albuera), la Guerra Romántica (Wad Ras), batallas coloniales (Guerra Zulú de 1879) y la Guerra de Secesión Americana (batalla de Vicksburg). A continuación se transcribirán los paneles explicativos, a fin de dar al lector la información completa de cada uno de los dioramas.

        -La bandera nacional: La bandera que se expuso fue el primer modelo utilizado, creada en tiempos de Carlos III, con los colores rojo y amarillo y el escudo que se empleó desde su fundación hasta todo el siglo XIX y principios del XX. El texto explicativo rezaba lo siguiente:

        "Historia y evolución de la bandera nacional"

        "1-. Preámbulo: La bandera de España nace tras un complicado proceso. La explicación requiere mucho espacio, por lo que se presenta solo un resumen con los hitos principales. La evolución puede verse mediante un número reducido de banderas y estandartes que, en representación de las Armas de cada época, sirven para dar una idea de conjunto."

        "2-. Siglo XVI: En 1.525, en la Batalla de Pavía, aparece el más importante símbolo de las enseñas militares españolas: el Aspa de Borgoña. Inicialmente son dos listas cruzadas, pero acaban siendo dos troncos de árbol en color rojo en X; este color procede de la Reconquista, pues en las enseñas y en los escudos era el color más abundante. Las banderas de infantería tienen el extremo redondeado, pero a finales del siglo la moda les hace cuadrangulares. El tamaño va aumentando para que se vea bien entre el creciente número y altura de las picas. El colorido de la tela es muy simple pero se evoluciona hacia variadas divisiones y colores, ya que cada Capitán quiere una bandera distinta a la de los demás, manteniendo el Aspa de Borgoña.

        "Los Capitanes de Caballería utilizan grandes estandartes con dos puntas muy largas, junto con otros dos cuadrados y pequeños. Los colores más frecuentes son el rojo, el amarillo y el blanco sobre los que se sitúan imágenes sagradas, el Aspa de Borgoña en dorado, escudos, etc. Las banderas principales de los castillos y fuertes tienen el escudo del Rey y las secundarias el Aspa de Borgoña roja, en ambos casos sobre fondo blanco. Las banderas de los buques son prácticamente iguales que las izadas en las fortificaciones."

        "3-. Siglo XVII: Las banderas de las Compañías de Infantería siguen cuadrangulares y con el Aspa roja sobre combinaciones de color que llegan a una gran complicación. Hasta el primer cuarto de siglo el tamaño del tejido va creciendo hasta más de 3,5 metros de lado, iniciándose un paulatino declive a la vez que la moda impone diseños más simples. Los estandartes de las Compañías de Caballería se reducen sólo a los de forma cuadrada de unos 50 centímetros de lado que, entre uno y otro lado, llevan los símbolos particulares ya citados. En castillos, fuertes y buques no hay apenas variaciones respecto del siglo anterior."

        "4-. Siglo XVIII: Se inicia el siglo con la novedad de que las banderas y estandartes dejan de ser particulares de los Capitanes y pasan a expresar la autoridad del Rey; se fijan los tipos, el número, las dimensiones, el colorido, los símbolos, etc. Así, tras una fase de transición, en 1.728, el Rey manda que en los Regimientos de Infantería la "Coronela" sea blanca con el escudo real y las "Sencillas", blancas también, con el Aspa roja y en las esquinas el escudo regimental. En cuando a estandartes de Caballería y Dragones, también se fijan sus detalles: uno por Escuadrón (reunión de varias Compañías), de color rojo y con el escudo real en un lado y en el otro el del Regimiento."

     

        "La Artillería recibe por primera vez banderas en 1.710: La "Coronela" es blanca con el escudo real adornado con leones y trofeos artilleros y las "Sencillas" son azules con el aspa roja y adornos específicos. En las banderas de castillos, fuertes y buques no hay variaciones de importancia, manteniéndose las banderas principales equivalentes a las "Coronelas" de los Regimientos y las secundarias, equivalentes a las "Sencillas". Hasta el reinado de Carlos III no se producen variaciones sustanciales: las banderas se reducen a 1,46 metros de lado y su número queda en dos por Batallón."

        "Primer hito en la génesis de la bandera nacional"

        "En lo que respecta a la génesis de la actual bandera nacional, se produce el primero de los hitos: el cambio de la bandera de los buques de guerra. Aduciendo razones prácticas, el Rey manda en 1.785 un nuevo modelo compuesto por tres listas horizontales, amarilla la central y rojas la superior y la inferior, en proporciones 1/4 - 1/2 - 1/4, llevando la lista amarilla un nuevo escudo compuesto por un sólo cuartel de Castilla y uno de León y la corona real como timbre. Esta nueva bandera corresponde también a las fortificaciones e instalaciones de la Armada y, en el año siguiente, se extiende a las fortificaciones de la costa que guarnece el Ejército, que poco a poco pasa a utilizarlas en las del interior. De este modo, estos colores empiezan a ser asociados a España. Sin embargo, aún no puede considerarse esta nueva bandera como "nacional" puesto que los buques mercantes reciben un modelo específico y diferente a la de los buques de guerra y en los Regimientos del Ejército no se modifican las banderas y estandartes, pues continúan utilizando las enseñas reales de colores propios y diferenciados."

        "5-. Siglo XIX: En el inicio de este siglo no hay más variaciones importantes que la reducción a una bandera por Batallón. En 1.801 el Regimiento de Zapadores-Minadores, como la primera unidad de tropas del Arma de Ingenieros recibe banderas específicas. Su bandera "Coronela" es morada (en tono granate) con el escudo real y la "Sencilla" o "Batallona" del mismo color, con el Aspa roja, coronas en sus extremos y castillos y leones sueltos, tomados de la heráldica real."

        "Nuevos hitos en la génesis de la bandera nacional"

        "En el inicio de la Guerra de la Independencia se registra la progresiva asunción de los colores rojo-amarillo - rojo como representativos de las ideas de Nación - Ejército - pueblo en armas - soberanía -independencia - integridad territorial."

        "El Batallón Fernando VII, segundo de los Cazadores de Valencia, creado en mayo de 1.808, utiliza una bandera roja - amarilla - roja, en lugar de la normal blanca con Aspa roja de la Infantería.

        "La victoria de Bailén, que sacude a toda Europa pues los españoles demuestran por primera vez la vulnerabilidad de las tropas napoleónicas, se conmemora por medio de una medalla creada el 11 de agosto de 1.808 cuya cinta de los colores rojo - amarillo - rojo."

        "Y así, paulatinamente, durante la Guerra de la Independencia se va extendiendo la asociación de estos colores a una doble realidad:"

        "Por un lado, el sentimiento popular de pertenencia a la Nación española, que se ve amenazada seriamente la conservación de su independencia como pueblo, su idiosincrasia, su patrimonio histórico y cultural, su religión, sus instituciones, etc."

        "Por otro lado, las clases rectoras de la sociedad que, en Cádiz, tratan de alumbrar una nueva forma de gobernar España por medio de una norma suprema, la primera Constitución, de la que derivarían las demás leyes."

     

        "Por ello, cuando, acabada la guerra se reorganiza en 1.820 la Milicia Nacional, de claro talante progresista, recibe banderas rojas, amarillas y rojas en cuya lista central va bordada la palabra CONSTITUCIÓN. Las pugnas ideológicas por las que pasa España en estos años culminan en 1.833 en la guerra entre el conservadurismo carlista y el progresismo, cuya victoria militar, política y social permite culminar la transformación de la antigua Monarquía Absoluta en la moderna Monarquía Parlamentaria, basada en la Constitución."

        "Establecimiento de la bandera nacional"

        "Expresión conjunta tanto del sentimiento popular de que los españoles se ven representados en los colores rojo, amarillo y rojo, como de la modernización del Ejército, la política y la administración españolas, es la adopción oficial el 13 de octubre de 1.843 como enseña nacional, la de los colores rojo, amarillo y rojo. No obstante, algunas Unidades quieren mantener las antiguas banderas reales lisas. Estas banderas son ahora moradas en tono azulado, por inspiración del entonces indiscutido, pero falso, "pendón morado de Castilla". Superada en el Ejército la transición derivada de cambio tan sustancial, no se registran diferencias en las banderas y estandartes, salvo en banderas de determinadas Unidades de Voluntarios."

        "6-. Siglo XX: El siglo comienza con la reducción de las banderas y estandartes a una sola enseña por Regimiento, ya que desde finales del siglo anterior, y debido a la adopción del "orden abierto" en el campo de batalla, ya no se necesitan las enseñas como referencias tácticas. De estos años es la progresiva adopción de las armas "de España" compuestas por los cuarteles de Castilla, León, Aragón, Navarra y Granada, más Borbón, en lugar de las adoptadas en 1.843 que eran, en realidad, armas "del Rey" (cuartelado de Castilla y León y Granada más Borbón)."

        "La II República (simple forma de Estado) abandona la bandera nacional de España (ente superior y trascendental a las contingencias políticas) y en abril de 1.931 adopta los colores rojo, amarillo y morado oscuro en terceras partes, cayendo en el doble error de dar crédito al inexistente "pendón morado de Castilla" y situar este color en una nueva bandera que, pretendiendo ser "de España", alude a una Castilla extemporánea y dominadora."

        "El bando "nacional" recupera en agosto de 1.936 la tradicional bandera española roja, amarilla y roja, estableciendo poco después un escudo nacional basado en el de los Reyes Católicos."

        "En la actualidad, la bandera de España está recogida en el artículo 4.1 de la Constitución de 1.978 y su modelo de escudo está fijado en la Ley 33/1.981."

        "La enseña nacional adopta en el Ejército las formas de Bandera o Estandarte para los Regimientos y Centros de Enseñanza, y Bandera de driza para las Bases, Acuartelamientos, Establecimientos, Estacionamientos y, con pequeñas diferencias, para los Buques."

        ATAQUE A CAMPAMENTO ROMANO

       Las Campañas de César en las Galias, 52 antes de Cristo: De las más famosas gestas militares de Julio César, ha sido la de las Galias una de las más representativas, tanto del propio personaje histórico como de su tiempo y del tiempo de las legiones romanas. Dirigiendo un programado sistema de expansión militar, el ejército romano de tiempos de la República se expandió por toda Europa, conquistándola.

          La llamada Campaña de Las Galias, en particular, alcanzó su punto culminante en el asedio de Alesia, donde el líder Vercingetórix se atrincheró junto con unos 80.000 hombres (aunque las cifras varían según la fuente, es esta la que más se repite), esperando que las legiones romanas asaltaran la plaza. Lejos de caer en la estrategia enemiga, Julio César decidió sitiar a sus enemigos, para lo que construyó uno de los mayores campos fortificados de la historia de la ingeniería militar.

     

        Los romanos eran expertos en las labores de zapa, y crearon un sistema de empalizadas, torres y baluartes que rodearon completamente a los celtas, fortificados a su vez en sus propias defensas, levantando por un lado una muralla de troncos frente a la de sus enemigos y por el otro una segunda empalizada desde la que repeler posibles refuerzos que trataran de romper el cerco.

      Los acontecimientos que se desarrollaron a lo largo de todo el asedio fueron dramáticos, ya que rechazadas todas las fuerzas de socorro que los aliados de Vercingetórix mandaron para ayudarles, los galos se dieron cuenta de su situación. Su resistencia fue tenaz, y el líder galo expulsó a las mujeres y los niños fuera de la ciudad, esperando que los romanos se ocuparan de ellos o les permitieran salir del cerco. Sin embargo, lejos de ello, no se permitió a los no combatientes salir de la zona rodeada por la empalizada romana, de tal modo que quedaron entre los dos ejércitos y sus trincheras, donde poco a poco el hambre pudo con ellos, como más tarde podría con los defensores, dando a Roma una victoria aplastante sobre sus adversarios.

      Sobre la organización de las legiones, el sistema de combate romano establecía una serie de unidades, denominadas cohortes, colocadas de forma ajedrezada, formando líneas unas detrás de otras, de tal modo que cuando las primeras unidades del sistema comenzaran a acusar la fatiga, se replegaran, siendo sustituidas por la segunda línea. 

      El primer grupo de soldados consistía en los denominados Velites, tropas hostigadoras ligeramente armadas con jabalinas y escudos, y casi sin ninguna armadura, debido a que su función era la de desorganizar a las fuerzas enemigas que asaltaran la formación romana. Una vez cumplida dicha función, se replegaban detrás del resto de líneas, compuestas por los llamados Hastati, Triarii y Princeps, cuyo armamento y armadura superaba con mucho al de los Velites y formaba el cuerpo de combatientes de la legión, siendo los que llevarían el peso de los combates cuerpo a cuerpo. El sistema implicaba que las unidades de retaguardia serían las más acorazadas, manteniéndose frescas hasta que llegara el momento decisivo de dar el golpe mortal al ejército enemigo.

      Además, la costumbre en tiempos de la República era marchar con un número aproximado de legiones propias como de aliados, siempre que fuera posible. Así, se dieron muchos casos de marchas de ejércitos compuestos de dos legiones de la propia Roma y otras dos de sus aliados, reclutados ad hoc para la campaña.

      Aunque el sistema de lucha y armamento romano varió según la época, en especial tras la llamada “Reforma de Mario”, no es ese el objeto de nuestro estudio y por ello queda para otra ocasión su análisis. 

      En referencia a los campamentos, una de las principales características de su tiempo de las legiones fue su capacidad de establecer bases permanentes o temporales a lo largo de sus recorridos hacia la batalla. En terreno hostil, los legionarios dedicaban gran parte de la tarde a levantar fortificaciones tras las que poder descansar con tranquilidad, siendo las legiones totalmente autosuficientes en lo que a mano de obra e ingenieros se refiere.

       Por definición, el campamento se rodeaba de un foso, en el que se colocaban estacas, y con cuya tierra extraída se levantaba un parapeto, en el que se clavaban troncos, dando una empalizada de considerable altura que cualquier invasor tendría que escalar para asaltar el interior, donde se alineaban las tiendas.

      Como si de ciudades se tratara, los campamentos incluían vías principales entre las puertas, que podían ser dos ó cuatro, según el tamaño y las necesidades. Estas calles se encontraban en el foro, donde se hallaba la tienda del General y los estandartes de la legión. Tal fue la organización y estabilidad de algunos de estos campamentos, que a largo plazo se convertirían en verdaderas ciudades, como fue el caso de León.

      El diorama representaba un ataque galo contra un campamento romano en los prolegómenos de la campaña, con un asalto clásico de caballería e infantería que cargan como masas de guerreros contra una disciplinada formación romana que aguarda la acometida.  El mayor problema para una legión era ser cogida en orden de marcha o si rompiera la formación, para lo que la disciplina de la época era draconiana.

     

        -Banderas (I y II): Las dos primeras banderas que se encontraban en la exposición, siguiendo el orden cronológico, eran las de los Caballeros de Malta por un lado y el Escudo de Armas de Carlos V. En el primero de los casos, destaca la heroica resistencia que 300 caballeros malteses hicieron contra el asedio de decenas de miles de soldados otomanos, logrando mantener la plaza bajo el símbolo de Cristo. En aquellos tiempos, la utilización de la Cruz era una iconografía habitual en las órdenes religiosas, combinando colores rojo, blanco y negro. Por su parte, en lo que al segundo estandarte se refiere, la bandera incluye los escudos de los territorios que en aquél momento conformaban la Corona de las Españas (el término España como concepto moderno es muy posterior).

        BATALLA DE TRAFALGAR

         A principios del siglo XIX, las monarquías europeas contemplaron con horror cómo la muchedumbre francesa se alzaba contra la Corona y decapitaba a su titular. Una serie de revoluciones culminaron con la llegada al poder de Napoleón Bonaparte, quien rápidamente cosechó una serie de victorias militares que desembocaron en las llamadas Guerras Napoleónicas. Varias coaliciones, formadas por el resto de países europeos, se enfrentaron al todopoderoso ejército francés al mando de su hábil Emperador, siendo derrotados una vez tras otra. Asentados sus dominios europeos, Napoleón Bonaparte giró su vista hacia el enemigo más invulnerable debido a la barrera natural que le ofrecía el Canal de la Mancha: Inglaterra.

 La Armada Real Británica o Royal Navy, principal baluarte en la defensa de la isla, era de las mejores, por no decir la mejor, de la época. Se regía por el sano principio de que en caso de duda siempre tendría la razón el oficial que dirigiera la proa de su navío contra el enemigo, y sus hombres eran duros y buenos navegantes. Además, contaba con destacamentos de Infantería de Marina que eran determinantes en los abordajes, y contaba con hábiles y diligentes mandos, como el famoso Horatio Nelson.

 Por su parte, la flota francesa era incapaz por número y preparación de enfrentarse en solitario a tamaño enemigo, por lo que Napoleón Bonaparte pospuso la búsqueda del enfrentamiento hasta que las condiciones fueran más favorables. Sin embargo, la influencia francesa en España ofreció la posibilidad que desde Paris se buscaba. Enemiga también tradicional de Inglaterra, la Armada Real Española se componía de una flota de gran tamaño construida con maderas del Arsenal de La Habana, y se conformaba de tripulantes adiestrados y una oficialidad competente, aunque no así por desgracia algunos de sus almirantes. Sea como fuere, como el mando de la escuadra recayó en manos francesas, poco importaría la capacidad o incapacidad de los oficiales de la Armada Real.

             Existían básicamente dos sistemas de entablar batalla haciendo uso de la artillería. El primero de ellos era aprovechar el balanceo provocado por el oleaje y esperar a que el costado del buque permitiera un ángulo de disparo que dirigiera la andanada contra el velamen del adversario. Cuando esto ocurría, se disparaba la batería entera y se procuraba destruir su arboladura, con el fin de inmovilizarlo y de ese modo hacerse con él. En ocasiones se lograba romper incluso alguno de los principales palos, que caían sobre la cubierta y al agua, deteniendo en seco el barco atacado y dejándole a merced de su adversario.

     Por el contra, el segundo sistema era bastante más convencional. Consistía en abrir fuego directamente contra el casco del buque enemigo, con la intención de abrirle una vía de agua y hundirlo. Era esta una tarea complicada, debido al grosor que alcanzaban los costados de los barcos de la época, que en ocasiones eran apenas astillados por el disparo de las piezas de menor calibre. El desarrollo posterior de artillería de mayor tamaño permitió el desarrollo en mayor medida de este sistema a largo plazo, pero ello sería bastante más adelante, y pocos barcos de la época se perdieron de este modo.

     

     Por supuesto, además del intercambio de bocas de fuego, existía un sistema bastante más primitivo y convencional para entablar batalla: el abordaje. Aunque efectivo, un abordaje era una maniobra arriesgada, no sólo por el hecho de que ambos buques debían aproximarse mucho y aprehenderse mediante cabos, sino que además podía darse el caso de que la fuerza atacante fracasara en su misión y pasara a ser defensora. Además, existía el caso de que al hundirse el buque abordado arrastrase con él al atacante, aunque se solían tener hachas preparadas para cortar los cabos en caso de producirse esa eventualidad.

 El abordaje comenzaba con una andanada de baterías que barría la cubierta del buque enemigo, con el fin de mermar su fuerza y obligarle a enfrentarse en posición de inferioridad. El fuego era combinado con el uso de carronadas, pequeños cañones diseñados para disparar desde posiciones ventajosas contra el adversario, al tiempo que la infantería de marina, si la había por tenerla el país en conflicto, cubría la operación con disparos de mosquete. A continuación, las partidas de abordaje se lanzaban al asalto aprovechando el uso de garfios con los que enganchaban el buque asaltado y se entablaba un duro combate cuerpo a cuerpo hasta que uno de los dos bandos se imponía al otro. Se capturaron multitud de barcos con este sangriento sistema.

 El diorama en sí refleja un enfrentamiento ambientado en una parte de la famosa batalla de Trafalgar.

Representa un segmento de la escuadra franco española con varios navíos de dos puentes y algunas fragatas, a los que se une el famoso “Santísima Trinidad”, el mayor navío de la época, con 136 cañones y cuatro cubiertas (la cuarta es discutible según la fuente, ya que es una “sobrecubierta” un tanto especial, y el dato de la artillería en otras fuentes data de 120 cañones), que se enfrenta a una homóloga británica.

 En lo referente a la escuadra inglesa, el mayor buque representado es un navío de tres puentes, el “Victory”, de larga tradición en la Royal Navy. Junto a él navegan otros navíos de línea de dos puentes y varias fragatas, manteniendo la formación en línea característica de la época y de la guerra naval en general, de modo que se facilite el mantenimiento de la formación y las comunicaciones.

 Durante el enfrentamiento de la mencionada Batalla de Trafalgar, la flota británica, comandada por el almirante Nelson, realizó una agresiva maniobra, aprovechando su mayor maniobrabilidad y la ventaja del viento, cortando en dos la fuerza franco española, parte de la cuál trató de escapar, con resultados infructuosos, del enfrentamiento, logrando los ingleses una ventajosa victoria que les dio el dominio definitivo de los mares.

        -Uniformes: Acompañando a la exposición de miniaturas se encontraban dos uniformes de Guardias de varios países, en el primer caso de los Coldstream Guards, y en el segundo, de la Guardia Rumana, ambos utilizados en ceremonia en la actualidad.

        BATALLA DE LA ALBUERA

        La Batalla de La Albuera, 16 de mayo de 1811: Lord Beresford desplegó a sus tropas ocupando las alturas que se desarrollan desde La Albuera hacia el Sur, teniendo detrás la ribera de Valdesevilla y delante de la Chicapierna, dando frente al camino de Sevilla. Situó el ala izquierda y el centro detrás del pueblo, siguiendo un arco que partía de la ribera de La Albuera y extendiendo el ala derecha por las alturas de Grajera en dirección a Capela.

                El centro de la línea de batalla aliada estaba formada por la División de Steward, en la que combatían también tropas portuguesas del teniente general A. Luiz Fonseca. El pueblo de La Albuera quedó ocupado por la brigada ligera de Charles von Alten, perteneciente a la KGL. A Alten se le encargó la tarea de mantener la defensa de los puentes, misión para la que estaría apoyado por la caballería portuguesa al mando de Olwav, que formó a su retaguardia, así como por unas piezas artilleras, emplazadas detrás de la iglesia.

     

    El ala izquierda la constituían la División portugesa de Hamilton y la División de Cole, que llegaría al campo de batalla procedente del Sitio de Badajoz. El ala derecha, dando frente al camino real de Sevilla, estaba formada por las tropas españolas bajo el mando de Blake. Se desplegó en primera línea a la división de Ballesteros y a continuación la de Lardizábal. Detrás se situó en segunda línea la división de Zayas. A las tropas de Blake se unieron la de Castaños, mandados por el general Carlos de España, que se situaron a sus flancos.

    Al extremo del ala derecha se colocó la caballería española, también en dos líneas: la primera la de Castaños, al mando de Penne-Villemur, y la segunda la de Blake, a las órdenes del brigadier Loy y el coronel Manon. Al extremo del ala izquierda se desplegó la caballería británica bajo el mando del general William Lumley. Por último, de la División portuguesa de Hamilton se separó una brigada para formar la reserva del dispositivo aliado.

     El día 13 de mayo, se entrevistan en Valverde de Leganés el capitán del 5º Ejército Español, Castaños, y el general Beresford, del cuerpo angloportugués, para acordar un plan de batalla conjunto ante el avance de las tropas francesas del mariscal Soult en Extremadura; unos 20.000 infantes, 4.500 jinetes y 40 cañones.

     Los aliados acuerdan que Beresford será quien lidere su ejército al declinar el honor Castaños, por aportar este más tropas, en total reunen en La Albuera a 30.000 soldados, de los cuales 14.600 son españoles, y 3.600 jinetes, de ellos 1.700 anglolusos no han podido llegar, y 32 piezas de artillería de campaña.

     Los aliados toman posiciones, formando a la derecha, en el Almendral, las tropas hispanas del general Blake apoyadas por caballería. Los angloportugueses forman a la izquierda, entre los caminos de Valverde y Badajoz, con parte de su caballería. En el centro forman dos divisiones en primera línea y otra detrás, con la artillería. El pueblo de La Albuera, en el flanco derecho, es defendido por un destacamento inglés.

    La madrugada del día 16, los franceses avanzan a La Albuera, emplazando ya Soult una división de infantería, dos regimientos de dragones, y una batería de artillería ligera con la que cañonean el centro y la izquierda aliada, mientras la infantería carga entre los matorrales del río Nogales contra la derecha pretendiendo envolver a los aliados. Los aliados se percatan de la táctica y deciden maniobrar para reforzar su ala derecha, posicionándose allí las tropas españolas de Blake, entablándo una cruenta lucha contra las dos divisiones francesas, a cuyo apoyo Soult manda otra de reserva y la caballería mandada por Latour-Maubourg.

Tras una intensa lucha, Castaños envía al frente a todas las divisiones españolas, y un par de batallones, al mando del general Ballesteros, tratan de envolver a los franceses por su derecha, obligando a Soult a enviar allí el resto de sus reservas. Mientras, el ala derecha aliada, defendida por los españoles de Blake, comienza a ceder a los sucesivos asaltos franceses, quienes logran ocupar las lomas haciéndoles retroceder. Beresford envía en socorro de los hispanos a las divisones anglolusas de los generales Steward y Cole, contienen a los franceses, e inician un contraataque.

 Los lanceros polacos y los húsares franceses, aprovechando la densa humareda proveniente de las descargas de artillería y fusilería, logran rebasar el flanco derecho aliado y atacar la retaguardia de Steward, dispersando su división, apresando 800 soldados, su artillería y 3 banderas; una brigada británica sufrió un 80 % de bajas.

        

 El contraataque aliado es detenido, pero una parte de los jinetes franceses, eufóricos por su éxito, cargan contra las dos líneas aliadas del centro, siendo aniquilados por la infantería, y el resto es dispersado por la caballería española de Penne-Villemur. Soult ordena un segundo ataque, aproximándose ambos ejércitos hasta fusilarse apenas a 20 pasos de distancia. Beresford envía más fuerzas al frente, al negarse los hispanos a enviar más tropas, y los franceses vuelven a mandar todas sus reservas. Pero superados en número, los galos comienzan a ceder al ser diezmados.

 Finalmente, las brigadas de caballería de Harvey y Myers cargan contra el flanco enemigo, mientras la división española del general Zayas lo hace contra el centro. Los franceses se retiran en desbandada colina abajo, pero su caballería y artilllería impiden a los aliados perseguirles, terminando así la lucha tras cuatro horas de combate.

     Los aliados sufren en total 6.000 bajas, 4.300 de ellas inglesas y 1.400 españolas; entre ellos resultaron muertos los generales hispanos Velarde y Párraga, quedando heridos otros dos ingleses y un español. Los franceses tienen 8.000 bajas, entre ellas resultaron muertos los generales Pepin y Werlé, quedando heridos otros tres.

             Al día siguiente, 17 de mayo, ambos ejércitos permanecen uno frente a otro, pero al llegar la noche será Soult quien emprenda la retirada, llegando el 23 a Llerena, donde espera recibir refuerzos; la cruenta batalla de La Albuera no ha sido decisiva, aunque Wellington pedirá a Beresford que informe a Inglaterra como hubiera sido un triunfo.

            NOTA: El texto del anterior diorama fue realizado por don Miguel Abellán Gutiérrez.

        -Banderas (II): Junto con las batallas napoleónicas, se exponían algunas banderas del período o incluso anteriores. Primeramente, se encontraba la bandera del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, que se forma con los diferentes estandartes de los reinos que forman el país. Así, se encuentran la Cruz de San Jorge, la de San Andrés y la de San Patricio, representando todos ellos a los reinos de Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte. Junto a ella se exponía el estandarte bávaro, cuyas tropas participaron en las Guerras Napoleónicas, y finalmente se incluía un estandarte del período justo anterior, la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, con la famosa serpiente sobre las barras y estrellas y el lema "no me pisotees", símbolo de protesta contra la Corona.

        WAD RAS

        La Batalla de Wad-Ras, 23 de marzo de 1860:

                “Soldados, vamos a cumplir una noble y gloriosa misión. El pabellón español ha sido ultrajado por los marroquíes, y la Reina y la Patria confían a vuestra labor el hacer conocer a ese pueblo semibárbaro que no se ofende impunemente a la nación española.”

                                                                                              Leopoldo O´Donnell, Presidente del Gobierno.

         El 10 de agosto de 1859 se producía el incidente del ataque de Santa Clara, en el que un grupo de marroquíes de la Cábila de Anyera asaltarían un puesto defensivo que protegía las obras de construcción del perímetro de Ceuta, destruyendo varios postes con el escudo del Reino de España y defecando en ellos. Aunque la piratería berberisca y los continuos hostigamientos por parte de las cábilas circundantes de Ceuta contra la propia ciudad fueron los principales causantes de la intervención española en el Norte de África, lo cierto es que tradicionalmente se considera este incidente en el puesto de Santa Clara como el detonante de la guerra.

     

             Las gestiones diplomáticas se demostraron infructuosas al no llegar ambos países a un acuerdo, y finalmente la paciencia española acabó por torcerse e imponer al Señor de los Creyentes (título ostentado por el Sultán de Marruecos) un ultimátum en el que se pedían compensaciones por la ofensa sufrida por la actuación de los de Anyera. El plazo expiró el día 22 de octubre, y finalmente el Congreso de los Diputados votó unánimemente la declaración del Estado de Guerra con el Imperio Alauita. Dos días después dicha declaración se hacía oficial para el gobierno del Sultán.

                                “¡Soldados! ¡Vosotros podéis abandonar esas mochilas porque son vuestras, pero no podéis abandonar esta bandera porque es de la Patria! Yo voy meterme con ella en las filas  enemigas. ¿Dejaréis que este estandarte de España caiga en poder del enemigo?¿Dejaréis morir solo a vuestro general?”

                                                                                                               General Prim, batalla de Los Castillejos.

             En noviembre desembarcaban en Ceuta las primeras unidades del cuerpo expedicionario como tal, aunque varios regimientos llevaban tiempo emplazándose en previsión de la ruptura de las hostilidades y para proteger la ciudad, que había estado sufriendo asaltos mientras se llevaban a cabo las gestiones diplomáticas, y bajo el mando del General Prim.

             Los avances dieron como resultado los primeros enfrentamientos serios en Sierra Bullones, donde las fuerzas locales marroquíes fueron derrotadas, mientras que en Ceuta seguían desembarcando refuerzos. Por su parte, Muley-el-Abbas, general en jefe marroquí, y hermano del Sultán, desplazaba a sus fuerzas hacia Ceuta y se preparaba para atacar.

             Varios ataques de las fuerzas alauitas fueron rechazados, mientras los ingenieros terminaban de preparar la carretera de avance a Tetuán y terminaba de desembarcar el ejército español, sufriendo varias epidemias. A primeros de 1860, se iniciaba el avance en territorio marroquí.

             Los avances españoles implicaron varias batallas, todas ellas victorias sobre un enemigo feroz y combativo, pero que no pudo superar la disciplina europea, de las que las más famosas fueron Guad El Jelú o Río Martín, donde el Regimiento de Cantabria destacó por su disciplina aguantando en solitario varios ataques enemigos en masa, o la de los Castillejos, donde se puso en fuga al enemigo tras una serie de choques cerrados. El día 4 de febrero 40.000 marroquíes se lanzaban contra las tropas de la Reina y eran rechazados delante de Tetuán, rindiéndose la plaza y quedando en manos españolas el día 6 de febrero de 1860.      

            “Nunca hemos visto tantos moros juntos: nunca se han presentado masas tan numerosas y tan compactas: nunca han combatido con tanto valor, nunca con tanta inteligencia.”

                                                                Pedro Antonio de Alarcón, Diario de un Testigo de la Guerra de África

             El 23 de marzo de 1860, las fuerzas españolas reanudaban el avance cuando se recibió el fuego de los hostigadores enemigos. Daba comienzo la batalla de Wad-Ras. Rápidamente, el General Ríos ordenaba un ataque contra las alturas de Samsá, asaltando después el monte que daría nombre a la batalla, el propio Wad-Ras. Un contraataque enemigo que pretendía dividir las tropas españolas fue rechazado con fuertes pérdidas para los atacantes, mientras que las fuerzas alauitas se reagrupaban y trataban ahora de envolver los flancos, adoptando una formación de media luna y desplegando abundante caballería, al tiempo que los Voluntarios Catalanes cruzaban el río y casi eran aplastados debido al alto número de bajas en cuerpo a cuerpo, hasta que fueron auxiliados por el General Hediger y se aseguró la posición.

             Para las dos de la tarde, el frente se había estabilizado y se recuperaban formaciones y avances, cruzando el río el segundo Cuerpo de Ejército. Prim y sus fuerzas ocuparon el aduar de Amsal, incendiándolo y desalojando al enemigo, pero las tropas marroquíes, también reagrupadas, volvieron a la carga, intentando aislar a las unidades de Prim. Serían rechazados por las tropas de Ros de Olano, y de nuevo quedó estabilizado el frente, circunstancia que aprovechó el General O´Donnell (quien además era el Presidente del Gobierno) para ordenar un ataque general, que culminó con la desbandada marroquí.

     

             Cuando el humo se dispersó, los cuerpos de 137 muertos yacían dispersos por el campo de batalla. Otros 1125 estaban heridos. Por su parte, las bajas de los seguidores del Sultán se contaban por centenares, contabilizando más de mil. Los heridos superaban con creces esas cifras. La capacidad combativa de los marroquíes había dejado de existir, y poco después se firmaría la rendición.

             Como gesto de victoria, las victoriosas tropas españolas entregaron las piezas de artillería capturadas en la batalla a la fundición de Sevilla, que en 1872 las convertiría en los leones que actualmente custodian la puerta principal del Congreso de los Diputados, bajo el nombre de Daoiz y Velarde, en honor a los oficiales de artillería que el dos de mayo de 1808 suministraron armas al pueblo de Madrid en su lucha contra los invasores de la Francia Napoleónica.

        -Las banderas (III): Como no podía ser de otro modo, una parte de las banderas expuestas trataba uno de los temas principales del evento, esto es, la Guerra de Secesión. Dado que las banderas que posee la UEO de la Unión estaban en el campamento federal, en la exposición sólo se exhibieron las banderas confederadas, una de ellas del Regimiento Irlandés de la Confederación (Emerald Guards) y otra la bandera de batalla de la misma (que no obstante no era la bandera nacional, sino la de guerra).

        VICKSBURG

        Batalla de Vicksburg, 1863: La Campaña de Vicksburg fue una serie de batallas y maniobras de la Guerra de Secesión realizadas contra dicha ciudad, una fortaleza que dominaba parte del y que se encontraba en poder de las tropas sudistas.

            El Ejército del Tennessee, bajo el mando del General Ulysses S. Grant debía capturar la fortaleza, enfrentándose a los aguerridos soldados del teniente general John Pemberton para así poder hacerse con el control del río.

La campaña conllevó una serie de acciones navales de relativa importancia, intentos de asalto fallidos y once batallas que tuvieron lugar entre el 26 de diciembre de 1862 y el 4 de julio de 1863.

El General Grant era consciente de que debía conseguir mantener a los sudistas aferrados a su terreno, y así evitar que retomasen la iniciativa en la guerra presionándolos con ataques federales en su frente. La consecuencia directa de esta forma de actuar fue la campaña de Vicksburg. Esta era una ciudad fortificada con un gran valor estratégico, ya que permitía controlar una parte crucial del río junto al que se había erigido. Precisamente, esta cercanía del Missisipi a la ciudad, permitió que diversas unidades navales tomasen parte en las operaciones militares. 

Vicksburg tenía una gran importancia para el ejército del Sur. En un momento en el que la guerra no marchaba especialmente bien para los soldados de gris, se antojaba fundamental para su supervivencia mantener la ciudad fortaleza. De hecho, era un punto de equilibrio para las posiciones confederadas, si se perdía, podía desestabilizarse todo el frente en la zona. El asedio a la ciudad fue una campaña dura y de desgaste. En los últimos días de 1862 Sherman ya se había estrellado contra sus muros, en gran medida debido a que los confederados cortaron su línea de abastecimiento y el asedio se volvió imposible para los nordistas.

Una de las ventajas que presentaba la ciudad para su defensa, además del hecho de estar fortificada, era que el río, en la zona en la que bordeaba con la ciudad, presentaba un meandro en forma de herradura que delimitaba una zona de media milla de superficie, lo que dificultaba en gran medida el acceso a la misma. Junto a ello, la orografía del terreno, con pendientes muy pronunciadas, favorecía en gran medida la colocación de baterías de artillería que cubrieran una gran extensión de terreno con sus letales descargas.

     

El 26 de junio de 1863, Grant decidió enviar una nada despreciable flota con más de treinta navíos de toda clase a bombardear la ciudad para tratar de afectar a sus defensas. Durante dos días, los cañones que defendían la ciudad estuvieron respondiendo al fuego de las embarcaciones nordistas. Por fin, estas debieron ceder y retirarse sin lograr su objetivo, Vicksburg todavía tenía mucho que decir.

A pesar de las bajas que seguían sufriendo, los defensores no se daban por vencidos y luchaban con uñas y dientes. Por su parte, Grant veía que el asedio estaba saliendo muy caro en términos de bajas y material y empezaba a impacientarse. Por ello, tomó la determinación de asestar el golpe de gracia a la fortaleza. Tras ocupar Jackson, a 30 millas de Vicksburg (unos 50 kilómetros), Grant se apoderó de la única vía férrea que llegaba al bastión del Mississippi, evitando así que los confederados enviasen refuerzos a la maltrecha guarnición.

A mediados de mayo de 1863 Grant decidió, quizás de forma demasiado impulsiva, lanzar una serie de cargas contra la línea de trincheras sudista que fueron recibidas con un nutrido fuego de mosquetería. Incluso el propio Grant estuvo a punto de ser alcanzado por las descargas de los defensores. Tras esta impetuosa acción por parte de los soldados de azul, la situación se fue estabilizando poco a poco, y los nordistas empezaron a ganar, palmo a palmo, solo con mucho sudor y derramamiento de mucha sangre, el terreno que rodeaba la ciudad.

El 3 de julio, tras cerca de 60 días de combates ininterrumpidos, con los defensores cada vez más debilitados por las bajas, el hambre y la deserción de muchos de sus efectivos, Pemberton, que contaba todavía con casi 40.000 hombres en sus filas, si bien no todos en condiciones de seguir combatiendo, decidió negociar la rendición de la plaza.

Un día después, cumpliendo el acuerdo rubricado por los comandantes de ambos contingentes, los supervivientes confederados abandonaban la ciudad tras ser desarmados. Vicksburg había caído. Además de la inyección de moral en todo el Norte y de la satisfacción personal por la victoria, Grant logró capturar cerca de 170 piezas de artillería y más de 50.000 fusiles que pasarían a engrosar el arsenal del ejército federal.

Sin duda, la de Vicksburg fue una cruenta campaña en la que ambos bandos mostraron tenacidad y arrojo, y que demostró una vez más que, a pesar de la fiereza y determinación de los defensores, una fortaleza asediada de forma adecuada tarde o temprano acaba siendo conquistada.

NOTA: El texto explicativo del anterior diorama fue escrito por don Miguel Abellán Gutiérrez.

-Las Banderas (IV): Las siguientes banderas de la exposición incluían el estandarte alemán de la llamada Gran Guerra o I Guerra Mundial, con el Águila Imperial en el centro y los colores nacionales junto con la tradicional cruz en la parte superior izquierda, que posteriormente sería inspiración para la de la II Guerra Mundial. Junto a ella, se exponía la bandera del Guerra del Japón, el Sol Naciente (la diferencia entre la bandera de guerra y de paz del Japón es que en la de paz el sol aparece como un único y solitario punto rojo, mientras que en la de guerra se rodea de los rayos por todo el fondo blanco).

GUERRA ZULÚ

La Guerra Zulú de 1879: Batalla de Ulundi, 4 de julio de 1879: En 1877, Sir Henry Bartle Edward Frere, el recién nombrado Gobernador de la Colonia del Cabo, llegaba a la propia Ciudad del Cabo con una nueva idea de expansión para los dominios británicos en la zona, promocionada a través de la Secretaría de Estado para las Colonias, consistente en la creación de una Confederación de Estados en la zona de Sudáfrica que, por supuesto, serían todos leales a la Gran Bretaña.

Hacia noviembre de 1878, los preparativos británicos avanzaban a buen ritmo, pero seguía siendo necesaria una excusa de carácter grave para involucrar una autorización, al menos tácita, de la metrópoli, por lo que Frere se valió de cruces ilegales que los zulúes hacían a lo largo de la frontera (en ocasiones por razones como pudiera ser perseguir a delincuentes y fugitivos, pero Londres jamás fue informado de las circunstancias), y el día 11 de diciembre presentó un ultimátum al Rey Zulú Cetshwayo, que no se cumplió.

     

Los zulúes, por su parte, habían partido de Ulundi tras escuchar las palabras de su rey, y se aproximaban hacia la posición de Chelmsford. El 21 de enero, un grupo de reconocimiento del NNC, se encontró en la Garganta de Mangeni con una fuerza enemiga de unos 1.000 guerreros que obstaculizaban su avance, y lo comunicó de inmediato a su superior.

Chelmsford dirigió una fuerza de apoyo en la mañana del día 22, al tiempo que ordenaba a Durnford que acudiera a Isandlwana a apoyar a las fuerzas que quedaban allí estacionadas. Quedaba, pues, la columna británica, ajena a la tormenta que se avecinaba.

El campamento de Isandlwana quedó bajo el mando del Coronel Pulleine, totalizando más de 1700 hombres las tropas agrupadas en el campamento. Cuando una patrulla de caballería se topó con los zulúes, estos se lanzaron a atacar. De los 1700 hombres que había en el campamento sólo sobrevivieron 60 blancos (ni uno de ellos del 24º Regimiento) y 400 negros. Posteriormente los zulúes tratarían de tomar la misión de Rorke´s Drift, pero la guarnición logró defender la posición.

Mientras todos esos acontecimientos se desarrollaban en el campamento de la Columna Central, había tenido lugar horas antes la primera batalla seria de la guerra, la cción de Nyezane, donde el coronel Pearson logró vencer un impi de 6000 guerreros.

Los acontecimientos sucedidos en la batalla de Isandlwana se expandieron rápidamente a toda la población de Natal, y una oleada de pánico se apoderó de la sociedad colonia, que buscó refugio en los mayores ciudades de la zona. Londres por su parte envió refuerzos. A las unidades desplegadas en Sudáfrica se les unieron seis batallones de infantería, dos regimientos de caballería y varias baterías de artillería, entre ellas una dotada con ametralladoras Gatling. Pero todo ello tardaría en llegar, y mientras tanto las dos columnas restantes aguardaban. La del Coronel Pearson se fortificó en la misión de Eshowe, donde esperó un ataque que nunca se produjo, puesto que los zulúes decidieron asediar la posición.

Por su parte, las noticias de la derrota británica también recorrieron el Transvaal (República Bóer bajo control británico), y las noticias de movimiento secesionistas tuvieron como consecuencia inmediata el envío de parte de la columna del Coronel Rowlands, una de las dos de reserva, a asegurar la supremacía del control británico. Se dejó una guarnición del 80º Regimientos de Infantería y se enviaron tropas montadas a reforzar la columna de Wood. El 12 de marzo de 1879 una compañía del 80º Regimiento había acampado junto a un vado del río Ntombe cuando fue asaltada por la noche por un millar de guerreros zulúes, quienes aplastaron el campamento, y un ataque de Wood con caballería contra el monte Hlobane también terminó en desastre.

Los sucesos acontecidos en Hlobane pusieron en alerta a Wood, quien inmediatamente terminó de fortificar su campamento en Khambula. Poco después de desayunar, el 29 de marzo por la mañana, se presentaban los 20.000 guerreros del impi, reforzados con gran cantidad de guerreros Qulusi locales. Wood hizo salir a Buller y a sus hombres para que abrieran fuego contra una parte del ejército zulú, y de ese modo evitar que le asaltaran a la vez los cuernos y el pecho. El resultado fue  que el primero de los cuernos fue rechazado con fuertes pérdidas, y el otro cuerno y el pecho no lograron atacar a tiempo, de modo que Wood pudo desmantelar un asalto tras otro.

Lord Chelmsford, por su parte, dispuso un contingente que partió desde el Sur, con la intención de liberar la columna de Pearson, que todavía continuaba sitiada en Eshowe. Los zulúes que sitiaban la posición no iban a permitir semejante  operación sin presentar batalla, y así, el 2 de abril atacaban a la columna de rescate, que se atrincheró en el reducto de Gingindlovu, donde rechazó los ataques de unos 10 ó 12.000 guerreros enemigos, derrotándoles y liberando a los hombres de Pearson al día siguiente.

     

Liberada la posición de Eshowe, y derrotado el ejército zulú en dos ocasiones, Lord Chelmsford decidió reiniciar las operaciones y reemprender la conquista del país de Cetshwayo. El rey zulú, por su parte, había enviado emisarios de paz, pero una victoria diplomática no era una opción para el mando británico. Reiniciada la ofensiva, en una emboscada falleció el príncipe imperial francés en el exilio, Luis Napoleón, heredero del trono de los Bonaparte, que estaba agregado como observador en la campaña. Este suceso provocó un nuevo cisma contra Lord Chelmsford por las repercusiones internacionales y de desprestigio que tuvo el lamentable suceso.

La decisiva batalla buscada por Lord Chelmsford tendría lugar el 4 de julio de 1879, cuando la Segunda División (que seguía la ruta de la antigua columna central y de hecho integraba parte de ella) y la Columna Volante (la antigua columna de Wood, reforzada con parte del 80º Regimiento y con los dos regimientos de caballería, el 17º de Lanceros y el 1º de Guardias de Dragones, así como con  la batería 11/7 de ametralladoras Gatling) se unieron camino de Ulundi y emprendieron rumbo a la capital zulú. Tras pasar la noche en un campamento fortificado junto al río, ambas fuerzas cruzaron hacia el kraal principal y fueron atacadas por lo que quedaba del impi zulú. Más de 20.000 guerreros, venidos de todo el reino para la última batalla, acudieron a inmolar sus vidas ante el disciplinado fuego de fusilería británico y el atronador estruendo de cañones y ametralladoras. Poco después, los zulúes en desbandada eran perseguidos por el 17º de Lanceros, poniendo final a la campaña zulú.

LA GUERRA DEL PACÍFICO

        Campaña del Pacífico: Preparación de Asalto Anfibio aliado, 1944: La disyuntiva Nimitz-Mac Arthur: Tras la derrota japonesa a manos de la US Navy en la Batalla de Midway y los combates que rodearon la zona de Guadalcanal y las islas Salomón, se impuso en el Alto Mando Norteamericano una discusión sobre el mejor modo de continuar las operaciones y reemprender la ofensiva contra el Japón.

            La primera de las teorías provenía del General Douglas Mac Arthur, quien abogaba por la idea de ir “saltando” de isla en isla, desde Nueva Guinea a las Filipinas y desde allí al propio Japón. Existía en el corazón de este hombre un motivo personal de reconquistar cuanto antes las Filipinas, y era la famosa promesa que hizo cuando tuvo que evacuarlas: “Volveré”.

            De mentalidad bastante más práctica y menos sentimentalista, el artífice de Midway, el almirante Chester W. Nimitz, abogaba por un ataque directo contra las islas Marianas, de modo que se avanzara hasta el corazón mismo del Imperio del Sol Naciente. Sin embargo, la influencia de Mac Arthur fue superior, e inicialmente se decidió el ataque de isla por isla.

            La lentitud y el elevado conste en vidas del plan de Mac Arthur acabaron por dar al traste con sus operaciones, y después de la Batalla del Golfo de Leyte, en que el general americano pudo cumplir su promesa, el Presidente Truman decidió seguir el plan de Nimitz y atacar las Marianas, donde una inmensa fuerza de KAMIKAZES (aviones suicidas japoneses) fue derribada en la que se conoce como la “Gran Cacería de Patos de Las Marianas”.

            La batalla de las Marianas supuso el fin de la Flota Imperial Japonesa (Rengo Katai), y desde entonces las unidades aliadas operaron con total impunidad, construyendo bases de bombarderos B-29 con los que poder bombardear al propio Japón. 

            Ambientado en la época entre el Golfo de Leyte y la Batalla de las Marinas, refleja el despliegue típico de bombardeo naval previo al desembarco. Navegando cerca de la costa se encuentra una línea de destructores que realizarán un tiro de precisión contra las defensas enemigas, y que cuando se boten las lanchas de desembarco se ocuparán cada uno de proteger un grupo de ellas.

     

            El bombardeo principal se ejerce por los acorazados, que incluyen tanto unidades reflotadas de Peral Harbor como modernos acorazados como el Washington, con cañones de entre 356 milímetros y 406 en el caso de los más modernos. Finalmente, el grupo de protección, formado por los portaviones y submarinos, no debería aparecer en el diorama, por encontrarse a millas de distancia dando cobertura lejana contra un posible ataque de la flota nipona, pero se añade por dar visión de conjunto. Un hidroavión PBY-5 Catalina sobrevuela el área corrigiendo el tiro.

         LA BATALLA DE LAS ÁRDENAS

        Batalla de las Árdenas: Diciembre 1944-Enero 1945: A finales de 1944 parecía claro que la II Guerra Mundial estaba próxima a su fin, y desde el Alto Mando Alemán se buscaban formas de lograr una paz que permitiera seguir luchando contra los soviéticos, pactando con los aliados. A tal efecto, Hitler diseñó una ofensiva que, al igual que en la I Guerra Mundial, pudiera favorecer sus planes, logrando una paz con los aliados occidentales.

El ataque implicaría a todas las reservas acorazadas alemanas, y tendría como objetivo final Amberes, en Holanda, rompiendo el frente aliado y ganando así tiempo. Con la ventaja de la sorpresa y de la climatología, las columnas blindadas alemanas penetraron rápida y fácilmente a lo largo de toda la línea en la zona de Bélgica, obligando a retroceder en desorden a varias divisiones aliadas y asilando otras. Una de ellas fue la 101º División Aerotransportada Norteamericana.

 El 19 de diciembre las tropas acorazadas alemanas del General Von Luttwitz se desplegaban para cercar las posiciones americanas en la zona de Bastogne. Contaba el general alemán con tres divisiones, contra los 18.000 hombres de la 101 Aerotransportada del General Mac Auliffe. Una serie de ataques iniciales fueron rápidamente rechazados en feroces combates cerrados a corta distancia, logrando imponerse las tropas aliadas gracias a la ventaja de la posición.

Para el 22 de diciembre la situación se había tornado crítica, al desplegar los alemanes sus carros de combate y bombardear continuamente las defensas americanas. A las 11 de la mañana, Von Luttwitz, seguro de haber quebrantado la moral de los defensores, envió a cuatro oficiales con una bandera blanca para “acordar una honorable capitulación”, de modo que “se ahorre de ese modo la inevitable pérdida de vidas humanas que seguiría al ataque”. Von Luttwitz esperaba una inmediata rendición americana, o de lo contrario atacaría.

Sin embargo, el testarudo y tenaz Mac Auliffe no estaba dispuesto a pasar a la historia de los paracaidistas como el primer general americano al mando de ellos en rendirse. Indignado por la propuesta alemana, tomó una cuartilla de uno de sus asistentes de Estado Mayor y escribió en ella la palabra “Nuts!” (textualmente “nueces”, pero con un significado similiar  a nuestra expresión popular “¡narices!”). La respuesta dejó perplejos a los cuatro oficiales alemanes, y como quiera que uno de ellos solicitara cortésmente una aclaración, el ayudante de Mac Auliffe le contestó “Diga a sus superiores que Nuts! Significa algo así como Go to Hell! (¡váyase al infierno!)”.

 Ante la dificultad de los acontecimientos, se ordenó al más agresivo de los Comandantes aliados, el General George S. Patton, avanzar hacia Bastogne y romper el cerco, enlazando con los sitiados paracaidistas. El general americano no se hizo esperar, y sus tropas iniciaron un avance a marchas forzadas a toda la velocidad que le permitían sus vehículos (una frase famosa que refleja el carácter del general fue “mis hombres pueden comerse sus cinturones, pero mis tanques necesitan gasolina”).

La 4º División Blindada, perteneciente al III Ejército, recibió la orden de encabezar el avance y romper el cerco. Los combates a que se vio sometida fueron durísimos. En total, se perdieron 150 tanques y gran cantidad de vehículos de transporte como semiorugas y camiones de suministros. La necesidad de las circunstancias obligó a realizar avances y combates nocturnos, en enfrentamientos acorazados cerrados a cortas distancias, dándose varios de los combates más encarnizados de la campaña.

     

La agresiva respuesta del General Norteamericano Mac Auliffe, unida a la llegada de refuerzos alemanes a las posiciones alrededor del cerco, hizo redoblar los esfuerzos por romper las defensas aliadas, pero una vez más los paracaidistas americanos se aferraron al terreno y lograron mantener sus posiciones, aunque a un alto precio. La noche del 22 al 23 de diciembre fue una de las más frías, sino la que más, de las que ambos bandos tuvieron que soportar, si bien los sitiadores pudieron calentarse y descansar con la calma del que sabe que no será atacado.

La gélida mañana del 23 de diciembre dejó entrever tímidamente los rayos del sol, pero ello bastó para que la Fuerza Aérea Norteamericana hiciera despegar a sus C-47 de transporte para poder lanzar suministros sobre los sitiados. Como un regalo celestial, los paracaidistas lograron conseguir municiones y suministros, dándoles una renovada esperanza en la victoria. En total, 241 aviones de transporte C-47 del Comando de Transporte de Tropas lanzaron 544 kilogramos de suministros cada uno sobre las sitiadas fuerzas aliadas, lanzándolos en un intervalo de cuatro horas, lo que supuso un respiro para las acosadas tropas de Mac Auliffe.

 El día 3, espoleados por la ofensiva de Patton, elementos del II Cuerpo norteamericano se unían a la ofensiva, mientras que el propio Patton, con su III, abría brecha en la dirección de las posiciones de la 101º, con el fin de romper el cerco, mientras que en la sitiada población se lograba resistir el ataque de hasta ocho divisiones SS.

 Las cosas comenzaban a torcerse para el Reich, máxime cuando llegaron noticias de que las fuerzas de la Unión Soviética en el frente Oriental estaban maniobrando para preparar una ofensiva. Ante esta nueva noticia, varias unidades blindadas del VI Ejército SS Panzer del General Dietrich fueron retiradas de la zona para ser redesplegadas en el frente Oriental. Un flaco consuelo a los soldados germanos que se retiraban de un infierno para caer en otro peor.

Las tropas de Patton entraron definitivamente en la ciudad cercada el día 5 de enero, tras una infernal carrera contra reloj en la oscuridad de las largas noches de invierno del Norte de Bélgica. Habían llegado a tiempo, y la 101º se había salvado. Lo más importante es que con ella se había salvado el frente.

-Las banderas (V): Finalmente, las dos últimas banderas que cerraban la exposición eran, por una parte, la alemana de guerra del III Reich, cuyo diseño se basa en la de la Gran Guerra, pero sustituyendo el color blanco de fondo por el rojo y el Águila Imperial del centro por la Esvástica del Régimen Nazi. Completando la muestra, y como símbolo tanto del fin de la guerra como de la continuidad histórica con la actualidad, se encontraba la enseña azul de las Naciones Unidas, utilizada por los Cascos Azules en las misiones de paz.

 Con ello terminaba la zona de exposición de miniaturas de la Unidad de Estrategia y Operaciones, si bien no se daba por finalizada su colaboración con el evento, ya que, además de la referida muestra, que se completaba con varias tiendas para funciones secundarias (tales como almacén de material de la organización y vestuario para poder cambiarse), se montó por una parte un campamento del Ejército Federal de la Guerra de Secesión (que se tratará en su apartado correspondiente) y uno de temática colonial, que no obstante sólo se utilizó como exposición y para una sesión fotográfica, para un proyecto posterior.

-CAMPAMENTO DE LA GUERRA COLONIAL: Como ya se ha referido, este pequeño campamento se empleó sólo como muestra para atraer a los aficionados y al público a la temática de las guerras coloniales del siglo XIX, utilizándose principalmente para una pequeña sesión fotográfica que tuvo lugar el domingo. Se componía de una tienda de campaña cónica (el modelo de entonces era el llamado "Bell"), junto con material diverso, y una pieza de artillería de 9 libras sobre cureña "kaffrariana", utilizadas en Sudáfrica, si bien los uniformes pretendían representar las campañas del Sudán de 1885 (tanto la de Khartoum como las de Ginnis y posteriores hasta la final de Omdurmán con Kitchener en 1899).

      

Los uniformes que se utilizaron incluían uno de Caballería (en la campaña estuvieron presentes diferentes fuerzas de húsares), otro de lanceros (el oficial que mandó el 17º en la Guerras Zulúes estuvo presente en Tel-el-Kebir), también de caballería, así como uno de los Coldstream Guards (hubo presente una Brigada completa de Guardias en las campañas de Khartoum) y otro de Infantería de Marina (era común emplear contingentes o brigadas navales en las campañas coloniales. Esto fue especialmente cierto en las del Sudán). Por supuesto, la muestra debía completarse con un representante de las fuerzas autóctonas implicadas, por lo que la uniformidad del ejército egipcio también estuvo presente.

LA COLABORACIÓN INSTITUCIONAL

Diferentes instituciones del ámbito de la seguridad, tanto en su aspecto militar como civil, estuvieron presentes en el evento. Así, en el área militar, se contó con la presencia de representaciones de las Fuerzas Armadas, destacando especialmente la Base de Alcantarilla, de la que miembros de la Brigada Paracaidista montaron un impresionante despliegue que hizo las delicias del público.

Junto a ellos, también presentes y con el fin de dar a conocer la llamada "cultura de Defensa", el Ejército del Aire también montó un "stand" que permitiera al público acercarse al mundo de la milicia, completándose el dispositivo militar con una representación de la Armada Española, en cuyo nombre acudió la Infantería de Marina, que montó además una oficina móvil de difusión y reclutamiento. Además, mandos de la propia Bripac y de la Infantería de Marina estuvieron presentes en el acto de inauguración del evento, y visitaron los campamentos y las asociaciones de veteranos de las Fuerzas Armadas.

 

Por parte del Cuerpo Nacional de Policía, como ya es habitual en las actividades de Codex Bélix, se pudo contar con la presencia de varios vehículos históricos pertenecientes al Área de Automoción, que nuevamente permitieron al público comprobar la evolución de la institución policial, y que incluían la presencia de un Fiat 1400 de los usados primeramente por el Cuerpo General de Policía (irónicamente, al principio los inspectores iban de paisano en un vehículo uniformado) que posteriormente fue cedido a la Policía Armada para laboras de patrulla.

 Su heredero en esta función, el Seat 1500, también se encontraba presente, cubriendo así el período de la Policía Armada con la presencia además del Seat 124, que cubrió tanto la época del uniforme gris como del uniforme marrón, con su característica coloración blanca en los radiopatrullas que les dio el sobrenombre de "lecheras". En ese sentido, en el de la llegada del Cuerpo de Policía Nacional en 1978, se introdujo el color marrón en los vehículos, utilizándose los Seat Ritmo, como el que se expuso, como vehículo de mando, y conviviendo con los Talbot Horizon.

Estos últimos vivieron la transición del Cuerpo de Policía Nacional al Cuerpo Nacional de Policía, sufriendo el cambio de rotulación y uniformidad, del marrón al blanco y azul, terminando con este modelo la muestra aportada por el Área de Automoción de la Dirección General de la Policía, cuya incondicional ayuda se aprovecha a agradecer y destacar en el presente artículo.

También junto a las asociaciones de veteranos estuvo presente la de Auxiliares de la Guardia Civil, con la que tanto Codex Bélix como la Unidad de Estrategia y Operaciones guardan una especial relación y sintonía, acompañando con su presencia el evento y la representación del Cuerpo, que además estuvo acompañado por diversos colaboradores de la publicación "Benemérita al Día", que realizaron por su cuenta el correspondiente reportaje.

     

Además de las referidas entidades, de entre las asociaciones de veteranos, destacó la presencia de los "Veteranos de Boinas Verdes", las unidades de operaciones especiales del Ejército Español, que este año no pudieron estar acompañados por la presencia de los tradicionales representantes de la Legión, ya que estos últimos, por problemas logísticos, no pudieron acudir al evento.

LOS CAMPAMENTOS

Como en ediciones anteriores, y siempre dentro de las posibilidades de espacio, se trató de seguir una cierta cronología histórica, que no obstante se vio rota en algunos puntos. Así, como período más antiguo, se encontraban representados en sendos campamentos la Legión Romana y la Edad Media, cada uno de ellos ocupando su propia parcela.

La Guerra de Secesión fue tratada frente a frente, por un lado por los ya tradicionales Confederados de la Asociación San Vicente, que año tras año logran mayores y más espectaculares resultados, y que en esta ocasión fueron acompañados como bando rival por el campamento de la Unión montado tanto por la Unidad de Estrategia y Operaciones como por Imperial Service, y que incluía diversas tiendas de tropa y dos piezas de artillería.

Uno de los mayores atractivos de los campamentos fue la espectacular representación uniformológica que se pudo ver en los recreadores del ejército alemán de la Gran Guerra, que incluían las primeras corazas protectoras (antecesores del chaleco antibalas) y que se usaron en la ofensiva de 1918.

Por su parte, del bloque principal del evento, la II Guerra Mundial, se pudo ver campamentos de diversas unidades paracaidistas (82º y 101º Airborne), de los que destacó la presencia de nuestros amigos de Toledo, o de las enfermeras del Nurse Corps. Por supuesto, y como no podía ser de otro modo, los medios motorizados y mecanizados corrieron a cargo de la también tradicional 3º Acorazada "Spearhead", que en este caso aportaron un camión GMC y un Semioruga M-3, que unidos a los diversos jeeps y camiones Dodge de otras asociaciones atrajeron especialmente la atención del público.

Además, completando el lado aliado, inevitablemente se encontraban los impecablemente uniformados representantes de la Asociación Histórico Cultural "Poland First to Fight", que además de montar su campamento, se ataviaron para la batalla con la correspondiente uniformidad de la Brigada Polaca en la batalla de Arnhem, en la que jugaron un importante papel. Junto a ellos, algunos de los miembros de la UEO acudieron vistiendo la uniformidad de paracaidistas del I Cuerpo Aerotransportado Británico y de la Resistencia Holandesa.

También presentes entre las fuerzas aliadas se encontraban representados los recreadores de la primera unidad aliada que logró liberar Paris en 1944 y que se componía de muchos exiliados republicanos: La Nueve. Junto a ellos también estuvieron presentes algunos de los miembros de la Asociación de Reconstrucción Histórica Alfonso X El Sabio, de Ciudad Real, que acudieron ataviados del mismo modo que el resto de la famosa unidad republicana, representada por el Grupo de recreadores del mismo nombre.

Finalmente, y aunque no participaron en la batalla, otra rama de la Asociación de Recreación Histórica Alfonso X El Sabio acudieron vistiendo la uniformidad del Ejército Rojo (o Soviético) de la II Guerra Mundial, montando también su propio campamento y dando de ese modo una complementaria variedad a toda la muestra.

     

Por su parte, del lado germano, destacó como siempre el impresionante hospital de campaña que Codex Bélix estableció como su centro de operaciones, cuidado hasta el más mínimo detalle y que, por supuesto, incluyó la motocicleta BMW con sidecar propiedad del presidente de la asociación. El grueso de la tropa germana corrió a cargo del 17º Regimiento, otra de las asociaciones de recreadores de Murcia que tradicionalmente está presente en los eventos de Codex Bélix, y que como en años anteriores aportó también la presencia de armas pesadas, como ametralladoras, y varios vehículos, incluyendo además de sus bicicletas, el estupendo camión que además estuvo presente en la realidad en la II  Guerra Mundial.

El bloque principal de infantería se complementaba con destacamentos de Luftwaffe, cuyo campamento corrió a cargo de Milites Gloriae y diversos colaboradores suyos, y con una representación de tropas que montaron un campamento del Afrika Korps, vehículos incluidos, y que atrajo especialmente la atención de los más pequeños.

Terminado el período de la II Guerra Mundial, otra de las atracciones estrella del evento fue el espectacular campamento de la Guerra de Vietnam, que incluía la presencia de tropas ataviadas con uniformes de campaña, de paseo e, inevitablemente, guerrilleros del Vietcong, con un recorrido por el interior del mismo que destacó especialmente por su elaboración y cuidado hasta el más mínimo detalle, sobre todo con la enorme torre de vigilancia que se encontraba a la entrada.

Finalmente, completando el recorrido histórico, se encontraba un campamento del Ejército Español con la uniformidad y material de los años 70-80, que incluía vehículos y un destacamento de seguridad de Policía Militar, venido de Castellón, que además proporcionó cobertura a la organización del evento. Junto a ellos, del período de la Guerra Fría a la actualidad, se desplegaron tropas de la Budeswher alemana, que también colaboraron dando seguridad al evento. También en este punto es de justicia destacar la buena labor y la cooperación que realizaron estos grupos que realizaron la fundamental labor de coordinación y seguridad por los campamentos y batallas.

EL EVENTO: VIERNES

Aunque desde el jueves por la tarde ya llegaron algunos de los vehículos, en especial los del Cuerpo Nacional de Policía, y se montaron algunas tiendas y carpas, que incluyeron la de organización y las de la Unidad de Estrategia y Operaciones, a fin de que el viernes por la tarde ya hubiera actividad. Así, a lo largo de la mañana se personaron, junto con parte del equipo de la UEO, las Fuerzas Armadas y los miembros del CNP, así como diversos grupos de recreación que comenzaron a montar sus campamentos a lo largo del día.

El viernes por la tarde ya se comenzaron a realizar algunas actividades, que incluyeron un desfile de vehículos con aquellos que ya se encontraban en los Jardines del Malecón, así como la apertura de puntos de venta de militaria, la exposición de miniaturismo de la UEO y los propios "stands" de las Fuerzas Armadas, que ya comenzaron a congregar al público.

EL EVENTO: SÁBADO

El sábado por la mañana se terminaron de montar los últimos detalles de los campamentos, abriéndose al público los Jardines del Malecón a las 10:30, que enseguida se llenaron de curiosos, aficionados y visitantes.

Como en ediciones anteriores, las actividades de por la mañana incluían un desfile de recreadores con un convoy de vehículos, que fue escoltado por la Policía Local, y que incluyó casi una veintena de unidades entre motos, jeeps, camiones y otros, como el semioruga M-3 de la 3º Acorazada, y que se convirtió rápidamente en el foco de atención. Por supuesto, la presencia de los vehículos militares de la II Guerra Mundial atrajeron la atención de los murcianos, que demostraron una vez más su entusiasmo por el consolidado evento de Codex Bélix.

     

El retorno del desfile de vehículos supuso el inicio de la segunda fase de la participación de los diferentes grupos, el desfile a pie, que esta vez sí, incluyó representaciones de todas las épocas, colocadas cronológicamente y de una duración menor que el de los vehículos, dado que el recorrido fue, obviamente, menor. Mientras tanto, se aprovechó el tiempo para preparar el campo de batalla de las primeras recreaciones que se realizarían en los Jardines del Malecón, la batalla de la Guerra de Secesión de Vicksburg, o, por mejor decir, el primer sondeo de las tropas federales a la famosa fortaleza confederada.

-La batalla de Vicksburg, 1863:  La primera de las batallas de la Guerra de Secesión que se reprodujeron en el evento fue el primer ataque federal contra las defensas de Vicksburg. La batalla, que fue organizada por la Unidad de Estrategia y Operaciones, con el apoyo de la Asociación San Vicente y de la Imperial Service, buscaba transmitir al público la importancia que tuvo el enfrentamiento por un lado, y la forma de luchar en la Guerra Civil Americana por el otro. A tal efecto, se desarrolló un texto de forma narrativa, que transmitiera de una forma dinámica las referidas ideas, desde el punto de vista de la hija de uno de los oficiales sudistas que se encontraba en la cercada ciudad confederada. A continuación se realizará una transcripción del referido texto:

             "En 1863 la Guerra de Secesión se encontraba en su máximo apogeo. Después de que los estados del Sur exigieran su independencia al gobierno de Abraham Lincoln, la negativa de este tuvo como consecuencia la formación de los Estados Confederados de América, con la nueva capital en la ciudad de Richmond y el nombramiento de Jefferson Davis como Presidente de la nueva República." 

            "La respuesta de Abraham Lincoln fue llamar a filas a 75.000 voluntarios, y las tropas sudistas atacaron el Fuerte Sumter. Había estallado la Guerra Civil."

             "Los estados del Sur eligieron a un hombre templado, modesto y brillante como General en Jefe, el General Robert E. Lee, que derrotó en muchas ocasiones a los soldados azules del Ejército del Potomac."

             "Cansado de tantas derrotas, el Presidente Lincoln ordenó a los generales Grant y Sherman atacar por el Mississippi hasta enlazar con las tropas que habían desembarcado en Nueva Orleans, y de ese modo partir en dos a la Confederación. El principal obstáculo era una ciudad fortificada en mitad del río, fuertemente protegida por las tropas del Sur. Se llamaba Vicksburg."

              "Yo tenía 9 años cuando los soldados del Norte aparecieron ante nuestra ciudad. Papá me dijo que eran nuestros enemigos, que querían imponernos su tiranía, pero yo era muy pequeña para entender por qué unos americanos luchaban contra otros. Llegaron a través del río, en enormes barcos negros, y rodearon nuestra ciudad. Eran parecidos a nosotros. Eran cristianos, eran blancos y tenían nuestras mismas costumbres. Pero su uniforme no era como el de papá, era de un intenso color azul, y su bandera ya no era la nuestra. Además, entre ellos había soldados negros."

             "Desde la ventana de nuestra casa, podíamos ver tanto a nuestros valientes defensores como a los soldados del Norte. Una vez, el propio General Pemberton, que mandaba en la ciudad de Vicksburg, subió a la planta de arriba y estuvo mirando con sus prismáticos a su rival, el General Grant, el hombre que trajo la desgracia a nuestro hogar. Los dos se miraron durante un largo rato, como si se desafiaran, y luego los dos volvieron a sus quehaceres, como si la guerra no fuera con ellos."

             "Pude oír desde mi cuarto al sacerdote de los soldados del Norte, mientras bendecía en una misa a los hombres que pronto nos atacarían. Papá me dijo que muchos de aquellos soldados eran inmigrantes, y que muchos de ellos provenían de países católicos, que adoraban a Jesús, igual que nosotros, y algunos de nuestros propios hombres seguían con interés la misa, santiguándose como si estuvieran en la misma ceremonia que nuestros enemigos. Cuando ves que la muerte te ronda, la fe es un poderoso aliado."

     

             "Elegante sobre su montura, un hermoso caballo blanco, y con la bandera de las barras y estrellas ondeando orgullosa al viento, el General Grant se aproximó a la ceremonia, y respetuosamente, tanto él como su ayudante se quitaron el sombrero, uniéndose a la oración que norteños y sudistas entonaron, cada uno de ellos en sus corazones, pidiendo al Señor que los protegiera. Fue como la calma que precede a la tempestad, un momento de confraternidad antes de que empezara la batalla."

             "Papá había sido soldado desde hacía muchos años, había luchado en la Guerra de México, al lado de aquellos hombres que ahora eran sus enemigos, y allí había aprendido que la disciplina de los ejércitos podía ser determinante en la victoria. Pude ver cómo la larga columna azul pasaba a convertirse en una línea, de modo que los disparos de nuestros cañones perdieran precisión, al no tener un blanco tan profundo. La marcha era lenta, y mientras nuestros soldados aguardaban la orden de disparar, algunos hombres de azul se adelantaban a la línea, para hostigar y explorar nuestras defensas. Los primeros cañonazos acertaron en los parapetos, y las tropas grises se protegieron aún más en sus fortificaciones."

             "Los ejércitos de aquella época basaban sus tácticas y formaciones en la doctrina de la época napoleónica. Los soldados avanzaban en formación cerrada, hombro con hombro, hasta llegar a una distancia de ataque. Se buscaba entonces hacer una descarga de fusilería, lo más coordinada posible, pero no siempre era fácil mantener la disciplina. Además, nosotros teníamos una gran ventaja con nuestras trincheras, y nuestros hombres, acostumbrados a la vida en el campo, disparaban mucho mejor que los nordistas. Así, los oficiales del Norte pronto comprendieron que intercambiando disparos perderían la batalla, y ordenaron atacar con las bayonetas, en un intento de ocupar nuestras trincheras." 

            "Pude ver que un mensajero se acercaba corriendo a los atacantes, con una nota del General Grant, ordenando a sus hombres lanzarse al ataque, buscando el temido combate cuerpo a cuerpo, y por un momento, el jefe de los soldados azules dudó, pero él sabía que si seguían quietos, les matarían. Así, majestuosamente, enarbolando su sable, ordenó a sus soldados seguirle a la carga, con las banderas ondeando al viento, y siendo observados por los jefes azules, que observaban con sus prismáticos el desarrollo de la batalla."

             "Por un momento, los soldados azules, con sus banderas, llegaron hasta nuestras trincheras, pero no pudieron atravesarlas. Erguido por encima de sus hombres, como un león que defiende su guarida, vi a Papá dirigir a los hombres de gris, rechazando el ataque de nuestros enemigos, y salvando una vez más nuestro hogar. A veces, los soldados se dejaban llevar por el entusiasmo, y mientras unos celebraban la retirada de nuestros enemigos, otros les perseguían, hasta que los cañones del Norte les obligaron a volver."

            "El asedio al que nos habían sometido los soldados azules nos trajo un sinfín de privaciones, y muchas veces, nuestros hombres se dedicaban al saqueo de los muertos y los heridos, pero Papá nunca toleró esa clase de cosas, y en más de una ocasión tuvo que disciplinar a algunos de sus soldados. Él era un verdadero caballero del Sur, un verdadero soldado cristiano que creía en la compasión, y siempre se preocupó de que se cuidara a los heridos y moribundos, tanto nuestros como suyos, y pude ver que en ese aspecto, tampoco éramos tan diferentes de nuestros enemigos, porque vi cómo el sacerdote y algunos soldados azules también acudieron a retirar a las pobres almas que habían quedado sobre el campo, dando un pequeño toque de hermandad en el cruel universo de la guerra..." 

     

            "La ciudad de Vicksburg nunca sería tomada al asalto. Sufriría hasta tres ataques de gran importancia, todos ellos rechazados, y sería necesario un férreo asedio de casi dos meses hasta obtener la rendición de los defensores, el mismo día en que el General Lee era derrotado en Gettysburg."

        Con ese texto concluyó la batalla que, a pesar de algunas incidencias, atrajo el entusiasmo del público y fue largamente aplaudido por el mismo, sobre todo las intervenciones iniciales con la misa de campaña, que dieron una imagen de la vida en campaña de las tropas tanto de la Unión como de la Confederación, así como una idea general del modo de combatir de la época, siendo un completo éxito.

        -Intervalo del mediodía: La recreación de la batalla de Vicksburg supuso el final de las actividades de la mañana, dando paso a la comida, que en este caso fue ofrecida por la organización de Codex Bélix, y que consistió en la tradicional paella que se ha convertido en un icono de sus eventos. Durante las diversas horas del mediodía, los recreadores aprovecharon el momento para descansar y recuperar fuerzas, y para preparar la batalla de la tarde, la Campaña de Arnhem u Operación Market Garden.

        Sin embargo, antes de la realización de la batalla, tuvo lugar el Homenaje a los Caídos por la Paz, en el que un pelotón de honores, ataviado con la uniformidad del ejército español en la Guerra de Cuba (el famoso "rayadillo"), realizó las salvas de honor, mientras la corona era portada por los veteranos de varias asociaciones de las Fuerzas Armadas y de Auxiliares de la Guardia Civil, rindiéndose de ese modo el particular homenaje a nuestros antepasados.

        -La Operación Market Garden: Tras el desembarco de Normandía y la rápida carrera del General Patton en la "Operación Cobra", que culminaría con la Bolsa de Falaise, los avances aliados se detuvieron por la cada vez mayor falta de suministros.

        En otoño de 1944, el Mariscal de Campo Montgomery diseñó un nuevo plan que preveía romper las defensas alemanas en Holanda, de modo que en lo sucesivo sus operaciones tuvieran prioridad sobre las realizadas por Patton, en el Sur. La idea era lanzar tres divisiones de paracaidistas sobre los puntos cruciales y puentes para permitir que el XXX Cuerpo de Ejército Británico pudiera atravesar en pocos días 100 kilómetros, hasta alcanzar la frontera con Alemania y proceder a la ocupación de las regiones industriales del Norte del III Reich, rompiendo así su producción armamentística.

        Así, la 101º se lanzaría sobre Eindhoven, la 82º sobre Nimega y la 1º Aerotransportada Británica, junto con la Brigada Paracaidista Polaca, ocuparían el puente de Arnhem, enlazando el XXX Cuerpo de Ejército con cada una de las divisiones. La resistencia que se esperaba en la zona era leve, de unidades de segunda clase, por lo que la operación debía realizarse imponiendo la superioridad de las unidades de elite aliadas.

        Por desgracia, las circunstancias hicieron coincidir el punto de lanzamiento de los paracaidistas británicos y polacos con el área de descanso de varias unidades acorazadas de las SS, que pronto impusieron su superioridad de medios y convirtieron la operación Market Garden en un descalabro aliado, dando una nueva inyección de moral a las destrozadas tropas germanas del Frente Occidental.

        Como en ediciones anteriores, la recreación de la batalla tuvo lugar a lo largo de la Avenida Teniente Flomesta, cuya posición junto al río Segura, que además es cruzado por varios puentes, la convierten en ideal para representar los alrededores del puente de Arnhem. De hecho, en concreto, uno de los puentes guarda una cierta similitud con el icónico cruce del río donde las tropas británicas resistieron heroicamente hasta que finalmente fueron aplastadas por las unidades acorazadas alemanas.

     

        Dado que se tuvo la suerte de contar con la Asociación Histórico Cultural "Poland First to Fight", se dio especial relevancia al papel de los paracaidistas polacos en Market Garden, mientras que el papel del XXX Cuerpo de Ejército era representado por los vehículos de la 3º Spearhead, que fue enlazando con los distintos grupos de recreadores que hacían el papel de las unidades aerotransportadas norteamericanas. Por parte de la UEO, varios de nuestros miembros participaron en la batalla, haciendo el papel de fuerzas norteamericanas, británicas y de la resistencia holandesa, cubriendo así a las fuerzas aliadas.

        -La llegada de la noche: Tras la batalla de la II Guerra Mundial, los recreadores volvieron a la zona de campamentos, donde se realizó una barbacoa como cena, también a costa de la organización, en la que todos tuvieron la oportunidad de intercambiar sus impresiones sobre el evento, y donde la camaradería y buen ambiente fueron la tónica, que únicamente fue rota por la anécdota presencia de una manifestación que atravesó los Jardines del Malecón y la zona de campamentos, pero que afortunadamente nada tenía que ver en su protesta con la realización del evento, por lo que su paso fue tranquilo y pacífico.

        EL EVENTO: DOMINGO

        El domingo por la mañana se reiniciaron las actividades a las 10 de la mañana, con la apertura al público de los campamentos, contando con una afluencia de público todavía mayor que el propio sábado, que tradicionalmente constituye el día fuerte del evento.

        Tras una reunión previa de la organización para preparar y coordinar las actividades de la mañana, se preparó el último de los desfiles de vehículos a realizar por la ciudad, mientras que en los Jardines del Malecón se preparaba la segunda de las batallas de la Guerra de Secesión Americana (la batalla de Five Forks, en 1865) y en la Plaza de la Cruz Roja se disponían los detalles para la recreación de la Liberación de Paris en 1944.

        -La Batalla de Five Forks: También organizada por la Unidad de Estrategia y Operaciones, y de nuevo con la colaboración de las asociaciones de recreación histórica San Vicente e Imperial Service, la mañana del domingo se llevó a cabo la recreación de la batalla de Five Forks, quizás la más importante del sitio de Petersburg, donde las tropas del General Pickett fueron derrotadas por el ataque federal y por una carga encabezada por el famoso General Custer, que además figuraba en la caracterización del cartel del evento.

        Si el relato para el público de Vicksburg contaba el punto de vista de la hija de un oficial confederado, la narración de Five Forks contaba la visión de un soldado de las tropas nordistas, uno de tantos inmigrantes que fueron alistados en el Ejército de la Unión y que se vio obligado nada más desembarcar a combatir por su nueva nación. Al igual que en el caso anterior, se ofrece al lector la transcripción del relato.

        "El desalojo del río Mississippi y la toma de Vicksburg, combinados con la victoria federal en Gettysburg, supuso un cambio de estrategia por ambos bandos. Por un lado, la Confederación intentó dar un nuevo giro a la guerra en el Oeste en la batalla de Chickamauga, pero no logró romper el frente, a pesar de conseguir la victoria en el combate. Por otro, desde el Norte, el General Grant fue trasladado al Este, para enfrentarse al propio Lee e iniciar la que se esperaba que fuera la última ofensiva."

             "Dirigidos por el victorioso general de la Unión, el Ejército del Potomac inició una nueva campaña en 1864, cuyo objetivo final era la destrucción del Ejército Confederado de Virginia del Norte y la toma de la emblemática y simbólica ciudad de Richmond."

      

            "Sin embargo, los soldados azules, tras varias batallas sangrientas, acabarían asediando otra ciudad confederada, Petersburg, donde las tropas de Lee harían sus últimos esfuerzos por la causa sureña. Uno de los puntos cruciales para poder cerrar el cerco de Petersburg era la ocupación del cruce de caminos y líneas férreas de Five Forks, que estaban defendidas por los soldados de otro célebre general sudista, Pickett."

             "Otro amanecer. Otra primavera. Y otro largo día de guerra. Los muchachos y yo nos alistamos hace ya tres años, después del desastre de Fredericksburg, cuando el gobierno de la que sería nuestra nueva nación nos reclutó nada más descender del barco, en los mismos muelles de la ciudad de Nueva York. Pasamos por muchos combates, la mayor parte de ellos derrotas. Pasamos por muchos generales, la mayor parte totalmente incompetentes. Y pasamos por muchas heridas, inflingidas a veces por inmigrantes que, como nosotros, se habían alistado para luchar por su nuevo país, aunque el suyo fuera la Confederación. Sin embargo, todo esto cambió en julio de 1863. Ese año, Grant tomó Vicksburg y nosotros obtuvimos por fin una victoria sobre los virginianos del General Lee en Gettysburg, haciéndoles huir hasta más allá del Potomac. Ahora, era distinto."

             "Las heridas seguían presentes, y el sufrimiento también, pero ahora nuestras sangrientas batallas eran victorias. Desde que el General Grant llegó, decidió que su estrategia sería atacar, siempre atacar, llevar la iniciativa y la guerra al territorio enemigo. Y la idea funcionó. Pero el coste fue muy elevado, y sólo los muertos conocen el final de la guerra. Nosotros no lo conocimos. A medida que lográbamos nuevas victorias a costa de tanta sangre, sólo pensábamos en sobrevivir, y el asedio de Petersburg y las tropas al mando del agresivo General Custer no eran un buen sitio para ello. Pero ahora oigo el sonido del tambor y la llamada de la corneta, y eso significa que debe dejar de escribir y unirme a mis compañeros, hermanos y amigos. La batalla se acerca..."

             "Ya estamos en marcha. Hoy nos han mandado a luchar a un cruce de caminos, un lugar llamado Five Forks, la última ruta por la que los rebeldes abastecen Petersburg. Custer estaba exultante, nos ha dicho que si logramos romper a las tropas de Pickett, conseguiremos dividir al enemigo y la victoria será nuestra. La sorpresa está de nuestro lado, y mientras nos desplegamos para hacer de pantalla a las tropas de infantería, puedo ver el campamento enemigo, tranquilo e ignorante, ausente de oficiales. El General Pickett está fuera, comiendo con muchos de sus mandos en una taberna, y la moral y la disciplina del enemigo son bajas y relajadas."

             "La llegada de nuestra columna de infantería alerta a los sudistas, que rápidamente comienzan a formar. Sus propios centinelas se adelantan de su campamento, y empieza el tiroteo. Son gente de campo, cazadores y en general disparan bastante bien. Pero están desorganizados, y nosotros no vamos a dejar que detengan nuestro ataque. La infantería azul termina de desplegarse, y forma la línea de batalla, avanzando hacia el enemigo."

             "Ahora puedo ver a Custer. Observa con sus prismáticos, maldiciendo, y sigo su mirada. El General Pickett ha llegado al campamento rebelde, y las tropas de gris forman su propia línea. Los dos ejércitos se alinean frente a frente, con sus banderas ondeando, en un breve momento en el que hasta los disparos de los cañones cesa. Nosotros nos retiramos de la pantalla y ocupamos nuestro lugar en la formación, al lado del propio General Custer, para atacar el flanco del enemigo."

             "Las dos líneas de infantería se acercan y se suceden los disparos. Descargas cerradas, fuego de fusilería y hombres que caen en su sitio. Nosotros aprovechamos la distracción y nos movemos hacia el flanco enemigo. Custer ha logrado su propósito, y conseguimos llegar a la posición. Desenvaina su sable, ese sable que perteneció a un oficial del Sur y en el que está grabado "no me uses sin razón, no me envaines sin honor", y pronto iniciamos nuestra carga."

     

            "Mi corazón se acelera, mientras cargamos contra los rebeldes. Puede ver el horror en sus oficiales y en sus propios soldados cuando se dan cuenta de la que se les viene encima. Custer, sable en mano, nos encabeza, con una mirada de locura en sus ojos, mientras lanza su grito de guerra y el resto le seguimos en su grito, en su locura y sobre todo en su carga. El flanco rebelde es nuestro, y con él la batalla."

             "Aprovechando que la línea rebelde se rompe, el resto de las tropas azules carga a la bayoneta, y logramos ocupar el campamento enemigo. La lucha es feroz, pero la victoria es nuestra, y logramos estar vivos para luchar un día más. Tal vez lo consigamos."

             "Los rebeldes se retiran, confusos, con el general Pickett a la cabeza. Un pequeño grupo queda a retaguardia, pero son pocos y finalmente se rinden. Puedo ver cómo su oficial entrega su sable al General Custer, que lo acepta y le saluda con respeto. Luego coge la bandera sudista, y se la entrega a su ayudante, mientras que en su lugar hacemos ondear las barras y estrellas, y nos ocupamos de los prisioneros y los heridos."           

            "La batalla de Five Forks fue la más importante victoria federal en el asedio de Petersburg y en general acabó con las esperanzas rebeldes de sostener la lucha. Poco tiempo después, en Appomattox, el propio General Custer recibió al General Robert E. Lee y le condujo hasta Grant, a fin de firmar los documentos de la rendición del Ejército Confederado. Se permitió a los oficiales sudistas conservar sus armas y disponer de sus caballos, un reconocimiento a su honor y a su valor en combate, y la guerra fratricida acabó. Había costado 600.000 muertos y 400.000 heridos."

        -La liberación de Paris: Desde que las primeras unidades norteamericanas desembarcaron en Normandía, las tropas francesas que habían logrado escapar de la rendición de 1940 habían soñado con el momento de la liberación de su amada Paris. Tras una serie de cruentos combates en la costa, de los que destacó especialmente la batalla de Caen, en la que las tropas británicas se atascaron, las tropas aliadas comenzaron su aproximación a la capital gala. Entre ellas se habían unido las columnas de la Francia Libre del General De Gaulle, y dentro de ellas se encontraba una pequeña columna mecanizada formada por exiliados españoles de la República: La Nueve.

        Aunque no fueran las unidades que conformaban la punta de lanza, se ordenó que fueran tropas francesas las que liberaran su propia capital, por lo que se detuvo a la vanguardia de las fuerzas de Patton cuando el frente se acercaba a Paris. Así, el relevo fue tomado por unidades al mando de Lecrerc, que encabezadas por la Nueve y por elementos de la Resistencia, que enlazaron con ellos, entraron en la capital tras una serie de combates previos. Poco después, el General alemán Von Choltitz firmaba la rendición y las campanas de la ciudad francesa repicaron anunciando la liberación y el fin de una ocupación que había durado cuatro largos años, convirtiéndose en un símbolo de la victoria aliada que se abriría paso en los libros de historia.

        Tras la finalización de las dos batallas que se recrearon durante la mañana del domingo, se dio por terminado el evento, procediendo los diferentes grupos de recreación a recoger los campamentos para iniciar el retorno a sus respectivas ciudades. A lo largo de la tarde, los diferentes grupos fueron retirándose, aunque algunos de los puntos de venta se mantuvieron hasta que comenzó a oscurecer, a fin de aprovechar al máximo el día. También por parte de la Unidad de Estrategia y Operaciones se aprovechó para realizar una sesión fotográfica de temática colonial, hasta que también se terminó de desmontar el campamento británico. Los últimos en retirarse de Murcia, junto con la organización Codex Bélix y la propia UEO, fueron los vehículos históricos del Cuerpo Nacional de Policía, que fueron recogidos el lunes por la mañana, siendo así los primeros en llegar y los últimos en irse...