Creación de los Ejércitos de la Guerra de Secesión

        Desde un punto de vista militar, la Guerra de Secesión Americana constituye un elemento único en la historia, por las particulares características de un conflicto que supuso no sólo el enfrentamiento entre ciudadanos de un mismo país (algo no tan extraño a lo largo de los siglos), sino que supuso la creación y el choque de dos ejércitos que se crearon prácticamente de la nada, y que en un tiempo récord alcanzaron un grado de profesionalización, un desarrollo tecnológico y, sobre todo, un nivel de resistencia al alto número de bajas que sorprendió al mundo entero.

            NOTA: Queda prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos incluidos en el siguiente artículo, tanto en su aspecto escrito como de las imágenes contenidas en él, sin el consentimiento expreso de la administración del presente espacio web.

        DOS CONCEPCIONES DE VER EL MUNDO

        Cuando en 1781, tras la derrota de los ingleses en Yorktown, los Estados Unidos lograron definitivamente su independencia, los ideales de individualismo eran la base de la sociedad del momento. Casi un siglo después, tal sentimiento apenas había cambiado, aunque dicho individualismo, dichos derechos inherentes al hombre, se veían de forma diferente en el Norte que en el Sur del país.

        En efecto, mientras que el Norte, con un mayor desarrollo industrial, consideraba que la esclavitud era contraria a la esencia de la Constitución de los Estados Unidos, que declaraba a todos los hombres iguales ante la ley, en el Sur, con una economía agraria y basada en gran parte en el algodón, el concepto era muy diferente. Los defensores de la esclavitud argumentaban que los propios Padres Fundadores habían tenido esclavos, y que al igual que nadie se planteaba los derechos de los indios de las praderas, los abolicionistas no debían meterse hipócritamente con su forma de vida.

        Más aún, dado que la Unión se basaba en una federación de estados con poderes propios en muchos campos, incluyendo el de la esclavitud, y que el mismo país había surgido contra la tiranía de un lejano gobierno metropolitanto, los habitantes del Sur veían muchas similitudes entre la actitud de Washington y la que obligó a independizarse de Londres.

        Por su parte, los movimientos en el Norte consideraban inaceptable, inmoral y por supuesto anticristiano tener esclavos en un mundo que evolucionaba hacia el humanismo, y argumentaban que dicha institución estaba siendo abolida en cada vez más lugares del mundo, y que los Estados Unidos no podían ser los paladines de la libertad manteniendo la esclavitud. El choque era inevitable, ya que ambas formas de ver el mundo eran incompatibles, aunque lo cierto es que pocos ciudadanos estaban dispuestos a ir a la guerra por liberar a los esclavos. La evolución debería ser legislativa, en los parlamentos.

        En 1859 tuvo lugar un hecho especialmente significativo, que daba una idea de la velocidad a la que los acontecimientos se precipitaban. Un grupo de abolicionistas, liderado por John Brown, tomó el arsenal militar de Harper´s Ferry, con la intención de robar las armas y liderar una rebelión de los esclavos contra sus amos de los estados del Sur. Sin embargo, la rápida intervención de las tropas federales, al mando del Coronel Lee (quien al estallar la guerra se convertiría en el jefe del Ejército Confederado), que todavía vestía el uniforme azul, detuvo a los insurrectos, que fueron juzgados por el delito de traición y condenados a la horca.

        En noviembre de 1860 salía elegido Abraham Lincoln como Presidente de los Estados Unidos de América, cuyo mensaje, aunque contrario a la esclavitud, no incluía la lucha más allá de las instituciones y el debate parlamentario, pero los estados del Sur lo vieron como un punto de inflexión, y en diciembre del mismo año, Carolina del Sur votaba a favor de su independencia, informando de que en lo sucesivo no aceptaría órdenes del gobierno federal de Washington. Pronto, todos los estados esclavistas la seguirían, con excepción de Kentucky, Missouri y Maryland, y se llamó a las armas a 75.000 voluntarios para defender a la Unión. La guerra daba comienzo.

   

        ALISTÁNDOSE EN LOS EJÉRCITOS

        El desarrollo de las fuerzas armadas norteamericanas constituye uno de los más espectaculares aumentos militares de la historia de la humanidad. Antes del conflicto, menos de 20.000 soldados conformaban en ejército de los Estados Unidos, y además estaban distribuidos en las lejanas fronteras de Méjico o Canadá, así como en los distantes territorios, para luchar con los indios. Muchos ciudadanos norteamericanos no habían visto siquiera un soldado en su vida, y la última guerra de importancia había sido la de Méjico, donde la distancia con los estados del Este era inmensa, y por ello las noticias que se habían tenido de ellas eran, como mucho, heroicas crónicas que ensalzaban el valor de los héroes del Álamo (y eso para quien supiera leer...).

        Así, el pasar de unas cifras tan escasas a varios millones de hombres a lo largo del conflicto, supuso que el sistema convencional de recluta no sirviese. Se decidió por tanto tirar de las milicias estatales, algunas de las cuáles eran semi permanentes, pero se dedicaban básicamente a hacer desfiles y a la vida social, no a adiestrarse para el combate. Quizás el mejor elemento de formación de la vida castrense, al margen, por supuesto, de la Academia de West Point, eran los Institutos Militares de los diferentes estados, donde se enseñaba disciplina a los jóvenes de influyentes familias, y estaban dirigidos por antiguos militares, una tradición que pervive hoy en día.

        El sistema para crear un regimiento de milicias era simple. Una persona influyente del estado se reunía con las autoridades militares, y las informaba de su intención de reclutar una unidad. Se le asignaba uno o varios oficiales profesionales, del ejército regular, que serían los encargados de convertir a los voluntarios en tropas adiestradas, y que enseñarían a los futuros oficiales voluntarios táctica militar, y estos emprendían la campaña de reclutamiento. Normalmente, el futuro Coronel hablaba con algunos de sus amigos adinerados o con posiciones influyentes, y estos eran nombrados capitanes, aportando fondos y reclutando sus respectivas compañías, que por supuesto serían formadas por hombres de las localidades cercanas.

 

        Los soldados acudían a las oficinas de reclutamiento en busca de aventuras, emociones, por ver el mundo y por conciencia con su respectiva causa moral, ya fuera la lucha contra los traidores que querían destruir la Unión, o contra los opresores de Washington que querían destruir la forma de vida del Sur. Como quiera que el país estaba en plena expansión, eran hombres acostumbrados a sufrir penalidades, a tener que construir sus casas, a cazar y defenderse con sus propias armas, y en general se encontraban en muy buena forma física, lo que hacía de ellos un material perfecto para convertirlos en soldados.

        Su mayor problema era, precisamente, la ideosincrasia y los valores de los propios Estados Unidos, que incluían la importancia de la individualidad y el rechazo a las imposiciones arbitrarias, algo que constituye la espina dorsal de la disciplina militar, que se basa en la obediencia y en la conciencia de grupo. Así, los oficiales profesionales tenían verdaderos problemas para mantener el orden, aplicando en ocasiones disciplina draconiana hasta que los soldados y los oficiales voluntarios, tras la Primera Batalla de Bull Run, comprendieron que la guerra era un juego serio y sólo la ganarían quienes escucharan a los expertos.

        Inicialmente, los soldados se alistaban por un período de tres meses, que es lo que se esperaba que durara la guerra. Cuando se demostró que el conflicto se alargaría, al principio se pidió a los voluntarios que no se fueran a casa, pero pasado el tiempo, se les obligó a quedarse, lo que ocasionó graves problemas de disciplina. El segundo sistema de reclutamiento era por tres años, pero la guerra se prolongaba más y más, y hubo que aplicar la misma doctrina, con las consecuentes deserciones y choques continuos entre tropa y oficiales, algunos de los cuáles eran atajados de forma contundente, como fue el caso del Ejército del Tennessee de Braxton Bragg, que se convirtió en el más disciplinado de los ejércitos del Sur, pero con unos hombres que terminaron por perder la motivación a causa de los excesos cometidos en aras de mantener el orden. Al final, los nuevos reclutas se alistaban "hasta la finalización del conflicto". Este problema estaría patente en la mayoría de guerras en las que han intervenido los Estados Unidos, en especial en las del siglo XX.

   

        LA ORGANIZACIÓN

        La unidad básica era la Compañía de Infantería, que rondaba el centenar de hombres y estaba mandada por un capitán. En según qué circunstancias, podía dividirse en Secciones (al mando de un teniente), estas en pelotones (al mando de un sargento) y estos en escuadras (al mando de un cabo), pero esto se realizaba para tareas cuarteleras y de retaguardia (turnos de guardia, patrullas, escolta de convoyes, etc), no en las batallas. En una batalla, las compañías formaban batallones, al mando de un Mayor (equivalente a Comandante), y los batallones formaban el Regimiento, al mando de un Coronel. Aunque el Regimiento era una unidad propia, con sus estandartes, mandos y autonomía en cuanto a composición, la práctica y las bajas hizo que los Regimientos se agruparan en Brigadas, que era la verdadera unidad operativa en el campo de batalla.

        Una Brigada se formaba normalmente por varios Regimientos (normalmente entre 2 y 5, pero las había más grandes) procedentes del mismo Estado, y tomaban el nombre de su oficial al mando (Brigada de Hillcox, Brigada de Anderson...), que podía ser, o bien un General de Brigada (bastante raro) o bien el Coronel más experimentado de todos los Regimientos presentes. Toda ella actuaba como un mismo cuerpo de combate en la batalla, y solían estar apoyadas por una batería de artillería que se les asignaba, a fin de darles apoyo (una batería es el equivalente en la artillería a una compañía de infantería, y suele tener entre 4 y 6 cañones).

        Las Brigadas eran integradas dentro de Divisiones, al mando de un General (que podía ser de Brigada o de División, según estos últimos estuvieran disponibles), que en combate eran las agrupaciones de tropas más normales con misiones concretas (defender un área, tomar un punto, asaltar una población...), y que fueron evolucionando a lo largo del conflicto. Por ejemplo, en las primeras batallas (1º Bull Run, Gaines Mill, etc...), el Ejército Confederado no tenía una unidad de mayor envergadura que las Divisiones (a parte del ejército completo, claro está), lo que daba como resultado unas Divisiones inmensas que eran muy difíciles de controlar, por lo que se hizo necesario meter otro "escalón" a la hora de agrupar unidades, que sería el Cuerpo de Ejército. Los federales, por su parte, al contar con la mayor parte de los expertos y los oficiales de West Point, habían llegado antes a esa conclusión, y agruparon sus Divisiones en Cuerpos de Ejército mucho antes.

        Al igual que las Brigadas, las Divisiones y los Cuerpos de Ejército de los confederados recibían el nombre de sus mandos (División de Head, Cuerpo de Longstreet, etc), mientras que las del Norte recibían denominaciones numéricas (3º División del 2º Cuerpo, etc), agrupando a veces las Divisiones la artillería de las Brigadas que la componían para formar una concentración de fuego con la que apoyar un ataque. En cambio, los Cuerpos de Ejército, contaban ya con su propia reserva artillera. Otra curiosidad sobre la forma de nombrar a los ejércitos era que los Confederados les daban nombres de estados (Ejército de Virginia del Norte, Ejército del Tennessee, etc), mientras que los federales les daban nombres de ríos (Ejército del Potomac, Ejército del Cumberland...). Hubo una curiosa coincidencia en el caso del Oeste, donde el Ejército Federal del Tennessee (por el río) se enfrentó al Ejército Confederado del Tennessee (por el Estado).

        LA CABALLERÍA

        Una pequeña reseña antes de finalizar esta introducción a la organización de los Ejércitos federal y confederado durante la Guerra de Secesión. Se habrá observado que principalmente se ha hablado de la infantería, y unos breves apuntes sobre la artillería. Ello se debe a que el peso del combate según las doctrinas de la época lo llevaba el soldado de a pie, agrupado en formaciones en orden cerrado, y la artillería era un elemento de apoyo (con el tiempo, la filosofía y las tácticas irían variando, según el número de bajas aumentaba y demostraba lo erróneo de la doctrina...), mientras que la Caballería, en las primeras batallas, ni se contemplaba, debido a los altos costes de crear unidades adiestradas de tropas montadas.

        Cuando estalló el conflicto, la Caballería de los Estados Unidos incluía 5 Regimientos en total, a saber, 1º y 2º de Dragones, 1º de Rifles Montados (Mounted Riflemen o Fusileros Montados, una nomenclatura del ejército británico para unidades de voluntarios a caballo en las colonias), y 1º y 2º de Caballería, que posteriormente serían renombrados como 1º, 2º, 3º, 4º y 5º de Caballería (se añadiría después un 6º de Caballería, y al acabar la Guerra de Secesión, en 1866, se crearían otros 4 Regimientos nuevos, numerados 7º, 8º, 9º y 10º de Caballería, los dos últimos formados por soldados negros). No se hizo ningún esfuerzo por traerlos de los lejanos puestos de guarnición que tenían en el Oeste, donde se encontraban luchando con los indios, hasta que se demostró que la guerra se alargaría.

        Posteriormente, a través del sistema de milicias y voluntarios, se crearon también regimientos de Caballería, con el nombre de sus estados (1º de Caballería de Virginia, 6º de Caballería de Ohio, etc), pero estos en realidad, combatían como infantería montada, galopando hasta una posición, abriendo fuego, montando de nuevo y galopando hasta otra posición. Fueron muy raros los combates cuerpo a cuerpo de caballería contra infantería, al estilo de las Guerras Napoleónicas o los combates europeos, primero por la falta de entrenamiento de los jinetes, y segundo porque al estallar la batalla, normalmente las unidades de caballería se encontraban escoltando convoyes, explorando el terreno o luchando contra la caballería enemiga. En ese sentido, entre unidades montadas sí que hubo multitud de combates y choques, tanto a disparos como a cuerpo a cuerpo.