La Guardia Civil durante el Franquismo

        Desde el momento de su creación, a mediados del siglo XIX, la Guardia Civil se convirtió en uno de los iconos más clásicos de la imagen de España, y el período de la Dictadura del Generalísimo Franco no fue una excepción. Ataviados con su tradicional capote y tocados con el icónico tricornio, los guardias civiles del período se convirtieron en la imagen de la autoridad en la España rural, y su labor de mantenimiento del orden serían tratados en multitud de iconografías nacionales e internacionales.

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        LA GUARDIA CIVIL

        Los orígenes de la Guardia Civil se remontan a mediados del siglo XIX, en el período bajo el reinado de Isabel II. Se trató de una época de grandes convulsiones sociales, conflictos armados y en general inseguridad para los súbditos de la monarca, en especial en las zonas rurales. Así, al efecto de devolver la seguridad a las rutas comerciales y de inspirar a la sociedad, se ordenó al Duque de Ahumada la creación de un nuevo Cuerpo, una institución militar y de carácter conservador, que sirviera de ejemplo a toda la nación.

        Ya desde su creación, la nueva fuerza demostró su eficacia y su capacidad de sacrificio, devolviendo la seguridad a los caminos y a los pueblos, y ganándose el aprecio de la población y el rencor de la delincuencia. No sólo eso, sino que dado su carácter militar, se demostró como una fuerza idónea para su envío a las diferentes guerras en las que España participó, formando parte del Estado Mayor como escoltas de los mandos y actuando como policía militar, un concepto avanzado para su época. Ya en la Guerra Romántica estarían presentes, escoltando a O`Donnell, y participando en varias batallas, como Castillejos, Guad el Jelú, Samsá o Wad Ras, entre muchas otras.

        Además, a medida que avanzaba y crecía la institución, los guardias civiles fueron enviados a los territorios de ultramar como fuerzas de policía y orden público, como en Cuba y Filipinas.

        Gracias a su espíritu de abnegación, a su labor humanitaria y a su actitud ejemplarizante, el pueblo español le otorgó el sobrenombre de "Benemérita" en 1929, una nomenclatura que ha permanecido hasta nuestros días, siendo además el cuerpo policial español que mayor continuidad histórica tiene, ya que otras instituciones, aunque tengan un origen más antiguo, han sido disueltos en algunos períodos, dejando de existir hasta su nueva constitución.

        LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

        El 18 de julio de 1936 estallaba la Guerra Civil, y las fuerzas policiales, al igual que las militares, se veían obligadas a tomar partido. Contrariamente a lo que habitualmente se piensa, la mayor parte de la Guardia Civil permaneció fiel al régimen republicano, y de hecho su intervención y la del Cuerpo de Seguridad fueron decisivas en algunos puntos para impedir el éxito del levantamiento. En la propia capital, Madrid, el Cuartel de Montaña sería cercado por milicianos, afines al régimen y fuerzas de orden público, en especial Cuerpo de Seguridad y su unidad de elite, la Guardia de Asalto.

        De las 211 compañías de infantería que formaban la Guardia Civil, inicialmente 121 permanecerían leales al gobierno, mientras que las otras 90 se alzarían. Por su parte, en el caso de la caballería, 8 de los nueve escuadrones se mantuvieron con la República, mientras que el noveno sería el único en levantarse en armas.

        Conforme el conflicto se fue desarrollando, hasta 3000 guardias civiles cambiarían de bando y se pasarían a los llamados "nacionales", en total otras 19 compañías, lo que dio un saldo final de un 53% de miembros de la Guardia Civil que permanecieron con la República. Sin embargo, esa fidelidad no fue ni mucho menos recompensada. El corto período republicano se había visto salpicado de gran cantidad de revueltas, convulsiones y algaradas, muchas de ellas reprimidas por los guardias, que ahora pudieron comprobar cómo esos mismos revoltosos pasaban a ocupar cargos en el bando republicano, llenos de rencor hacia quienes habían sido sus represores.

     

        Consecuentemente, y como relata la propia Clara Campoamor, la Confederación General de Trabajadores (CGT) y la Federación Anarquista Ibérica (FAI) ejercieron su influencia y se preocuparon de resaltar la importancia de la Guardia de Asalto y por tanto de destacar que, a su juicio, la Guardia Civil era una conservadora e innecesaria institución defensora de los valores burgueses que debía desaparecer, lo que consiguieron el 30 de agosto de 1936, en que el General Pozas Perea, ministro de Gobernación, disolvió a la Guardia Civil y fundó la Guardia Nacional Republicana, depurando de "fascistas" la nueva institución.

        Por su parte, en el lado Nacional, la Guardia Civil fue rápidamente adoptada como propia, de modo que los sublevados pudieran utilizarla como símbolo de legitimidad ante el resto del país y de la comunidad internacional. El 23 de julio de 1936 se creaba la llamada Junta de Defensa Nacional de España, y al día siguiente, como si tuvieran capacidad para hacerlo, firmaban la destitución del Ministro de Gobernación Pozas Perea (que en esa fecha todavía dirigía la Guardia Civil republicana, no siendo todavía ministro), y nombrando como jefe de la Benemérita a Federico de la Cruz Boullosa, General de Brigada de la propia Guardia Civil y antiguo jefe de la II Zona, en Valladolid.

        Por supuesto, de las más famosas actuaciones de la Guardia Civil destaca la defensa de la Academia de Infantería, donde a las órdenes de Moscardó, los alumnos, junto con los guardias y sus familias, resistieron un asedio hasta que el propio General Franco ordenó avanzar hasta romper el cerco, conmovido por la resistencia de sus defensores.

        EL FIN DE LA GUERRA Y LA REORGANIZACIÓN

        Concluida la Guerra Civil Española el 1 de abril de 1939, el nuevo gobierno, bajo la dirección del Caudillo (título ostentado por el General Franco como nuevo dirigente de España) inició rápidamente la reestructuración social para pasar de un estado de guerra a una nueva fase de reconstrucción del país, y por supuesto ello afectó a las fuerzas de orden público.

        En 1941 se disolvía el Cuerpo de Seguridad y nacía la Policía Armada, mientras que se restablecía la Dirección General de la Guardia Civil, exigiendo que el Director tuviera rango de General, con dos ayudantes de la Guardia Civil con rango de Teniente Coronel y un tercer ayudante del Ejército.

        Además, al igual que el Cuerpo de Seguridad, otra de las víctimas institucionales del franquismo fue la disolución del Cuerpo de Carabineros, que fue absorbido por la nueva Dirección General de la Guardia Civil, dividiéndose esta en Secciones, una de ellas enfocada directamente a encuadrar al antiguo cuerpo fronterizo.

        En cuanto a su distribución, la Guardia Civil se estructuraba en Tercios (el concepto actual de Zona es posterior), creándose cinco tipos, basados en especialidades, a saber, Fronteras, Costas, Rurales, Veteranos y Móviles, estando los dos primeros (antiguas especialidades de Carabineros) al mando de oficiales del Ejército.

        Con las nuevas especialidades, en 1940 se añadió un rombo en el cuello de la guerrera, que distinguiera las mismas. Así, rojo era rurales, negros, veteranos y especialistas, azul claro, móviles, y verdes, fronteras. Estas coloraciones terminarían desapareciendo con el tiempo, conforme a las nuevas reestructuraciones que sufriría el Cuerpo.

        En 1943 se reestructuró la organización, quedando la nueva distribución con 12 Tercios Rurales, que agrupaban 20 Comandancias para provincias interiores, 14 Tercios Mixtos, con 30 Comandancias para provincias costeras, 4 Tercios de Fronteras (dos con Francia y dos con Portugal), con 10 Comandancias, y un Tercio Móvil, con 4 Comandancias (2 en Madrid y 2 en Barcelona, que responderían en caso de graves disturbios o perturbación de orden público). Finalmente, en el año 1945, una nueva reestructuración terminaría con los Tercios Mixtos y Rurales de forma definitiva, al menos en el aspecto de la nomenclatura.

     

        En lo que a las cifras se refiere, el fin de la guerra y la necesidad de guarnicionar todo el territorio nacional hizo aumentar considerablemente las cifras de la Guardia Civil, y más con el aumento de población con el paso de los años. Así, en 1936 figuraban alistados unos 30.000 guardias civiles, que en 1940 pasaron a ser casi 55.000, estructurándose la institución como un verdadero Cuerpo de Ejército, pero adaptado a las peculiaridades del desarrollo de sus funciones de mantenimiento de la seguridad pública y de la lucha contra la subversión.