IV Encuentro de Miniaturismo de San Lorenzo de El Escorial

    Los días 27 y 28 de noviembre de 2010 se llevó a cabo por parte de la Unidad de Estrategia y Operaciones, en colaboración con el Excelentísimo Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial y patrocinado por el Bazar Maria Luisa, conocida tienda de la referida localidad, el IV Encuentro de Miniaturismo, en esta ocasión con la temática de la conmemoración del 150º aniversario de la llamada Guerra Romántica, que enfrentó a los ejércitos español y marroquí en la zona de Ceuta, y con cuyos cañones se fundieron los leones del Congreso de los Diputados.

 

                                                                                                             INTRODUCCIÓN

        Tradicionalmente, se viene celebrando en San Lorenzo de El Escorial diversos eventos relacionados con el miniaturismo, la recreación histórica y la cultura militar, incluyendo un concurso de pintura, exhibiciones y un mercadillo. No obstante, las dificultades de infraestructura por una parte y las de coordinación por otra, dieron como resultado que pasado el verano de 2010 no se había podido gestionar el evento, por lo que Don Enrique Paris, organizador de años anteriores y propietario del Bazar Maria Luisa, se puso en contacto con la UEO, y se decidió realizar unas jornadas que dieran continuidad a la ya establecida tradición, pero que también permitieran centrarse en la exposición de grandes batallas de la historia de la humanidad, campo normalmente trabajado desde la Unidad de Estrategia y Operaciones. Así nació el IV Encuentro de Miniaturismo de San Lorenzo de El Escorial, en el incomparable entorno de la Lonja que se encuentra justo delante del Monasterio.

        Gestionado a través de don Enrique Paris, además, se pudo contar con la presencia de varios stands, no sólo del propio Bazar Maria Luisa, sino también de la conocida tienda madrileña La Flecha Negra, además de otros puestos de pintores independientes que también acudieron al evento, a fin de permitir al visitante observar las técnicas de pintado de miniaturas. Con una duración de un fin de semana, el encuentro atrajo a más de un millar de personas en sólo dos días, contándose con la visita de las autoridades locales, tanto Guardia Civil como de Patrimonio Nacional, ya que el lugar de la exposición es la ya referida lonja del Monasterio, considerado todo el complejo Patrimonio de la Humanidad.

        En lo que al material expuesto se refiere, como suele ser habitual en las exposiciones realizadas desde la Unidad de Estrategia y Operaciones, se incluían diversas batallas de distintas épocas de la historia de la humanidad, que abarcaban desde el Imperio Romano hasta la Segunda Guerra Mundial, así como banderas, uniformes y réplicas de armas y material diverso que complementa los dioramas. Además, se reservó un espacio para la interacción, ya fuera mediante la participación en juegos de miniaturas de temática fantástica, con la colaboración de la empresa Sphere Wars, y con el manejo de material de época, como una alarma de ataque aéreo que la UEO había adquirido recientemente, y que se estrenaba en nuestros eventos por primera vez, con gran éxito para los asistentes, en especial los más pequeños. Se incluía también de temática fántástica un tablero del conocido juego de miniaturas Warhammer Fantasy, de gran vistosidad, totalizando la muestra para la exposición más de 2000 miniaturas y media docena de uniformes de diferentes épocas, completados por las anteriormente mencionadas banderas.

        El primer elemento con el que el visitante se encontraba es con un diorama representando una batalla de la campaña de Vicksburg, de la Guerra de Secesión Americana, que fue colocado en la puerta principal por su vistosidad. La Batalla de Vicksburg tuvo lugar en 1863, cuando los ejércitos del Norte y del Sur en la zona del Este de los Estados Unidos no lograron romper las respectivas defensas de sus enemigos, logrando sólo una elevada cantidad de muertes en una guerra sin terminar de decidirse. Ese mismo año, el General Grant abrió el frente del Oeste, a través del río Mississippi, y logró asediar y tomar la ciudad confederada de Vicksburg, mientras que en el Este se lograba la victoria federal de Gettysburg, dando un punto de inflexión a la guerra que aún así se prolongaría durante otros dos sangrientos años más (se puede obtener mucha más información entrando en el apartado Guerra de Secesión de esta página web)

    Además de las miniaturas y del diorama, completaban la muestra sobre la Guerra de Secesión un uniforme de General  de Caballería de la Unión, junto con varias banderas de los dos bandos, tanto las nacionales de cada uno de ellos como las pertenecientes a las Brigadas Irlandesas que lucharon tanto en el Norte como para el Sur.

        Siguiendo a la sala de la entrada principal, donde descansaba el mencionado diorama sobre la Guerra Civil Americana y la Batalla de Vicksburg, el visitante podía contemplar una muestra del uniforme de gala del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos, quizás la más famosa unidad militar de ese país. De hecho, el Cuerpo de Marines es anterior a la propia existencia de los mismos Estados Unidos, ya que se fundaron justo en los orígenes de la Guerra de la Independencia, antes de que se reconociera la existencia de la federación a la que sirven.

        En concreto, el modelo de la uniformidad que se expone, aunque se sigue utilizando en la actualidad, es de la década de los 50, y toma los colores originales del uniforme que se llevaba en campaña desde sus orígenes, si bien con el tiempo fue sufriendo sustanciales modificaciones. De hecho, el uniforme original, con el que fueron a Trípoli, era de corte napoleónico, acorde a la época, siendo modificada la guerrera y la prenda de cabeza durante la época de la Guerra de Secesión. Posteriormente, la gorra de plato sería introducida en diversos teatros de operaciones, si bien en campaña, como en Cuba, se solía utilizar también un sombrero de ala ancha. La gorra, originalmente azul y con franja roja, sería posteriormente modificada al color blanco actual, para el uniforme de gala.

                                                         Una vez pasada la sala que daba acceso a la exposición, se podía visitar el salón principal, donde se dividía primeramente en una zona comercial, para a continuación pasar a una serie de dioramas sobre batallas históricas que se encontraban en orden cronológico, y que incluían desde los tiempos de Roma a la Segunda Guerra Mundial, para finalizar con una colección de mesas de fantasía y ciencia ficción, con figuras y dioramas de Warhammer y de Sphere Wars. Inevitablemente, dada su condición de entidad anfitriona, el primero de los "stands" comerciales era el del Bazar Maria Luisa, con don Enrique Paris al frente, aunque es de destacar que puso el "stand" de forma más bien simbólica, porque estuvo tan pendiente de la exposición y de todos los detalles de la misma como los propios miembros del personal de la UEO, gesto que desde nuestra organización agradecemos. En especial, el espacio de venta del Bazar Maria Luisa, incluyó una gran cantidad de números atrasados de la revista White Dwarf, que permitió que muchos visitantes completaran sus respectivas colecciones, junto con diverso material de miniaturismo.

        Además, se incluyeron ofertas de muchos artículos de fantasía, de la marca de Games Workshop, ya fuera en el aspecto de la fantasía (Warhammer Fantasy) como en el de la ciencia ficción (Warhammer 40.000), cuya venta se colocó a precios muy inferiores al que habitualmente se puede encontrar en tiendas, circunstancia que aprovecharon los visitantes.

        Otro de los elementos de especial relevancia que se encontraba en la zona de venta era un lugar donde varios pintores estuvieron trabajando en directo con sus miniaturas, lo que permitió también a aquellos curiosos o interesados en el hobby poder contemplar cómo es el trabajo que da como resultado la recreación de batallas con miniaturas y la realización de exposiciones como la que se llevó a cabo en San Lorenzo de El Escorial.

        Aunque la mayor parte de la exposición se realizó en escala 20 mm (o 1/72 de plástico), una parte de ella, en especial la de fantasía, se realizó en escala 28 mm, un tipo de figuras con las que trabajaban los pintores que se encontraban realizando la muestra y las técnicas de pintado. Ello permitió que se pudiera contemplar el resultado en directo de la labor de los artistas participantes, que además trabajaron con otra gama de tamaño de miniaturas más grande, los 40 milímetros. Este tamaño de figuras normalmente se utiliza para exposición, no para la recreación de batallas mediante reglamentos de miniaturismo.

        Además, junto al "stand" de los pintores se ofertaban a la venta pinturas y diverso material relacionado, como pinceles de distintos tipos y tamaños, material de precisión, pegamento y demás, incluyendo un espectacular maletín completo, que se desmontaba y convertía en un escritorio para pintar, con espacio para guardar el material, un tablero en el que trabajar y hasta una luz para permitir pintar fuera de las horas de luz solar.

        La otra de las tiendas participantes, y que siempre ha colaborado de forma ya casi tradicional en los eventos organizados en San Lorenzo de El Escorial, fue la Flecha Negra, una de las tiendas más veteranas y antiguas no sólo de Madrid, sino de toda España.

        En el caso de este negocio familiar, tanto padre como hijo desplegaron una gran variedad de material, que incluyó revistas de varias temáticas relacionadas, miniaturas tanto históricas como de fantasía y ciencia ficción, material diverso de miniaturismo y demás mercancía que colocaron en oferta para facilitar a los aficionados y novicios del hobby el aumento de sus respectivas colecciones.

        Al igual que en el caso del Bazar Maria Luisa, desde la organización del evento y desde la Unidad de Estrategia y Operaciones, es de justicia agradecer la presencia y colaboración de este negocio familiar, la Flecha Negra, que siempre que se les ha pedido nos ha ofertado toda su ayuda y ha estado presente en todas aquellas circunstancias en que se les ha solicitado.

        En lo que a los dioramas se refiere, el primero de los que se encontraban a disposición del público, en orden cronológico, era un pequeño enfrentamiento entre las tribus de la Galia y las legiones romanas de la época de la República.

        El diorama en si tenía como objetivo por un lado transmitir la organización de las tropas romanas en la época de la República y sus campamentos, estando representados los distintos tipos de tropa, esto es, los Velites (Infantería ligera), Hastati y Princeps, que constituían la línea central, y finalmente los Triarii, que eran la reserva y las fuerzas mejor equipadas de la legión. Además, en el caso del campamento, este se rodeaba por un foso y una empalizada, con torres de vigilancia y puertas a ambos lados, formándose una calle principal que atravesaba el campamento, con un foro en el centro, imitando a las propias ciudades romanas, donde se situaba además la tienda del general. Es de destacar que rara vez se combatía en los campamentos, saliendo las tropas para luchar en orden cerrado pero en campo abierto, situación que quedaba representada en el diorama.

        Con respecto a las fuerzas de pueblos "bárbaros" representados (el origen del término "bárbaro" es romano, para referirse a todos aquellos pueblos que no pertenecían al Imperio), se trataba de fuerzas de infantería y caballería de una confederación de diferentes tribus de la Galia, que era la forma tradicional en la que estos pueblos hacían frente a adversarios de especial relevancia que entraban en su zona, hasta que fueron conquistados por la República Romana y el estandarte del SPQR (Senatus PopulusQue Romanus, que significa "El Senado y el Pueblo Romanos") se convirtió en el símbolo de las tropas de ocupación.

        El segundo de los dioramas expuestos daba un salto bastante amplio en el tiempo, ya que trasladaba al visitante a los tiempos de la época napoleónica, en concreto a la llamada Campaña de Rusia, y más específicamente a la Batalla de Borodino, en el año 1812, que representó especial importancia por ser una de las grandes victorias de Napoleón sobre los rusos al servicio del Zar, que buscaron enfrentarse a la Grande Armee francesa en condiciones favorables, fortificando un reducto central y esperando así desangrar a los franceses.

        Esta batalla reviste especial importancia en la campaña de Rusia, debido a que hasta entonces, el mando del Ejército del Zar había estado retirándose de forma periódica, evitando enfrentarse a Napoleón, y esperando que el ejército francés se fuera desgastando por el camino por la distancia, el agotamiento y la falta de suministros. Sin embargo, el propio Zar ordenó al General Kutusov enfrentarse a las fuerzas galas en una batalla decisiva y espectacular, que frenara el avance de Napoleón y le devolviera derrotado a Francia. Ocurrió todo lo contrario, y tras la derrota rusa, las tropas del Zar volvieron a la política del desgaste.      

         Junto a láminas de tamaño póster y las banderas de las naciones contendientes, se permitía al visitante contemplar una réplica de la batalla de Quatre Bras, previa a la famosa de Waterloo. Era esta la segunda de las batallas de la época napoleónica que se trataban en la exposición, en esta ocasión del llamado Imperio de los 100 Días, que supuso el último intento de Napoleón de salvar su imperio.

        La batalla de Quatre Bras supuso uno de los enfrentamientos anteriores a la Batalla de Waterloo, en 1815. Cuando Napoleón volvió del exilio y recuperó el trono, las tropas aliadas se encontraban separadas en Bélgica, con los prusianos de Blücher por un lado y los británicos, junto con belgas y holandeses, por otro, bajo el mando de Wellington. Napoleón se colocó entre ambas fuerzas al cruzar por Charleroi, intentando derrotarlas por separado, y el ejército francés se enfrentó por un lado a los belgas en Ligny y Wavre y a las tropas de Wellington en Quatre Bras, estando mandadas las tropas francesas en la batalla por el Mariscal Ney.

        El diorama en cuestión representaba las posiciones avanzadas aliadas cerca del cruce de caminos de Quatre Bras, cuando las columnas francesas iniciaron el ataque contra las líneas aliadas y contra el Bosque de Bossu. La posterior carga de caballería de los coraceros franceses del General Kellerman se convirtió en un icono de la campaña, y supuso que esas valiosas unidades de caballería sufrieran

    gran cantidad de pérdidas que se reflejarían en la decisiva Batalla de Waterloo, que decidiría la campaña cuando las tropas de Wellington derrotaran a Napoleón, finalmente reforzadas por el ejército prusiano de Bücher, que logró esquivar a sus perseguidores franceses y apoyar a Weelington en el momento más decisivo de la batalla. Ello significó el fin del imperio de Bonaparte y de las Guerras Napoleónicas.

        Aunque no respetaba el orden cronológico, por ser unos años antes de Borodino y Quatre Bras, una tercera batalla estaba representada en la exposición, aunque por su temática se decidió romper el orden y agruparla con otra de temática parecida, aunque muy posterior. Se trata del famoso combate naval de la Batalla de Trafalgar.

        La batalla de Trafalgar enfrentó a las escuadras francesa y española a la británica, bajo el mando del famoso almirante Nelson, quien logró mediante una innovadora técnica que combate derrotar a sus adversarios. La flota aliada desplegó en la tradicional línea de batalla, con los buques franceses en la cabeza de la formación, junto a una parte de los buques españoles.

        Logrando a su favor la posición del viento, Nelson formó a sus buques en tres líneas paralelas, en lugar de una más larga, y puso rumbo de intercepción de la escuadra franco-española, en lugar de colocarse en paralelo y entablar el tradicional duelo artillero.

        Tras superar el fuego de las piezas enemigas, los buques británicos partieron en varios grupos a los buques franceses y españoles, quedando un grupo de varios de estos últimos apartados de la batalla, y logrando de ese modo una superioridad para los británicos que les dio una ventaja y la victoria, antes de que los españoles, separados, pudieran ayudar al resto de la escuadra y a los franceses.

        De los buques intervinientes, cabe destacar la presencia del "Victory" británico, de 112 cañones, o del mayor buque de la época, el español "Santísima Trinidad", un enorme monstruo de cuatro puentes (o cubiertas) y un total de 136 cañones, cuyo potencial artillero se veía dificultado por la poca maniobrabilidad que daba su inmenso tamaño.

        Finalmente, la derrota de la escuadra aliada, aunque costó la vida al almirante Nelson, supuso la cancelación definitiva de los planes de Napoleón Bonaparte de invadir Inglaterra. Posteriormente, años después, las tropas británicas ayudarían a los españoles a expulsar a los franceses de la Península Ibérica, con Wellington al mando, en lo que terminó por llamarse "la úlcera española".

        Siguiendo en la línea de los combates navales en el siglo XIX, el siguiente diorama representaba la Batalla de Santiago de Cuba, también llamado "Desastre del 98", entre la flota norteamericana y la escuadra española, a la entrada de la bahía del propio puerto de Santiago.

        La batalla de Santiago de Cuba supuso la culminación del bloqueo naval norteamericano a la escuadra española del almirante Cervera, que había quedado cercada en la ciudad asediada de Santiago, por falta de carbón. La localización de los barcos de Cervera hizo que las tropas norteamericanas iniciaran operaciones terrestres y el asedio de Santiago de Cuba, luchando primero en la batalla de El Caney, después en Las Guásimas, y finalmente en la Colina de San Juan.

        Cuando el mando español comenzó a considerar los problemas por la falta de suministros, exigió al almirante Cervera intentar salir del puerto, alegando que la plaza caería pronto. Así, después de que tanto españoles como americanos hubieran intentado anteriormente intentar bloquear la bocana hundiendo sendos buques en el canal, la escuadra española hizo su intentona. La nave insignia, el crucero acorazado "Infanta María Teresa", fue el primero en intentar salir, dirigiéndose a embestir al buque americano más próximo. Mientras absorbía los impactos americanos, el resto de la escuadra, los cruceros acorazados "Vizcaya", "Cristóbal Colón" y "Almirante Oquendo", junto a los destructores "Furor" y "Terror", trataron de escapar, pero fueron siendo hundidos uno a uno, embarrancando posteriormente en la costa y rindiéndose las distintas tripulaciones.

        Una vez concluido el pequeño paréntesis cronológico, el visitante podía volver a la ruta, cuyo siguiente paso era el enfrentamiento cuyo 150º aniversario daba origen a la temática de la exposición: La Guerra de África o como también se la conoce, la Guerra Romántica.

        A finales de 1859, las tribus cercanas a la zona de Ceuta comprobaron cómo la guarnición española estaba reforzando sus defensas, con la construcción de una serie de nuevos fuertes en su perímetro, que aunque se encontraban dentro de los límites territoriales del tratado con Marruecos, era de distinta consideración por parte de las beligerantes cábilas o tribus locales.

        Así, una noche, la cábila de Anyera, decidió asaltar un puesto de vigilancia español, el de Santa Clara, derribando los postes con los escudos nacionales españoles y defecando sobre ellos. Tras una serie de exigencias por parte de la diplomacia española para compensar semejante conducta, y ante los intentos de dilatar el asunto en el tiempo por parte de los marroquíes, el Mariscal O´Donnell, Presidente del Consejo de Ministros, en nombre de la Reina Isabel II, ordenó desplegar el ejército para conquistar Tetuán.

        Los primeros combates tuvieron lugar en las proximidades de Ceuta, desde donde las tropas españolas iniciaron las operaciones, mientras el ejército iba poco a poco siendo transportado desde la Península Ibérica. Entre los generales que pasarían a la historia, aparte del propio Mariscal O´Donnell, se encontraba el General Prim.

        Una vez desembarcado el ejército, se inició el avance hacia el Valle de los Castillejos, donde tuvo lugar una sangrienta batalla en la que las fuerzas marroquíes fueron derrotadas, bajo el mando del hermano del Sultán, el Señor de los Creyentes. La batalla incluyó un asalto anfibio por parte de la Infantería de Marina, y una carga de caballería a cargo del que se convertiría en uno de los más vistosos regimientos de la campaña, los Húsares de la Princesa.

        Un nuevo enfrentamiento tuvo lugar en la Aduana del Río Martín, la de Guad el Jelú, donde las tropas marroquíes fueron de nuevo aplastadas gracias a la disciplina de las unidades españolas, que continuamente eran reforzadas con la llegada de nuevas unidades desde la Península, que incluyeron las tropas de élite de la campaña: los Tercios de Voluntarios Vascos y la División de Voluntarios Catalanes.

        Sin embargo, tras la toma de la ciudad de Tetuán, que los marroquíes abandonaron tras una nueva batalla, se iniciaron sin éxito las primeras negociaciones para la paz. Así, un nuevo combate dio como resultado la más sangrienta batalla de la guerra, la de Wad Ras, que además sería la última. La derrota de las tropas marroquíes fue completa, y las negociaciones de paz dieron como resultado el reconocimiento de Marruecos de las pretensiones españolas. Sin embargo, la ausencia de mayores reclamaciones o de la creación de un nuevo imperio colonial en la región dieron como resultado lo que se llamó "una guerra grande y una paz chica". Uno de los elementos de especial curiosidad de esta guerra fue que los leones del Congreso de los Diputados se hicieron con los cañones tomados al enemigo en la batalla de Wad Ras.

        Junto al diorama y diversas banderas, uno de los documentos de especial curiosidad que se exponía era el parte de guerra que se envió por parte de O´Donnell y que se publicó en la Gaceta de Madrid al día siguiente de la batalla, contando los pormenores de la misma, lo que daba al visitante una visión de primera mano del último combate de la guerra.

        Antes de dejar el colonialismo y la expansión europea por el continente africano, se ofrecía al visitante otro enfrentamiento colonial que le permitiera establecer una comparativa con respecto a la Guerra Romántica antes tratada. En este caso, se trataba de la Guerra Zulú de 1879, en concreto la última batalla de la guerra, la Batalla de Ulundi.

        Junto al diorama en cuestión se ofrecía una muestra de uniformes coloniales británicos, colocados en sendos maniquíes, que representaban a la infantería de la Guardia (que aunque no estuvo presente en Ulundi, si lo estuvo en varias campañas coloniales) y el 17º de Lanceros, que tras la primera fase de la batalla, realizó una carga a caballo contra los zulúes.

        La Guerra Zulú de 1879 tiene su origen en los planes expansionistas del Alto Comisario Británico, Sir Henry Bartle Frere, quien en combinación con Lord Chelmsford, general de las tropas británicas en Sudáfrica, ideó un casus belli con una serie de roces fronterizos. El plan era aplastar el Reino Zulú de Cetshwayo, y de ese modo establecer una especie de confederación de estados en la región, todos ellos fieles a Gran Bretaña. Sin embargo, las cosas no serían tan sencillas como Lord Chelmsford y Frere esperaban.

        Así, cuando las columnas británicas iniciaron la invasión de Zululand, las tropas de la columna británica del Sur, bajo el mando del Coronel Pearson, logró derrotar a un impi (nombre que recibían los ejércitos zulúes) en Nyezane, pero la columna del propio Chelmsford no tuvo la misma suerte, y tras dividirse en dos, una parte de ella fue derrotada en la batalla de Isandlwana, donde fue aplastada.

        Tras un nuevo combate en la guarnición británica que custodiaba el río "Búfalo" en la misión de Rorke´s Drift, donde 139 británicos contuvieron a más de 4000 zulúes, la batalla de Khambula, en el Norte, supuso una derrota de los impis zulúes, que se combinaron con la llegada a Sudáfrica de nuevos contingentes de tropas venidos de la metrópoli, recuperando Lord Chelmsford la iniciativa.

        La primera acción de la nueva ofensiva fue en el Sur, en Gingindlovu, donde un nuevo impi zulú fue derrotado por una columna que marchó a la misión de Eshowe a rescatar a Pearson, que había sido asediado. Tras la recuperación de las tropas, una nueva ofensiva en tres columnas inició una marcha de convergencia hacia la capital del reino zulú, Ulundi.

        Sería en Ulundi donde las tropas zulúes harían su último gesto de resistencia, pero era una batalla perdida de antemano, ya que Lord Chelmsford agrupaba varios regimientos de infantería y caballería, junto con varias baterías de artillería, una de ellas la primera de ametralladoras que tuvo el ejército británico. Tras una serie de descargas de fusilería en orden cerrado, los zulúes fueron derrotados y el 17º de lanceros los persiguió por las zonas aledañas.

        Como ya se ha referido anteriormente, el diorama sobre la batalla de Ulundi abría también un nuevo aspecto en la exposición, que era el de los uniformes, completando así la visión general del evento, y añadiendo realismo, interés y vistosidad al mismo.

        Con la representación de la Batalla de Ulundi, se terminaba la parte colonial de la exposición, dando paso a las guerras más conocidas por la mayor parte del público: la Primera y la Segunda Guerras Mundiales.

        En referencia a la Primera Guerra Mundial, o como también se la conoce, la "Gran Guerra", el diorama en cuestión recreaba una de las acciones del final del conflicto, la última contraofensiva alemana, que tuvo lugar en el año 1918. En efecto, con la entrada de los Estados Unidos en Guerra, el Alto Mando del Káiser vio claro que se debía tomar medidas contundentes o la llegada de más de un millón de soldados de refresco venidos del nuevo mundo, desequilibrarían la balanza, sin contar con la ayuda económica y de medios que traería aparejada. Así, con el fin de forzar a los gobiernos de la Entente Cordial a firmar la paz, se planeó una gran ofensiva general en el Frente Occidental, en el área de la frontera con Francia y Bélgica, que terminaría con la voluntad de lucha y con la guerra antes de que las tropas americanas se desplegaran en el continente.

        A fin de que se rompiera el frente, las tropas alemanas hicieron uso de todos sus recursos disponibles, incluyendo las últimas innovaciones. Así, se desplegaron las nuevas unidades especializadas, las Tropas de Asalto, equipadas con granadas y armas automáticas, así como con lanzallamas, que serían la punta de lanza que aplastaría las posiciones y trincheras enemigas. Además, se desplegó gran cantidad de munición para la artillería del frente, y se añadieron baterías adicionales para reforzar el ataque. En el lado opuesto, ya hacía tiempo que las tropas británicas habían introducido en el campo de batalla los primeros tanques, idea que fue rápidamente seguida por los franceses y luego por los norteamericanos (los alemanes apenas fabricaron poco más de una decena de estos ingenios), que a su vez desarrollaron su propia versión de tropas de choque, armadas con escopetas y metralletas Thompson. Así, los enfrentamientos de esta última ofensiva alemana irían más allá del típico frente estático de trincheras que había caracterizado la guerra durante los últimos años.

        El diorama en cuestión, a fin de que se pudiera contemplar cuantos más ejércitos intervinientes mejor, refería uno de los combates posteriores, cuando las tropas americanas entraron en acción. De ese modo, aparte de las tropas alemanas, en el lado aliado se representaban tropas francesas, británicas y americanas, con tanques Renault FT-17 y Mark VI.

        A nivel de curiosidad, se refería el origen de la palabra "Tanque" para definir el término "carro de combate". Cuando se fue a llevar a cabo la primera ofensiva con carros de combate, a fin de mantener el secreto, se cubrieron los mismos con lonas sobre el ferrocarril que los transportaba al frente, sobre las cuáles se podía leer la palabra "Tank" (tanque), de modo que pareciera que se transportaban tanques de combustible.

        Finalmente, destacar que aunque la ofensiva fue finalmente contenida, lo cierto es que parte de sus objetivos políticos se lograron, ya que el agotamiento de los países contendientes les llevó finalmente a negociar una paz que, si bien les supuso unas condiciones favorables sobre Alemania, lo cierto es que fueron bastante mejores que los que se produjeron en la II Guerra Mundial...

        Los últimos tres dioramas expuestos en la muestra trataban de la II Guerra Mundial, incluyendo varios uniformes de la época, así como banderas de los países contendientes. En concreto, el primero de ellos se refería a la Campaña de Túnez, donde se enfrentaron por un lado tropas de Italia y Alemania contra los ejércitos de la Francia Libre, Gran Bretaña y los Estados Unidos. La campaña de Túnez fue el último combate de las unidades del III Reich en el Norte de África, con la ofensiva alemana del Paso Kasserine, donde las fuerzas de Rommel rompieron las líneas aliadas hasta que fueron detenidos El Guettar.

        El combate del Paso Kasserine marcó el primer enfrentamiento entre las fuerzas alemanas y las unidades americanas, en esta ocasión bajo el mando del General británico Anderson. La siguiente batalla, la de "El Guettar", en esta ocasión bajo el mando del General George S. Patton, supuso la derrota de las tropas alemanas, y con ello el fin de la Campaña de Túnez, tras la cual las fuerzas aliadas planificarían la siguiente fase de la ofensiva hacia Europa, la isla de Sicilia.

        Por parte de las tropas alemanas, los carros de combate incluían los Panzer III y Panzer IV, así como del famoso Tiger I, así como un regimiento italiano que incluía un batallón acorazado y otro de infantería como apoyo a la fuerza germana. En el otro lado, se representaba una parte del Cuerpo de Montaña Marroquí, así como una representación de carros británicos Matilda, Churchill, Crusader y M-3, apoyados por unidades americanas del famoso tanque Sherman.

        De entre los uniformes a disposición de los visitantes, el primero de ellos era el de la 101º División Aerotransportada, en concreto el que se usó durante la Campaña de Normandía, de color beige, que posteriormente cambiaría al tradicional verde oliva americano.

        La División 101º Aerotransportada fue una de las más famosas unidades norteamericanas de la II Guerra Mundial, y de hecho adquiriría una fama que le seguiría posteriormente hasta la actualidad, participando en las acciones de Normandía, Market-Garden y la Batalla de las Árdenas.

        El uniforme en cuestión era original de 1943, e incluía el equipo de campaña, con el subfusil Thompson, el correaje original de época y el machete en las botas de salto, así como la pistola Colt M1911A1, del calibre .45, que se utilizó por el ejército de los Estados Unidos hasta finales del siglo XX (de hecho en unidades de la Guardia Nacional todavía está permitido su uso)

        De las operaciones más famosas que realizaría la 101º durante la II Guerra Mundial, destaca especialmente la defensa de la ciudad belga de Bastogne durante la ofensiva de las Árdenas, donde resistieron el ataque de fuerzas acorazadas alemanas en medio del terrible invierno de finales de 1944 y comienzos de 1945, hasta que fueron rescatados por las tropas americanas de Patton, un hecho que también se recreaba en el último de los dioramas.

        Sin embargo, antes de abordar la Ofensiva de las Árdenas, se invitaba al visitante a cambiar el teatro de operaciones, y comprobar las maniobras de desembarco de la U.S. Navy y el bombardeo preliminar que tanto se repitió en las diversas islas del Pacífico, contra las tropas japonesas.

        La resistencia japonesa en las islas del Pacífico fue de tal importancia y de tan sangrienta combatividad, que en el desembarco de Normandía, la mayor operación anfibia de la historia, no estuvo presente ni una sola unidad de los U.S. "Marines", debido a que todos ellos se encontraban desplegados en el otro lado del mundo.

        El primer asalto que llevaron a cabo los "Marines" americanos fue el ataque en el Atolón de Makin, en 1942, aunque fue una operación a pequeña escala. Los mayores desembarcos tendrían lugar en 1943 y posteriores, con nombres que pasarían a la historia del Cuerpo de Marines, como son Guadalcanal, Iwo Jima y Okinawa.

        Previamente a los desembarcos, la U.S. Navy se desplegaba en sendas líneas paralelas de bombardeo, a fin de ablandar las posiciones enemigas, lo que no siempre se conseguía. La línea principal la constituían los cruceros pesados y los acorazados, armados con artillería de entre 305 y 406 milímetros, según la modernidad del acorazado en cuestión. Los herederos de la I Guerra Mundial, como el Arkansas, utilizaban el primer calibre, mientras que los Iowa usaban el segundo.

        Sin embargo, diversos objetivos requerían ataques de precisión, y una coordinación directa que no era posible con el apoyo de la aviación aeronaval. Por ello, destructores se colocaban en una línea más cercana a la costa, teniendo además cada uno de ellos la función específica de proteger a varias lanchas de desembarco.

        Más allá de las líneas de bombardeo de la costa, diversos grupos navales se colocaban a varias millas de distancia. El principal, compuesto por el Grupo de Portaaviones, constituía el núcleo de la flota, dando la cobertura aérea a la misma, mientras que diversos destructores se mantenían, equipados con radar, a larga distancia, a fin de localizar posibles ataques masivos de "kamikazes". En ocasiones, estos destructores, una vez eliminada la sorpresa gracias a su radar, sufrían las consecuencias y recibían el ataque completo de los "kamikazes". Además, como alerta temprana, se emplazaban submarinos con el fin de seguir posibles aproximaciones de la flota de superficie nipona, hasta que finalmente fue destruida en la Batalla del Golfo de Leyte. El último intento de la Rengo Katai (nombre recibido por la Flota Imperial Japonesa) se rompió con el hundimiento del acorazado "Yamato", que fue triturado por ataques aéreos de las fuerzas aeronavales embarcadas en los portaaviones norteamericanos.       

         El último de los uniformes expuestos era el de un oficial del ejército alemán de la Segunda Guerra Mundial, la Wehrmacht. Aunque el uniforme se colocaba junto al diorama de la Batalla de las Árdenas, una de las batallas finales de la guerra, el modelo en cuestión es el que se usaba en general en los comienzos de la misma, aunque estuvo presente a lo largo de todo el conflicto, por las necesidades que toda guerra crea de falta de recursos.

        El uniforme en sí incluía diversas condecoraciones, entre las que destacaba la famosa Cruz de Hierro, la más alta medalla alemana, que se concedía a los soldados por circunstancias de especial valor y heroísmo en combate.

        Las tropas alemanas utilizaban el sistema de diferenciación de cuerpos y unidades con distintivos en el cuello. Así, las famosas unidades de las SS portaban las correspondientes runas sobre un cuello de color negro, mientras que en el uniforme que se exponía el cuello era de color verde. Por otro lado, a medida que avanzaba la guerra y mejoraban las técnicas de camuflaje, un nuevo modelo pasó a cubrir el uniforme tradicional alemán, variando así la apariencia del soldado en combate.

        El último de los dioramas expuestos era la última gran ofensiva alemana de la II Guerra Mundial, la Batalla de las Árdenas. Al igual que la ofensiva de 1918 en la Gran Guerra, Hitler previó un asalto masivo en la zona de Bélgica, a fin de tomar Amberes, cortar en dos el frente aliado y de ese modo lograr la paz con las potencias occidentales, para a continuación poder encarar todas sus fuerzas a luchar contra los comunistas.

        El ataque se inició a finales de 1944, en el mes de diciembre, en mitad de un invierno con tormentas que impedían volar a los aviones, rompiendo por sorpresa el frente americano, y cercando a la División 101º Aerotransportada en la ciudad de Bastogne. Además, unidades especializadas se infiltraron con uniformes americanos tras las líneas enemigas, a fin de romper puntos clave de comunicación y crear confusión en el frente aliado.

        Sin poder contar con el apoyo aéreo, y cogidos totalmente por sorpresa, los mandos americanos apenas sí fueron capaces de asumir el golpe. Sólo un mando, el del General Patton, había previsto la posibilidad de un nuevo ataque por la zona de las Árdenas, por lo que sólo un mando tenía un plan de contingencia.

        Los ataques alemanes fueron finalmente detenidos ante la contraofensiva de Patton, hasta que se abrieron los cielos y el apoyo aéreo permitió abastecer Bastogne, siendo roto el asedio días después y terminando finalmente la última de las ofensivas alemanas.

        El diorama de la Batalla de las Árdenas daba por finalizada la exposición, al menos en el aspecto cronológico de batallas históricas, aunque se también se llevaron a cabo diversas actividades participativas, añadiéndose además multitud de material complementario, relacionado con la temática de las batallas.

        En el aspecto de las actividades participativas, se desarrollaron, en primer lugar, y a lo largo de los dos días que duró el evento, una serie de partidas introductorias del juego de fantasía Sphere Wars, que fueron organizadas a cargo de su delegación en España, acudiendo su propio personal a la gestión de las mismas. Este juego se basa en pequeñas escaramuzas en un universo imaginario de fantasía, en el que varios bandos se enfrentan entre si, y dispone de su propia gama de miniaturas, lo que siempre añade un aliciente para cualquier jugador o coleccionista de miniaturas. No obstante, dado que en el momento de la realización del Encuentro de Miniaturismo el juego llevaba poco tiempo en el mercado, muchos de sus aspectos aún se encontraban por desarrollar.

        Junto a las actividades de iniciación de Sphere Wars, que atrajeron a varios aficionados al hobby a informarse sobre este nuevo juego, se desplegó una batalla de gran tamaño de otro juego que en el mercado español se encuentra perfectamente asentado: el Warhammer Fantasy.

        En concreto, sobre sendos tableros que daban una superficie de 1,20 metros por 2,40 metros, se organizó una enorme batalla entre una alianza de Bretonia, el Imperio y los Altos Elfos, que se enfrentaban contra una coalición de No Muertos y Hombres Lagartos, cuyos intereses comunes se justificaron en un trasfondo de ambientación que permitió a los jugadores ser parte de una historia participativa.

        Junto con las partidas introductorias de Sphere Wars y la batalla de Warhammer Fantasy, se montó además una serie de partidas de otro juego de fantasía, en este caso relacionadas con El Señor de los Anillos, en particular sobre la parte de la trama de las Minas de Moria, que también atrajo el interés de varios asistentes, algunos de ellos novicios y otros veteranos.

        Además, a parte de las partidas introductorias y participativas, entre los elementos que se encontraban expuestos había diversas réplicas de armas, así como material militar de época.

        El más característico de todo el equipamiento era una pantalla de radar de un buque de la Royal Navy (la Armada Británica) de los años 50, que llamó especialmente la atención por haber salido en multitud de películas.

        Entre las réplicas de armas se encontraban una ametralladora de escuadra M-60, en la versión corta que se utilizaba para operaciones especiales, y que se utilizó durante la Guerra de Vietnam y en adelante por multitud de fuerzas armadas. Junto a ella, se exponía también un lanzagranadas M79, de la misma época que la ametralladora, y también había una réplica de una escopeta Remington, cuyo uso se inició por el ejército americano en la Guerra de México y en la I Guerra Mundial, continuando su uso hasta la actualidad, en especial por las fuerzas policiales de diversos departamentos.

         El último elemento que se exponía era la entrada de un acuartelamiento de la Legión Española, hecho de forma artesanal, y con los lemas, distintivos de unidades y estandartes de época. Junto a él, se encontraban varias de las unidades representativas del ejército español, con figuras de las típicas colecciones de la infancia de tiempos pasados.

        Inevitablemente, dado que el elemento principal era la puerta de un cuartel de la Legión, una representación de miniaturas del Tercio, armados con el fusil CETME, de origen español, guardaban la construcción. Junto a ellos se encontraba otra representación de la Brigada Paracaidista, cuyo origen se formó a base de tropas legionarias, dando así el título a sus componentes de Caballeros Legionarios Paracaidistas.

        Tanto a pie como a caballo se representaban también sendos contingentes de la Guardia Real, con el uniforme de Cazadores de la época de Alfonso XIII, que en la actualidad luce en ceremonias el Regimiento nº 1, Inmemorial del Rey, el primer Regimiento de Infantería de la historia de la humanidad. Junto a ellos, reflejando la tradición y antiguedad, sendas secciones, montada y a pie de la Guardia Civil, flanqueaban a las unidades antes mencionadas, completándose todo el conjunto con tropas de infantería regular con el uniforme de la posguerra.

        Del resto de elementos militares utilizados para ambientar todo el evento, una vez más resultó un éxito la alarma de ataque aéreo que recientemente se había adquirido por parte de nuestra organización, y que atrajo la atención de los curiosos y sobre todo de los más pequeños.

        Esta alarma, que desde entonces se ha convertido en un icono de las exposiciones llevadas a cabo por la Unidad de Estrategia y Operaciones, fue colocada a la entrada del evento, haciéndose sonar cada hora aproximadamente, a fin de atraer la atención de los visitantes, con un gran éxito en su cometido.

        Entre las entidades colaboradoras y participantes, se realizó una pequeña ceremonia ante la visita de una representación de la Real Liga Naval Española, en su Delegación de los Mares de Castilla, encabezada por don Jose Carlos Tamayo Gálvez, que además realizó el correspondiente documental fotográfico y las posteriores publicaciones en sus páginas y medios oficiales. Desde la organización del evento se quiere aprovechar a agradecer su presencia y su colaboración.

        Como en anteriores iniciativas y exposiciones organizadas por la Unidad de Estrategia y Operaciones, todo el personal de nuestra entidad vistió el correspondiente uniforme, gracias al cual, además de ambientarse el evento, se permitía a todo el mundo tener una referencia sobre a quien dirigirse a preguntar las posibles dudas que surgieran sobre la organización o todo el material expuesto. Esto fue un hecho especialmente reseñable en lo que a la voluntad de nuestro personal se refiere, ya que la uniformidad de la UEO, por cuestiones presupuestarias, es solo de verano, y como puede imaginarse, ¡las temperaturas del último fin de semana de noviembre en la sierra de Madrid, y más en San Lorenzo, no invitan precisamente a esa manga corta! Sin embargo, lo cierto es que la capacidad de aguante, unido al grosor de las paredes en la lonja, hicieron que el frío no dificultase el evento.

        Como conclusión al desarrollo de esta actividad, por parte de la organización del evento se considera que el IV Encuentro de Miniaturismo de San Lorenzo de El Escorial fue todo un éxito, y además para nuestra organización fue especialmente simbólico e importante, ya que era el mayor que se coordinaba hasta la fecha por parte de la UEO, y ello siempre es un motivo de incertidumbre.

        Sin embargo, tal y como se ha indicado, el Encuentro de Miniaturismo fue todo un éxito, con una afluencia que contó con alrededor del millar de visitas, en sólo dos días y con una coordinación digna de haberse planeado durante mucho tiempo, cuando apenas se contó con un breve plazo para lograrlo.

            Este resultado en la que, es necesario insistir, era la primera actividad de gran magnitud que se organizaba desde la UEO, fue un gran paso para la entidad y en especial para sus componentes, que pudieron comprobar cómo lo que empezó como un club de amigos se había convertido en algo capaz de trabajar con ayuntamientos e instituciones como Patrimonio y de estar a la altura de ello.

            Por todo ello, desde la administración del presente espacio web y desde la dirección de la Unidad de Estrategia y Operaciones, no sería justo terminar este artículo sin felicitar y agradecer a todo el personal que colaboró con la organización de la exposición, y sin cuya colaboración desinteresada, pues la UEO no tiene ánimo de lucro en ninguna de sus actividades, no habría sido posible realizarlo.