La legión romana en las Guerras Púnicas

        Las Guerras Púnicas supusieron un nivel de gloria, victoria y expansión para Roma como pocas habían existido en la Edad Antigua. Tras una serie de sangrientas derrotas, finalmente, la superioridad en recursos romanos se impuso a los ejércitos formados de tropas mercenarias de Cartago, y se inició un período romanización sobre Europa y el Norte de África que se prolongaría durante siglos. Todo ello no habría podido realizarse sin las legiones, auténtico emblema de la civilización romana.

            NOTA: Queda prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos expuestos en el siguiente artículo, tanto en su aspecto escrito como de las imágenes incluidas en él, sin el consentimiento expreso de la administración del presente espacio web.

        INTRODUCCIÓN

        Antes de abordar el tema de la organización del ejército romano, conviene destacar que se han realizado muchos en base a muy diferentes fuentes, ya que, como en todo lo que sucede cuando estudiamos elementos de la época clásica, no se tiene la suerte de que hayan sobrevivido al paso del tiempo tantos elementos que puedan servir de fuente de conocimiento como en los estudios de épocas posteriores. Por ello, es posible que el lector haya podido observar datos o interpretaciones distintas a las aquí expuestas, que son las basadas en la obra de Polibio. No obstante, tampoco se debe caer en el error de confundir los tiempos. El ejército romano que aquí se estudia es el de los tiempos de la República, y más concretamente el empleado durante la II Guerra Púnica, que difiere de otros períodos anteriores en que las legiones romanas actuaban en formaciones como falanges, o períodos anteriores en que el ejército se profesionalizó y cambió la estructura y táctica.

        El ejército romano del período de la República no era un ejército profesional, sino, por el contrario, una ciudadanía armada, que servía por un período de tiempo y cuyo equipamiento era costeado por el propio soldado. Por supuesto, ello implicó automáticamente que las capacidades económicas y sociales se añadieron inmediatamente a las condiciones físicas de los reclutas, que en base a la suma de factores eran encuadrados en un tipo de tropa u otro.

        Además, se debe tener en cuenta que los tiempos de crisis traían como consecuencia medidas excepcionales, como el reclutamiento masivo y el aumento del número de legiones, el nombramiento de un Dictator por un período de 6 meses con poderes absolutos en caso de necesidad (esto se aplicó posteriormente, por ejemplo, con Octavio Augusto) o la inclusión de nuevas tropas formadas por aliados. En condiciones normales, el ejército romano en campaña de este período (al margen de guarniciones y otros destacamentos menores) estaba compuesto de dos legiones romanas y dos aliadas (que adoptaban la estructura y la forma de combatir de las dos romanas), con sus respectivos destacamentos de infantería.

        LA ESTRUCTURA DE LA LEGIÓN

        Las legiones se organizaban en grupos menores, llamados Cohortes, una equivalencia, con ciertas licencias, a los batallones actuales, que a su vez estaban divididos en Manípulos, y estos a su vez en Centurias, cuyo nombre no siempre implicó que se formaran por 100 soldados. De hecho, en este período, lo normal era que la Centuria (el nombre lo tomaba por su oficial al mando, el Centurión) se compusiera de 70 individuos de tropa y 5 de "mando", incluyendo oficiales, portaestandarte (Signifer) y demás. Dos de estas Centurias formaban el Manípulo, con 140 elementos de tropa, y la suma de Manípulos formaba la Cohorte, que dependiendo del período podía tener unos 600 hombres, formando las 10 Cohortes la legión, con unos 6.000 efectivos en el caso más elevado de sus fuerzas. Sin embargo, al existir varios tipos de tropas, los números en las legiones eran variables:

        -Los Velites conformaban el primer frente de las tropas romanas. Cada legión incluía 1.600 de ellos, y eran tropas ligeras, sin apenas armadura y que se protegían por un pequeño escudo redondo, cuya función era la de lanzar jabalinas y hostigar el enemigo, desorganizando su formación. Se cubrían la cabeza con pieles de animales, siendo muy típicas las pieles de lobos, y una vez logrado su cometido, se retiraban de la línea de frente.

        -Los Hastati y Princeps eran el elemento principal de la fuerza de choque de la legión. Formando 10 manípulos de cada tipo de tropa (1400 hombres de cada tipo), eran la "flor y nata" de la sociedad romana, en el sentido de que era la clase media, equipados con armaduras cuadradas para proteger el pecho y espinilleras para las piernas, todo ello coronado con un casco. La principal diferencia entre unos y otros era que los primeros solían ser más jóvenes que los segundos, de ahí que formaran la primera línea de batalla. Junto a las lanzas arrojadizas, que se usaban para clavarse en los escudos enemigos y que sus adversarios no pudieran usarlos por el gran peso que ello suponía con la lanza clavada, hacían uso de una espada corta, el Gladius, basado en la Falcata ibérica, una espada usada por los pueblos hispanos que fue muy pronto adoptada por sus enemigos romanos, protegiéndose con un gran escudo ovalado. Estas tropas combatían en orden cerrado, hombro con hombro, y los Manípulos se ordenaban de forma ajedrezada, dejando huecos entre uno y otro, para que una segunda línea de bloques de infantería pudiera cubrir los huecos o relevar a las agotadas tropas del frente, y de ese modo presentar siempre una primera línea de soldados frescos para la batalla.

        -Los Triarii eran la fuerza de reserva de la legión, los soldados más acorazados (600 hombres divididos en 10 Manípulos de 60 hombres cada uno) y lo último que quedaba de la antigua falange romana. Si se veían obligados a intervenir, es que la batalla se estaba volviendo crudamente contra las fuerzas de Roma, y en lugar de armas arrojadizas, portaban lanzas a la manera tradicional. Era muy común que estas tropas no intervinieran en la batalla, y quedaran asignadas a la custodia del campamento del ejército.

        Este modelo de legión era la llamada Consular, y dos de ellas, formadas por romanos, y otras dos, formadas por aliados, eran el ejército de campaña "standard" para Roma. Añadidos a las legiones, existían pequeñas unidades de caballería, llamadas Turmae, que en número de 30, protegían los flancos del ejército. Los romanos aportaban 1200 hombres, y solían ser ciudadanos de las clases altas, que podían pagar el equipamiento y la montura, mientras que los aliados solían incluir números más elevados de jinetes. La caballería romana no destacaba por su efectividad, y apenas realizaba labores auxiliares en batalla, tratando de envolver el flanco del adversario y enfrentarse contra su propia fuerza montada.

        ENTRANDO EN LA LEGIÓN

        Todos los años, llegado el mes de marzo, se nombraban dos Cónsules, que serían los encargados de mandar el ejército romano en campaña y los responsables de la defensa del Ager Romanus (el estado romano). Una vez elegidos, se convocaba a todos los ciudadanos en período de reclutamiento, para proceder a formar las dos legiones, mientras que los pueblos aliados (socii), una vez recibidas las cifras que debían reclutar respectivamente, hacían lo propio. Servir en la defensa de Roma se consideraba un privilegio, dotado de un nivel de status social que además exigía que los nuevos soldados tuvieran propiedades, ya que se esperaba que, a parte de equiparse ellos mismos (lo cual rompe la tradicional y falseada imagen de un ejército romano perfectamente uniformado, con todos los hombres con las túnicas de los mismos colores y el mismo modelo de armadura), se esperaba que enfocaran la defensa del Ager Romanus como una escisión de sus propias tierras, que caerían en manos de bárbaros y saqueadas si eran derrotados.

        Según las campañas a realizar, se reclutaban 1200 velites, 1200 hastati, 1200 princeps y finalmente 600 triarii, lo que daba una fuerza de 4200 hombres, con otros 300 de caballería, formados normalmente por clases pudientes. Estas cifras podían aumentarse al modelo Consular arriba expuesto, formando las dos legiones el bloque principal del ejército. A este se añadían las dos legiones de socii, tropas aliadas encuadradas del mismo modo que las romanas, pero normalmente con un mayor número de tropas de caballería.

        El ciudadano romano de entre 17 y 46 tenía la obligación de presentarse al llamamiento de reclutamiento todos los años, originalmente en el Monte Capitolio, pero al crecer el Ager Romanus este ritual se repetía por todo el territorio, incluyendo ciudades aliadas cuyos habitantes hubieran obtenido algunos de los derechos de la ciudadanía. Debían repetir este ritual durante 6 años, quedando en reserva en caso de emergencia otros 16 (tal y como ocurrió en Cannas, donde se reclutaron 8 legiones en lugar de 4, y hubo que reemplazar las terribles pérdidas sufridas en la batalla). Se daba la opción de presentarse voluntario, si el ciudadano tenía interés en completar su servicio o simplemente había decidido hacer del servicio de las armas su profesión, lo que daba un cierto número de veteranos en las legiones, que servirían de inspiración y ejemplo a los nuevos reclutas.

        Aquellos que no reunían las condiciones óptimas para formar parte del ejército (ya fuera por capacidad física como por ausencia de propiedades o cualquier otro motivo), pasaban a formar parte de la marina de guerra, sirviendo en los buques como marineros, remeros (que no en todas las naves ni mucho menos se componían de esclavos) o incluso combatientes, pero su status social era peor mirado que el de los legionarios.