La campaña de Little Big Horn

            NOTA: El presente documento fue publicado en la revista Wargames: Soldados y Estrategia, y su reproducción en la presente web cuenta con la autorización de su autor, Raúl Matarranz del Amo.

 

 

 

LA BATALLA DE LITTLE BIG HORN

 

25 de junio de 1.876

 

A finales de 1.875, con el descubrimiento de oro en las Colinas Negras, el gobierno federal de Washington ordenó a los indios la concentración en reservas. A los que no aceptaran la vida en cautividad, se les consideraría hostiles y se les trasladaría a la fuerza. Dicha misión fue confiada al Ejército de los Estados Unidos.

 

Antecedentes

 

El final de la Guerra de Secesión, en 1.865, trajo consigo un nuevo “boom” de inmigración para los Estados Unidos de América. Colonos de todo el mundo, pero en especial procedentes de Europa, acudían en tropel a los puertos del Este, y desde allí emprendían las peligrosas rutas que atravesaban el continente hasta el Oeste, donde, por diez simbólicos dólares, el gobierno federal otorgaba a cada colono un terreno de 64 hectáreas.

 

La protección de estas rutas fue encomendada al Ejército, que tras la guerra apenas totalizaba alrededor de 27.000 hombres, disponiendo de sólo diez regimientos de Caballería para proteger las rutas y enfrentarse con los alrededor de 270.000 indios (entre guerreros y no combatientes) que habitaban en aquella época el continente americano. La Guerra de Nube Roja, que finalizó en 1.868, desmanteló los fuertes que protegían la “Línea Bozeman”, pero apenas fue un pequeño respiro. La unión del Este con el Oeste a través de las compañías ferroviarias Union Pacific y Central Pacific y el descubrimiento de oro en las Colinas Negras, en pleno corazón de las tierras de caza de los Sioux, hizo inevitable un nuevo conflicto.

 

El 6 de diciembre de 1.875 se envió a las Reservas un ultimátum para que este fuera transmitido a todo indio que no estuviera en ellas y todavía deambulara por la zona libre de Dakota. El Gobierno Federal, a través del Comisionado para Asuntos Indios y de las Agencias Indias ordenaba el internamiento de todo piel roja en las reservas creadas a tal efecto por Washington. Cualquier grupo o tribu que fuera encontrado fuera de ellas, sería considerado como hostil, y consecuentemente llevado a ellas a la fuerza. Esta misión se encargaría de cumplirla el Ejército, a las órdenes de Phillip H. Sheridan.

 

El 18 de enero se imponía por parte del gobierno un embargo de armas en las reservas, con el fin de evitar que los pacíficos compraran armas y municiones para los hostiles. Ello, unido a la hambruna que se desarrolló en la Gran Reserva Sioux, en parte fomentada por la corrupción de la Agencia India, incitó a muchos de sus ocupantes a unirse a los grupos rebeldes de Toro Sentado y Caballo Loco, propagando la rebelión. Daban comienzo las hostilidades.

 

Comienza la campaña

 

            El Coronel Gibbon y sus hombres abandonaron Fort Ellis para meter en cintura a los indios. El General Terry y sus tropas salieron a su vez de Fuerte Lincoln, mientras que el General Crook hacía lo propio desde el Sur, procedente de Fort Fetterman. Los planes de Sheridan eran que las tres columnas siguieran rutas convergentes hacia el Rosebud, en la zona de confluencia con el Yellowstone, de modo atraparan a los campamentos en el medio de la tenaza.

 

            La columna de Gibbon incluía en sus 450 efectivos al 2º de Caballería, al 7º de infantería y una ametralladora Gatling. Por su parte, la de Terry se componía del 7º de Caballería, bajo el mando de Custer, y sendos batallones del 6º y del 17º de infantería, totalizando 925 hombres. Completaba la fuerza una batería de tres ametralladoras Gatling y el contingente de exploradores y civiles, así como los vapores Far West y Josephine, ambos utilizados como enlace, apoyo y para el cruce de ríos.

 

            Por su parte, desde el Sur, el General George Crook, un experto en las guerras indias, avanzaba con alrededor de 1.000 hombres a lo largo de los destruidos fuertes de la Línea Bozeman, abandonados después de la Guerra de Nube Roja. Además de contar en su columna con veteranas unidades como el 3º, 4º y 5º de Caballería, había aumentado su fuerza con casi un centenar de voluntarios civiles y más de 250 aliados indios de la tribu de los Shoshones. El 17 de junio, Caballo Loco y Águila Pequeña lanzaron un ataque por sorpresa con centenares de guerreros indios, mientras la Caballería había parado para hacer café, y tuvo lugar la Batalla del Rosebud, que concluyó con la retirada de las tropas de Crook hasta el Campamento del Río Goose, donde los soldados azules se sentaron a esperar refuerzos. La Columna de Crook, la más fuerte y experimentada de las tres, había sido rechazada al precio de menos de un centenar de guerreros indios muertos.

 

Avanzando hacia el enemigo

 

            Ajeno a lo que ocurría en el Sur, las tropas de Gibbon y Terry finalmente se habían reunido en el Río Yellowstone, después de que el 2º de Caballería fuera incapaz de encontrar los campamentos indios y el 7º realizara una exploración en la que encontró varios rastros. Al parecer estaban en el camino correcto.

 

            El día 21 de junio de 1.876, el General Alfred H. Terry reunió a sus oficiales a bordo del vapor Far West, con el fin de planear la aproximación a los campamentos indios y realizar un ataque coordinado. De esa reunión se concluyó que la fuerza volvería a dividirse, de modo que la infantería, más lenta, avanzara por el Norte, y Custer, con el 7º de Caballería, realizara un largo rodeo para hacer su aparición por el Sur, atrapando a los indios en medio. El Coronel Brisbin, del 2º de Caballería, destacó que sólo un regimiento como fuerza de ataque podría no ser suficiente, y sugirió que el 2º se uniera al 7º, pero Custer, que esperaba lograr toda la gloria para sí, rechazó la propuesta, como también rechazó la sugerencia de llevar las pesadas ametralladoras Gatling que le ofreció el propio Terry. Finalmente, el 22 de junio partía del campamento principal, con un tren de 175 mulas que transportaban suministros para 15 días. Al objeto de disponer de la máxima movilidad, su regimiento dejó todo lo que no fuera indispensable y pudiera obstaculizar la marcha, incluyendo sus sables.

 

            El 7º de Caballería era una unidad curtida y veterana en la lucha contra los indios. Había participado bajo el mando de Custer en la anterior campaña, en la Batalla de Washita, donde había aplastado un poblado indio, masacrando a sus habitantes. En la experiencia de Custer, como en la de la mayoría de los oficiales experimentados de caballería, el mayor obstáculo contra los indios era evitar que estos escaparan antes de que se les pudiera envolver, de modo que el regimiento debía contar con la ventaja de la sorpresa. Para lograrlo, de los 652 hombres que componían la unidad, el Alférez Varnum comandaba alrededor de 40 exploradores indios y civiles que eran los ojos  y los oídos de la columna. Estos exploradores indios pertenecían a las tribus Crow y Ariraka, y entre los exploradores civiles se encontraba el inmortalizado en el cine “California Joe”.

 

            Los curtidos exploradores de Varnum pronto encontraron varios rastros, que Custer se lanzó a seguir a marchas forzadas. El día 24 de junio, ante la noticia de un gran rastro que se adentraba hacia el valle del Little Big Horn, se ordenó una nueva marcha, esta vez nocturna, y cuando amaneció el día 25, los agotados soldados del 7º de Caballería se dispusieron a descansar y a preparar un vivac, con objeto de entablar combate al día siguiente. Sin embargo, las primeras partidas de indios hicieron su aparición, y los oficiales temieron haber perdido el factor sorpresa. Los guías arikaras informaron de una gran concentración, la mayor jamás vista. Era una oportunidad única de atrapar a más de 7.000 indios, y el general decidió aprovecharla. Los soldados azules se dividieron en varias columnas para cercar el campamento, esperando que los hostiles (nombre dado a los indios de fuera del tratado) huyeran como era su costumbre ante la aparición de una fuerza organizada de caballería. Daba comienzo la batalla de Little Big Horn.

 

Desplegándose contra el enemigo

 

            Tal como hiciera en la Batalla de Washita, Custer dividió a su fuerza en tres batallones, dos de ellos de tres compañías y uno, más fuerte, de cinco. El plan consistía en rodear el campamento y atrapar a los indios en medio, de modo que no tuvieran opción de escapar. Se enviaría a los exploradores a espantar a la inmensa manada de potros, de modo que los guerreros perdieran su movilidad.

 

            El Batallón de Reno se componía de las Compañías A, G y M (unos 175 hombres). El Comandante Reno era un relativamente recién llegado al 7º de Caballería, lo que no le convertía precisamente en fiable para sus oficiales. Experimentado jefe de Caballería durante la Guerra Civil, era esta, no obstante, su primera experiencia en batalla abierta contra los indios.

 

            El segundo batallón, el del Capitán Benteen, se componía de unos 120 hombres, con las compañías D (bajo el mando de Wier, un oficial que idolatraba a Custer), H y K. Al contrario que Reno, Benteen era un oficial experimentado en guerras contra los habitantes de las praderas, y de hecho se había mostrado cauto con la idea de dividir el regimiento. Sin embargo, Custer, seguro de que los hostiles no se enfrentarían a una fuerza de caballería organizada, no parecía preocupado por las cifras.

 

            El Batallón de Custer era con diferencia el más grande de los tres. Se componía de cinco compañías, divididas en dos alas. La primera de ellas estaba bajo el mando del Capitán Yates, uno de los favoritos del general, y se componía de las compañias E (también llamada la de los “Caballos Grises”, por el color de sus equinos) y F, y la segunda bajo el del capitán Keogh, estaba formada por las C (mandada por el hermano menor de Custer), I y L. Esta unidad era la más grande de todas, totalizando 221 hombres, y el jefe del regimiento esperaba que fuera la que rompiera la concentración de hostiles.

 

            Finalmente, el tren de mulas quedó bajo el control de la Compañía B, del Capitán Mac Dougal, que fue reforzada con efectivos del resto del regimiento para acelerar el paso de las mismas. Totalizaban los hombres del tren de suministros otros 175 efectivos.

 

El campamento indio

 

Lejos de formar una unidad organizada, los indios se agrupaban en bandas de guerra que eran inspiradas por el valor de un líder. En este caso, el líder espiritual era un hombre que respondía al nombre de Toro Sentado, miembro de varias sociedades guerreras, y que había conseguido aglutinar a su alrededor a varias tribus.

 

El brazo ejecutor de Toro Sentado estaba dirigido por personajes tan conocidos y famosos como Gall, hermano adoptivo del propio Toro Sentado o Caballo Loco, quien ya había dirigido a sus guerreros bajo en la guerra de Nube Roja, por lo que gozaba de gran reputación y habilidad. Era un auténtico líder para los indios, y sigue siendo un símbolo de su resistencia. Entre otros líderes se encontraba también el jefe arapahoe Pequeña Pólvora, que también ocasionó mas de un disgusto a la caballería de los Estados Unidos, o Águila Asesina, quien hacía honor a su nombre. Además, contaban con el veterano Lluvia en la Cara, uno de los primeros líderes que se enfrentaron a los “cuchillos largos” de los que se encontraban en el campamento, y jefe también durante la Guerra de Nube Roja.

 

Los indios se dividían en Naciones, cada una de las cuáles a su vez se componía de diversas tribus y estas, finalmente, en poblados. En el caso que nos atañe, la principal Nación era la de los Dakota o Sioux, que se componía de tribus como los Brules, Oglala, Sans Arc, Mineconju, etc. Además estaban representaciones tan emblemáticas como los Arapahoes, los Pies Negros, los Hunkpapa y la Nación Cheyenne, esta última con la tribu de los Cheyennes del Norte. Totalizaba el campamento más de 1.000 tiendas.

 

La aventura de Reno

 

De acuerdo con el plan de su comandante en jefe, el regimiento se dividió en cuatro grupos, separándose pasadas las 12:00. Mientras el batallón de Benteen realizaba un bucle por el Sur, el de Reno siguió una ruta bastante más directa y descendió de lo alto de las colinas, internándose en el valle. A su derecha, el batallón de Custer marchaba a buen paso por lo alto del risco.

 

Una partida de Cheyennes cruzó el frente de la columna de Custer, y este informó a Reno de la posición del poblado. El Comandante (o Mayor, Según la nomenclatura estadounidense) continuó su ruta, manteniendo la formación, y por fin comenzó a divisar el objetivo, al menos en parte. Ordenó prepararse para una carga, colocando dos compañías en vanguardia y otra en apoyo, y avanzó hacia los tipis.

 

Mientras tanto, en el campamento indio reinaba la confusión. La sorpresa se había logrado en parte. Sin embargo, lejos de retirarse, los guerreros de Toro Sentado se aprestaron a la defensa, mientras que los guías del 7º de Caballería eran incapaces de espantar a la totalidad de la inmensa manada de potros. Los no combatientes, ancianos, mujeres y niños, emprendieron la penosa tarea de recoger los enseres y retirarse hacia el Sur, mientras que varias partidas de guerreros Hunkpapas se dirigían al combate contra las tropas de Reno.

 

A la vista de los acontecimientos, el batallón desmontó y se ordenó llevar a los caballos a la retaguardia, custodiados cada cuatro equinos por un jinete. Se produjo un tiroteo en el que la paulatina llegada de pieles rojas comenzaba a decantar la situación a su favor contra las disciplinadas descargas de fusilería. Varios grupos de indios a caballo comenzaron a hostigar los flancos de la unidad. De pronto, y ante la sorpresiva mirada de sus hombres, el Comandante Reno ordenó montar, con el fin de retirarse. La orden pilló por sorpresa a todo el batallón, y muchos, al no usarse la corneta, ni se enteraron. La desorganización cundió en toda la unidad, y los indios se aprovecharon al instante.

 

Retirándose como pudieron, los hombres de Reno cruzaron el río con fuertes pérdidas y comenzaron a escalar el risco. Los indios les seguían de cerca, ensartándoles y disparándoles a placer. Grupos de “guerreras azules” fueron cazados como conejos, y muchos soldados salvaron la vida aquél día escondiéndose entre los árboles y reuniéndose después con sus camaradas.

 

La llegada de Benteen

 

Bastante atrás, el batallón de Benteen se había encontrado con la columna de Mac Dougal, que avanzaba perezosamente con el tren de mulas. Los disparos provenientes del valle y la llegada de un mensaje de Custer indicaban que la batalla había comenzado. El corneta Martin, un italiano que apenas chapurreaba inglés, traía una nota escrita por el Teniente Cooke, ayudante del General, en la que se ordenaba a Benteen acudir con brevedad y llevar el tren de suministros. Varios guías indios se cruzaron a la carrera en dirección contraria a la columna, señalando hacia el valle, y perdiéndose del campo de batalla, ante la mirada de los soldados azules.

 

Galopando sobre la colina, Benteen y Wier comprobaron la magnitud del desastre que se cernía sobre las tropas de Reno. Los hombres, agotados, terminaban de escalar la pendiente, perseguidos por los indios. El batallón se desplegó inmediatamente, ante la llegada de nuevos atacantes.

 

El Capitán Wier ordenó desmontar a sus hombres y formar una línea de fuego, de modo que se rechazase la persecución y el ataque de los pieles rojas. Sin embargo, estos no parecían interesados en mantener el contacto, y partieron hacia el valle. Nuevas descargas de fusilería, esta vez sobre lo alto de las colinas, indicaron que los hombres de Custer estaban combatiendo. Preocupado, Wier ordenó avanzar, sin esperar al resto del batallón, y desde lo alto de un cerro pudo contemplar una escena de caos. El resto del regimiento llegó hasta su posición y fueron testigos en la lejanía de los sucesos que acontecieron al resto del regimiento.

 

El General Custer

 

Ajeno a los acontecimientos que sucedían en el valle con el Batallón de Reno, los hombres de Custer avanzaron a buen paso a lo largo del risco. Al llegar a una posición elevada, el general pudo por fin comprobar la magnitud del campamento. Sin duda, era el más grande con el que la Caballería de los Estados Unidos se había encontrado jamás, pero Custer esperaba ponerlo en fuga y luego cazarlo, con la gloria que ello conllevaría. Ordenó a su ayudante, el Teniente Cooke, escribir un mensaje a Benteen, para que avanzara con el tren de mulas y apoyara el ataque, y se lo dio al corneta Martin, quien partió al encuentro de la retaguardia del 7º de Caballería.

 

Las primeras noticias de lo ocurrido a los hombres de Reno llegó cuando dos de los guías informaron al general de los sucesos del valle. Decidido a seguir adelante pese a todo, no se percató de que los Sioux bajo el mando de Gall estaban rodeando la posición por el Sur, lejos del alcance de los fusiles de la compañía de Yates, que abría camino y que había entablado combate con otros grupos del campamento.

 

A medida que Reno se retiraba, más y más indios comenzaron a aparecer desde el valle. El asalto frontal vino encabezado por Caballo Loco, por el Este, colocándose entre Benteen y Custer, mientras que Hombre Blanco Cojo dirigía otra partida por el Oeste. Finalmente, aparecieron los hombres de Gall por el Sur, y se completó la trampa. La desbandada comenzó cuando el flanco del 7º trató de retirarse, y los soldados azules trataron de reagruparse en una colina, en la que fueron finalmente tiroteados. El Batallón de Custer, con su general a la cabeza, fue masacrado ante la aterrada mirada de los hombres de Wier, quienes fueron incapaces de acudir en su ayuda.

 

El resto del 7º de Caballería se retiró precipitadamente a una posición más segura, desde donde se atrincheraron y esperaron un asalto masivo. Este no tardó en producirse.

 

La llegada de Terry

 

Ajeno a todo lo ocurrido en el valle del Little Big Horn, la avanzada del 2º de Caballería se encontró con varios guías del 7º, y los rumores empezaron a circular. El 27 de junio, dos días después de la batalla, entraban en el valle, y lo hacían con gran precaución. El campamento indio se había esfumado, y sólo quedaban restos. Los cadáveres del regimiento de Custer yacían por todo el valle, sin cabelleras, maltratados y saqueados. Finalmente, los hombres de Reno y Benteen, destrozados tras día y medio de lucha en su fortificada posición, se unieron a los hombres de Terry, y la columna partió al encuentro del Far West para evacuar a los heridos. La campaña había finalizado.