La Batalla del Mar del Coral

    La batalla del Mar del Coral fue la primera batalla aeronaval de la historia. Es el primer enfrentamiento en la historia de la humanidad en que los buques de ambos bandos no tuvieron oportunidad de intervenir, quedando todo en manos de los aviadores embarcados de ambas flotas. Además, supuso la primera batalla en la campaña del Pacífico que no fue una derrota aliada.

NOTA: El presente artículo fue publicado en la Revista Wargames: Soldados y Estrategia, y cuenta con la autorización personal de su autor, Raúl Matarranz del Amo, para su publicación en el presente espacio. Queda prohibida su difusión o reproducción, así como de las imágenes relacionadas con el artículo, sin la expresa autorización de la administración de la presente página.

La primera batalla aeronaval de la historia: Mar del Coral

En mayo de 1942, el Comandante en Jefe de la "Rengo Katai" o Armada Imperial Japonesa, el almirante Isoroku Yamamoto, ideó un plan para expandir los crecientes dominios del Sol Naciente en la zona de Nueva Guinea. Tal plan, que preveía la toma de Port Moresby, había sido conocido por los aliados, y desencadenó la primera batalla en la que las flotas adversarias sólo se enfrentarían mediante aviones en un lugar hasta ahora desconocido: el Mar del Coral.

    ANTEDECENTES

    La guerra iniciada en el Pacífico tuvo un comienzo espectacular. El ataque japonés de Pearl Harbour el 7 de diciembre de 1941 acabó con la capacidad operativa de la Flota Norteamericana del Pacífico. Cuando los aviones japoneses volvieron a sus portaaviones, cuatro acorazados descansaban sobre el fondo, otro quedaba embarrancado y otros tres más habían sido gravemente averiados. Más de 2000 soldados habían muerto, otros 1700 estaban heridos y 188 aviones de las defensas de las Islas Hawai estaban destruidos, mientras que los japoneses sólo habían perdido menos de 30 aparatos. Isoroku Yamamoto, el más brillante estratega naval de la historia del Japón, con el permiso del almirante Togo, había jugado su primera baza, y podía sentirse satisfecho.

    Los éxitos nipones no quedaron sólo en Pearl Harbour, y así, el 10 de diciembre de 1941, tan sólo tres días después del raid sobre las Hawai, la Flota Británica de Extremo Oriente sufría un golpe mortal, con el hundimiento de los acorazados "Prince of Wales" y "Repulse", a manos de aviones japoneses procedentes de la base de Rabaul. El 22 del mismo mes, infantes de marina desembarcaban en Filipinas, mientras que una fuerza expedicionaria se dirigía a sitiar Singapur. En febrero de 1942, en la Batalla del Mar de Java, una fuerza mixta de buques aliados, incluidos los únicos holandeses en la zona, fue hundida de nuevo por la acción de la aviación naval japonesa.

    Sin embargo, toda esta gama de espectaculares éxitos adolecía de un fallo, y era el hecho de que ningún portaaviones aliado había sido hundido en todas esas acciones. Quitando el "Saratoga", que fue averiado por un submarino japonés a primeros de año, el resto del poder aeronaval aliado estaba intacto. Yamamoto se daba perfecta cuenta de que era ese mismo poder aeronaval el que urgía destruir, pues el veterano almirante japonés era uno de los pocos que se había dado cuenta de que era el futuro de la guerra en el mar, y al hundir los acorazados aliados, había obligado a estos también a observar la nueva perspectiva.

        En marzo de 1942, los japoneses lanzaron un ataque en el Océano Índico, con la esperanza de atrapar a los portaaviones británicos y hundirlos, pero solamente el pequeño "Hermes" fue alcanzado y enviado al fondo. El almirante James Somerville, previsor y temeroso de la superioridad enemiga, se había retirado a bases más alejadas, eludiendo así la batalla.

        El 18 de abril de 1942 tuvo lugar un suceso que urgió a la Flota Combinada a actuar con decisión y que confirmó las tesis de Yamamoto. Procedentes del USS "Hornet", un grupo de bombarderos B-25 Mitchell bombardearon el Japón, incluida la propia capital, Tokio. Era una humillación inaceptable, y un duro golpe para el orgullo personal de Yamamoto, quien había temido este ataque desde el propio Pearl Harbour.

        Aunque los esfuerzos del estado mayor del almirante japonés se centraba en las islas Midway, en el Pacífico Central, se previó una operación de menor escala en el área de Australia, con el objeto de ocupar Port Moresby (Nueva Guinea) y arrastrar a los portaaviones aliados a una batalla en condiciones favorables para los japoneses, que tendría lugar en las cristalinas aguas del Mar del Coral. El Servicio de Inteligencia norteamericano, conocedor de las claves criptográficas del enemigo, informó al almirante Nimitz (CINPAC), quien envió a sus propias fuerzas a enfrentarse al Sol Naciente.

    PRIMEROS ENFRENTAMIENTOS

    Las operaciones japonesas se iniciaron con el desembarco en Tulagi, cuya guarnición australiana había sido evacuada previamente. Aviones de reconocimiento aliados confirmaron la posición de los transportes nipones y de la cabeza de playa en la pequeña isla, y Fletcher decidió lanzar el primer desafío. Con el alba del 4 de mayo, 12 Devastator armados con torpedos y 28 Dauntless equipados con bombas despegaban del "Yorktown" rumbo a Tulagi.

    Los aviones del "Yorktown" se elevaron hasta unos 2000 metros de altura, y tomaron la ruta de Guadalcanal, para sorprender a los japoneses desde las cumbres de la isla. Estos, seguros de su fuerza, no contaban con un ataque aliado, y no estaban preparados para rechazarlo. La artillería antiaérea comenzó a crear una cortina de fuego, mientras se oían silbar las bombas y los bombarderos en picado americanos se zambullían hacia sus objetivos. Sin embargo, la inexperiencia de los pilotos hizo que solo alcanzaran un destructor y hundieran cuatro barcazas.

    La fuerza del "Yorktown" volvió a casa con sólo tres aparatos menos, exultante, convencidos sus pilotos de que habían realizado una gran operación y que habían hundido o dañado por lo menos 14 buques enemigos. La moral a bordo se elevó como la espuma entre la tripulación, pero no así entre los mandos, quienes temieron que el entusiasmo y la falta de experiencia de los aviadores les hubiera hecho ver impactos cercanos a los buques convertidos en blancos directos. Pronto la verdad cobraría forma, y el reconocimiento aéreo comprobaría el error.

    PUNTO DE REUNIÓN. COMIENZA LA BATALLA

    El 6 de mayo de 1942 las dos fuerzas operativas norteamericanas, con el "Yorktown" de Fletcher y el "Lexington" de Fitch, se reunieron, y este último asumió el mando de las operaciones. Aparatos de reconocimiento partieron al amanecer del día siguiente, en un esfuerzo por localizar a la flota enemiga, y pronto los buques japoneses fueron los primeros en informar de buques a 160 millas de la posición de Takagi. Una marabunta de aparatos nipones despegó en tromba hacia lo que se pensó que era una fuerza operativa enemiga, pero que resultó ser el petrolero "Neosho" y su escolta, el destructor "Sims". Decepcionados pero sedientos de blancos, los aviadores hundieron ambos buques, para recibir en ese momento la verdadera localización de la flota americana. Sin bombas ni torpedos, hubieron de volver a base a reabastecerse.

        El descubrimiento de un convoy japonés hizo que Fitch ordenara a los cruceros australianos del almirante Grace, junto con tres destructores, dirigirse a la posición, pero los buques fueron atacados por otro escuadrón de aviones nipones, y aunque no hubo daños en los buques, Grace decidió variar el rumbo y alejarse. Entretanto, los aviones de Fletcher también eran guiados erróneamente hacia una supuesta flota enemiga, que resultó ser una agrupación de un par de cruceros y sus escoltas. Más prudentes que sus homólogos japoneses, los 93 aviones aliados no atacaron y variaron rumbo al recibir la confirmación del portaaviones ligero "Shoho", que escoltaba las fuerzas de desembarco de Port Moresby. El pequeño portaaviones nipón no pudo reaccionar a tiempo, y fue alcanzado por 13 bombas y 7 torpedos, hundiéndose poco después. Era la primera baja importante lograda por los americanos desde que empezó la guerra.

        UN VUELO DE PESADILLA

        Los aviones de Takahashi volvieron a sus portaaviones tras su frustrada misión e inmediatamente se procedió a reequiparlos y a llenar sus tanques de combustible. Mirando a través de las ventanas del puente, el almirante Takagi podía ver cómo el tiempo empeoraba por momentos, comenzando a llover. Había llegado el momento de la duda, pero finalmente, la veteranía de los pilotos de Takahashi y del propio jefe de la escuadrilla se impuso, y a las 16:30 despegaban de los portaaviones nipones 12 bombarderos "Val" y 15 torpederos "Kate", con la intención de atacar a los buques norteamericanos con el crepúsculo. El almirante japonés sabía que los pilotos tendrían que enfrentarse, además de a las defensas antiaéreas y cazas norteamericanos, a la climatología y a tener que aterrizar de noche en sus propios barcos. A ello se sumaba el cansancio del vuelo que apenas habían terminado hacía escasas horas. Sin embargo, Takagi decidió confiar en la experiencia y la pericia de sus curtidos pilotos, y les sometió al nuevo esfuerzo.

        La escuadrilla de Takahashi pronto empezó a sufrir las inclemencias del tiempo, puesto que los aguaceros se tornaron en fuertes lluvias, y las nubes oscurecieron antes de lo previsto. Todos los esfuerzos por intentar orientarse y localizar a la flota enemiga fueron infructuosos, y finalmente, tras varias horas de agotador vuelo, el comandante japonés ordenó lanzar las bombas al mar y volver a casa. Una falsa ilusión, ya que en el retorno se encontraron con que estaban sobre la posición del "Lexington", cuyo radar ya les había detectado. Tan pronto como aparecieron en la pantalla, Fitch ordenó a los Wildcats que despegaran y se enfrentaran a los aparatos enemigos. Era demasiado para los agotados japoneses, que poco pudieron hacer sin escolta y presos del cansancio y la desorientación, perdiendo nueve aviones hasta que los cazas de Fitch fueron llamados a cubierta antes de que anocheciera completamente.

        Las peripecias del trágico vuelo de Takahashi no terminaron en el episodio sobre el "Lexington", y tuvieron que ser testigos de una nueva crueldad del irónico destino. Una hora después de salir del infierno, un piloto localizó un portaaviones que le pareció ser el "Zuikaku", y encendiendo las luces de posición se preparó para aterrizar, mientras el resto de pilotos que le seguían suspiraban aliviados al volver por fin a casa. A nadie le preocupó que sus portaaviones estuvieran a sólo una hora del "Lexington", salvo a algún piloto al que el agotamiento no había vencido. El primero de los aviones enfiló la cubierta y de pronto se sobresaltó por el terror, al comprobar que el lugar al que se dirigía a aterrizar no era el "Zuikaku", sino el "Yorktown". Por su parte, a bordo del portaaviones americano se esperaban aviones propios, por lo que la artillería antiaérea no abrió fuego. Bruscamente, el piloto japonés giró los mandos, de nuevo seguido por el resto de sus camaradas, y fue entonces cuando los hombres del "Yorktown" se dieron cuenta de lo que sucedía y comenzaron a disparar. Ya era tarde, los asustados pilotos habían escapado, y la oscuridad obstaculizó la persecución de los cazas americanos.

        Aunque escaparon de milagro del "Yorktown", al vuelo de Takahashi todavía le restaban horas de pesadillas en las que trataron de localizar sus propios barcos. Al final, de los 27 aviones que despegaron aquél día, sólo regresaron seis, uno de ellos el desgraciado comandante de la escuadrilla, que no pudo conciliar el sueño por la pérdida de sus hombres.

        DUELO AL ALBA

        La noche fue larga, y también largas fueron las deliberaciones. Takagi sopesó las ventajas y desventajas de un enfrentamiento tradicional, un duelo artillero, ignorante de que la misma idea se había pasado por la mente tanto de Fletcher como de Fitch. Sin embargo, al final se impuso el criterio que propugnaba por un ataque a distancia, con los aviones embarcados. Se decidía así la primera batalla aeronaval de la historia.

     Al despuntar el día, ambos bandos enviaron aviones de reconocimiento para confirmar la posición de la flota enemiga, distanto ambas posiciones 235 millas. Pasadas las 09:00 horas, ambas fuerzas lanzaban sus escuadrillas rumbo al enemigo bajo una lluvia pertinaz.

         Fueron los japoneses, conducidos de nuevo por el apesumbrado Takahashi, los primeros en encontrar la flota enemiga. A unas 20 millas de distancia, los 70 aviones enlazaron con el aparato de reconocimiento nipón que sobrevolaba la flota aliada, agotándose el combustible. Al parecer, el piloto, Kenzo Kanno, no pensaba volver. Sería el compañero perfecto para los remordimientos de Takahashi. Aunque la flota de Fitch fue sorprendida sin protección de cazas, la artillería antiaérea abrió fuego rápidamente contra los japoneses, creando una enorme barrera de explosiones y metralla en la que los aviones enemigos tendrían que arriesgarse para poder soltar sus bombas y torpedos. Kanno y Takahashi, sumidos en el fervor patriótico de uno y en los remordimientos del otro, se lanzaron con la intención de estrellarse contra la cubierta de los portaaviones norteamericanos, pero fueron destruidos por los cañones de 5 pulgadas de los cruceros de escolta, convirtiéndose ambos aviones en añicos. Detrás, el resto del escuadrón, espoleados por su sacrificio, les seguía.

        Mucho más maniobrable que el "Lexington", la nave de Fletcher maniobró haciendo giros de 900 metros, el mínimo que le permitía el timón, y pudo esquivar gran parte de los impactos, recibiendo sólo una bomba de 350 kilos en cubierta. Lejos de ser tan ágil como el "Yorktown", el "Lexington" trató de imitar a su compañero, pero su capacidad de giro era de 1.800 metros, y no pudo evitar el impacto de varios torpedos y dos bombas, escorándose el buque de 36.000 toneladas. Hubo de ser abandonado al atardecer.

       VENGANZA AZUL

       Mientras la base desde la que habían partido era atacada por su contrapartida nipona, los aviones norteamericanos pronto tendrían su propia oportunidad. Tras seguir un rumbo directo a lo largo de las 200 millas que separaban ambas flotas, 48 de los 70 aparatos del "Lexington" y del "Yorktown" localizaban a su objetivo e iniciaban el ataque. A las 10:30 horas, los Dauntless picaban desde lo alto, lanzándose contra el "Shokaku" y el "Zuikaku". Fue este último el que consiguió eludir el ataque, cuando su comandante logró maniobrar a tiempo y colocó su buque en una zona de chubascos que le protegió de los torpederos americanos. Siguiendo el rumbo de los Dauntless, que se lanzaban sobre el objetivo abriendo sus flaps para frenar su caída y soltar sus bombas, los Devastator, torpederos embarcados, se colocaron a ras del mar. La espuma y las olas salpicaban contra las hélices, astillándolas, mientras los pilotos americanos alcanzaban la distancia de dejar caer sus torpedos, que provocaban estelas blancas en el agua camino de su objetivo. Sin embargo, las rápidas maniobras del "Shokaku" eludieron el ataque, esquivando con rapidez los torpedos enemigos. Pero sólo era la mitad del ataque. Caídos desde el cielo, los Dauntless frenaron su brutal y feroz caída, y el portaaviones japonés fue alcanzado con tres impactos de 550 kilos, abriendo tremendas brechas en la cubierta de vuelo. Tendría que ser el "Zuikaku", pues, el que tratara de recuperar cuantos más aviones mejor, pero muchos de los aparatos japoneses tendrían que lanzarse al mar y ser recogidos posteriormente por los destructores.

        Eran las 17:00 horas del 8 de mayo cuando la flota japonesa recibió la orden de retirarse. El almirante Inouye, al mando de la operación, fue el encargado de la decisión, siendo seriamente reprendido por su superior, Isoroku Yamamoto, quien había organizado la batalla en parte para hundir a los portaaviones enemigos. Sin embargo, para cuando Inouye quiso enmendar su acción, la flota del almirante Fletcher estaba ya camino de Pearl Harbour. La batalla del Mar del Coral, el primer enfrentamiento aeronaval de la historia, había finalizado. En el lado japonés había costado un portaaviones ligero, un destructor y varios buques menores hundidos. Otro portaaviones estaba averiado y se habían perdido 77 aviones y 1074 muertos. Por su parte, los norteamericanos perdieron un portaaviones pesado, un destructor, un petrolero y 76 aviones. El "Yorktown" quedó averiado, pero llegó a Pearl Harbour a tiempo de participar en Midway, cosa que no pudieron hacer los 543 muertos que cayeron en el Mar del Coral.